Entradas

Adiós al romanticismo

Gran parte de todas las frustraciones que en la actualidad nos genera la cuestión sentimental vienen del amor romántico, de ese romanticismo que impuso la idea de que uno puede conocer a alguien y, desde el minuto uno, haber encontrado en esa persona la persona a la que entregar su corazón incondicionalmente y para siempre. Quedan, en este sentido, historias como los clásicos “Romeo y Julieta” o revisiones muy libres como las de “Cleopatra y Marco Antonio”, amantes cuya relación era bastante distinta (mucho más carnal y con más intereses de por medio) a lo que más tarde se vendió.

Luego, para rematar la faena, vino Disney y el “príncipe azul” y ya terminamos de cagarla porque, desde entonces, pocas son, sobre todo las chicas, que no han soñado alguna vez con alguien que venga a “salvarles” de quedarse solteras (estado que, por parte, por ejemplo, de las coplas, se ha asociado con frecuencia a fracaso vital). Y ya, por si no hubiera bastante, viene la religión y nos cuenta que, una vez que estableces un compromiso, ahí no hay manera de echarse atrás…

tS3ms6HM52hLLU3eRdjVPSgSS4w

En fin, que la pelotita está bastante liada y nos lo han puesto bastante complicado para ser felices, partiendo todo de la necesidad de hacer un trabajo mental duro de desintoxicación de todas esas ideas tan contaminantes y tóxicas. Así que, lo primero de todo sería entender que SOLO se está bien y que, cuando tu vida es plena, NO NECESITAS A NADIE. A partir de ahí ya podemos construir lo que sea pero ésa, no lo olvidéis, debe ser la base.

No nos tienen que rescatar de nada, no somos menos afortunados sin alguien al lado (es más, fijaros cuánta gente hay con pareja y desgraciada), no hay que vivir con la idea de novio/a como único objetivo… NO, NO, NO. El amor romántico es una trampa en la que es casi imposible no caer. De hecho tengo amigos/as que, aunque este mensaje parezcan tenerlo claro, en el fondo siguen esperando que se produzca ese “milagro” de encontrar a esa media naranja con la que envejecer y hacer el camino juntos.

amor-romantico

Pararos a pensarlo con calma porque esa forma de pensar, hoy día, no tiene sentido. Es incompatible con la realidad que nos rodea, con el ritmo vertiginoso en el que vivimos. Decid adiós al romanticismo y dar la bienvenida a otra cosa, que no sé lo que es, pero que desde luego no es eso.

La importancia del “ahora” en el amor

No importa el tiempo que dure una experiencia. Lo que importa es la experiencia en sí. Eso es lo que ayer pensaba después de ir al cine con mi amiga Inma a ver “Llámame por tu nombre”, una interesante película de sentimientos de la que se pueden sacar algunas conclusiones aunque, sobre todo, ésa con la que parto en mi post de hoy.

Muchos viven obsesionados con encontrar al hombre o la mujer “de su vida” y, en ese complicadísimo objetivo, pierden en el camino la oportunidad de disfrutar de sensaciones maravillosas que, si supiéramos valorarlas en su justa medida, nos harían sentir realmente dichosos. Por eso me da tanta rabia cuando en muchos programas de televisión, al hablar de una relación sentimental que se acaba, dicen aquello tan estúpido de “no le ha ido bien en el amor”. ¿Por qué? ¿Por qué eso se ha roto? ¿Y qué pasa con todo lo que hemos disfrutado? ¿Qué sucede con la valoración de haber experimentado, aunque sea fugazmente, lo que es la difícil conexión emocional con alguien?

15169854548080

En el fondo somos unos desagradecidos. Porque la vida nos da regalos que no sabemos apreciar. Porque tenemos la oportunidad de gozar instantes, cuerpo, sonrisas, olores, tactos únicos que desperdiciamos en aras de esa inexplicable ambición del ser humano de siempre querer más. Y más. Y más. Y más. Por eso nos va como nos va.

“Llámame por tu nombre” es la historia de dos personas que no tienen nada que ver. Ni en edad. Ni en carácter. Ni en circunstancias vitales. Ni en nada de nada. O sí. Tienen un vínculo que las une y que les hace tener la GRAN SUERTE de poder echar en su mochila la inconmensurable experiencia del AMOR, así con mayúsculas. Luego ya el destino hablará. Y será lo que tenga que ser. Pero proyectar un futuro perdiendo de vista el presente, el “ahora” que nos ocupa, es tan absurdo como condicionar nuestra existencia a que, tal vez, algún día nos toque el “Gordo” de Navidad.

Yo he tenido la inmensa dicha de haber querido y haberme sentido querido. He sido de esos a los que les ha tocado la lotería sin esperarlo. Sin importar que luego todo haya acabado. Pero lo tuve en mis manos. He sabido lo que es ser FELIZ. Reír, bailar, llenar mi pecho de cosas tan hermosas como ser llamado por el nombre del de enfrente. Y con eso me sobra y me basta porque, pase lo que pase, nadie podrá arrebatarme haber sido tan afortunado. Valóralo tú. Lo mismo te sorprendes de lo afortunado que también puedes ser (o has sido).

maxresdefault

El amor no se busca. Te encuentra

Tengo muchas amigas y amigos deseando tener pareja. Salen los fines de semana desesperados con la idea de conocer a alguien y “cazar” un novio (o una novia), buscan por redes sociales y aplicaciones, planean su agenda en función de donde piensen que hay posibilidades de futuribles amores… En fin, que, aunque luego lo nieguen -que a veces lo hacen-, en el fondo ése es su primer y más importante objetivo en la vida.

Lo que posiblemente desconozca la mayoría es que el amor NO SE BUSCA. Y cuando digo que NO, ES QUE NO. Y no por capricho mío sino porque la cuestión emocional no depende de que nosotros queramos sino porque en ella se tienen que dar una serie de circunstancias que no se pueden provocar. Otra cosa es que uno esté receptivo/a a entablar contactos con personas y que, entre alguna de ellas, pueda estar ése/a que nos llene para dar un paso más allá pero por mucho empeño que tengamos, el amor no aparece cuando nosotros queremos sino cuando él lo desea.

En internet, por ejemplo, el sexo suele ser más el objetivo de quienes usan este vehículo para acercarse a otras personas (aunque en sus perfiles pongan otra cosa, lo sexual prima en la mayoría de las citas). Aparte, la artificialidad del medio no ayuda nada, siendo escenario continuo de chascos entre lo que pensábamos (o deseábamos) y la realidad que hayamos.

consejos-para-encontrar-el-amor-por-internet

Por otro lado, salir con la única intención de enamorarte es lo mismo que comprar un billete con la intención de que te toque el gordo cada vez que intentas lo de la lotería. Con el añadido de que aquí no solo cabe la posibilidad de frustrarte tú sino de que los de tu entorno también sufran lo que, al final, se termina convirtiendo en una ansiedad más. Ayer, por comentaros una situación concreta, la amiga de una amiga apareció por donde estábamos como una posesa deseando solo de tomar copas y, lo fundamental para ella, acercarse al primero que se ponga a tiro para lograr el propósito que nos ocupa. Solo y exclusivamente eso. Quienes estuvieran a su lado, el sitio, la bebida en sí… TODO estaba en un segundo plano y al servicio de su estrategia que, como suele pasarle, acabó en fracaso. Además, a medida que la desesperanza aumenta, el nivel de exigencia, disminuye, terminándonos conformando con quien menos nos hubiéramos imaginado con tal de llegar a nuestra cada vez más inalcanzable meta (ni os imagináis los pintas con los que acaba enganchándose la amiga de mi amiga).

Esto, para ir terminando, deberíamos verlo como cuando hemos perdido algo en casa y, mientras más vamos detrás de ello, menos aparece. Hasta que llega un día en el que, sin saber por qué ni cómo, abrimos un cajón para coger lo que sea y, de pronto, ¡sorpresa! ¡Eso que en su momento no había manera de dar con ello, ahí está, como un regalo del destino, aguardando a ser descubierto! Si el amor lo entendiéramos bajo los mismos parámetros, todo sería mucho más sencillo y más apaciguador para nuestro espíritu. Os lo digo yo.

corazones_1