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Los mejores ejercicios QUEMAGRASAS

Bueno, bueno, bueno… Pues ya ha pasado lo gordo de las fiestas y, en general, supongo que todos estaréis un poco más rellenos. Es lo normal. Las comilonas, y el alcohol, hacen estragos y cada Navidad, por mucho que lo intentemos, pasa lo mismo (tengo que confesaros que yo más bien adelgazo un poco pero bueno, no voy a presumir de nada).

Ahora toca lo que toca, es decir, apretar con el tema de la comida y hacer ejercicios adecuados para que fomentemos la pérdida de grasa. Ya sabemos que, en este sentido, los ejercicios de cardio son los mejores aliados, esto es, moverse. Rápido y sudando la camiseta.

Para ello tenemos, como opción más general, correr. A lo que ahora se le llama “running”, vaya. Bien en la calle, o en la cinta, correr de media hora a 45 minutos cuatro veces por semana nos hará (insisto, todo esto acompañado de una alimentación saludable) empezar a recuperar la línea. Yo, creo que os lo he comentado alguna vez, no puedo correr porque no respiro bien y me canso, por la asfixia, enseguida. Pero hay más posibilidades. La elíptica, patinar, la bici… o hasta subir escaleras. Eso sí, con ritmo in crescendo para, ya en la recta final, hacer un sprint con el que lo demos todo.

Luego hay también ejercicios sencillos pero que agotan tanto como saltar el cajón. Sí, saltar con los dos pies, impulsándonos hasta tocar con las plantas la madera superior y volviendo a bajar de un salto en cuatro series con doce repeticiones. Y también tenemos la comba, que es maravillosa y cuyos efectos son casi inmediatos. Prueba a saltarla durante tres minutos, sube a cinco cuando puedas e intenta llegar a diez. Es muy completa y no solo se pierde peso malo sino que se endurece la masa muscular.

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También tenéis las pesas rusas o “kettlebles” (os hablé de ellas en un post) que inciden en especial en la zona abdominal y que, en cuatro series de un minuto durante el que vayamos, poco a poco, subiendo el peso de la pesa, dan unos resultados espectaculares.

Ya veis que por opciones no es. Incluso, dentro de esta oferta que os hago, podéis combinar y hacer 40 minutos de cinta, siete de comba y las pesas rusas. Cortáis un poquito el grifo de los caprichos culinarios y… ¡milagro! ¡Antes de verano estaréis perita! ¡Os lo aseguro!

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Los (muchos) peligros de los “quemagrasas”

En los años que hace que llevo yendo al gimnasio he escuchado sobre todo tipo de productos milagrosos que ayudan a quemar las grasas “sin esfuerzo”. Vaya, que tomándote alguna de esas pastillas la grasa desaparece, según anuncian en ocasiones, sentado y hasta comiendo lo que te dé la gana… ¡FALSO!

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Ni la L-carnitina, ni el glucagón, taurina, lecitina, óxido nítrico, creatinina… Ninguno de esos “fat burners” sirven absolutamente de nada si, para empezar, no nos movemos. Pero es que, en realidad, aunque nos movamos, sus efectos (en especial, sobre la salud), son bastante discutibles. Tened en cuenta que algunos de estos productos mezclan diuréticos, anfetaminas, laxantes, cola de caballo… o la hormona tiroidea que, solo esta sustancia, disminuye el calcio óseo y ACELERA LA OSTEOPOROSIS. Por si fuera poco, son muchas las advertencias añadidas pues pueden producir depresiones, psicosis, cuadros de ansiedad, hipertensión, arritmias, fibrosis renal…

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Así que… ¿de veras merecen la pena? Aparte que, para fundir la grasa corporal -lo digo en lenguaje básico, para que nos entendamos-, sería necesario subir la temperatura del cuerpo varios cientos de grados (más que si estuviéramos metidos en un horno) por lo que, “fundir la grasa en pocos minutos”, según algunos prometen, sería directamente convertirnos en una pira humana.

Pero claro… Es que todo este mercado mueve millones de euros con lo que es un gigante al que cualquiera se enfrenta… Al final, por mucho que digan, como lo natural no hay nada y, si bien es cierto que el “efecto placebo” es muy poderoso (lo que la mente crea, aunque no haya nada real en ello), si acudimos a referencias médicas y científicas, la mayoría coinciden en que esto de los “quemagrasas” es… UN TIMO.

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¿Qué podemos hacer?… Lo de siempre: una buena dieta, lo primero, y ejercicio, lo segundo. Cardio, cardio y más cardio para movilizar las grasas. ¡Y beber agua! Ya sabéis: dos litros de agua, aproximadamente. Y algo más… ¡No consumáis nada que no esté comprobado y aceptado desde la disciplina farmaceútica! ¡La salud es lo primero!

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La comba: fácil, beneficiosa y completa

Llevo saltando la comba hace un año por lo menos. Estuve una temporada y lo tuve que dejar porque se me abrió la planta del pie y la verdad es que me dolía bastante con lo que opté por esperar hasta que, con la ayuda de mi osteópata, fui poco a poco solucionando esa lesión. Sin embargo tenía en mente recuperarla porque desde que la incorporé a mi rutina deportiva lo noté muchísimo. De hecho, los resultados físicos con la comba son mucho más rápidos que con otras prácticas con lo que, a nivel aeróbico, es bastante recomendable.

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Sea como sea hoy me gustaría profundizar un poquito en el que para algunos es uno de los ejercicios más completos nunca inventados. Gracias a ella trabajamos muchos músculos a la vez y realizamos una alta quema de calorías tan grande que, incluso horas después de dejarla, nuestro organismo continúa quitando los excesos de “chicha” que nos sobran. Además es una técnica que precisa resistencia y aguanta, con lo que necesitamos ser fuertes mentalmente. Nos pone el corazón a tope, es fácil de transportar, ligera, barata y nos resulta muy familiar porque todos de pequeños hemos hecho éste que es un movimiento muy básico y que precisa de mucha exigencia a nivel coordinativo, ayudándonos a recuperar ciertos patrones de ritmo que se pierden con el paso de los años.

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Claro que, como todo, la comba tiene algunos pequeños inconvenientes como el suponer, igual que el “footing”, un fuerte impacto para nuestras articulaciones pues cada vez que damos un salto topamos con el suelo lo que, a largo plazo, puede hacer daño en rodillas o caderas (en este sentido usar unas zapatillas con una buena amortiguación que nos proteja). De igual forma, saltando la comba no hipertrofiaremos muscularmente, esto es, no desarrollaremos los músculos, que precisan de un entrenamiento anaeróbico puro y duro.

Las sesiones deben ser muy breves y lo recomendable sería realizar tres o cuatro días a las semana de cinco a diez series con un máximo de un minuto de duración y descansando 30 segundos entre cada una de ellas para retomar el aire. Es un estímulo con el que, repito, veréis avances espectaculares en breve pero que, si incide en la aparición de cualquier dolor, hemos de dejar INMEDIATAMENTE. No forcéis la maquinaria porque eso tarde o temprano termina por pasar factura y aquí se trata de disfrutar dentro de un sufrimiento moderado.

L-Carnitina… ¿”Quemagrasas” o “efecto Placebo”?

Como sabéis, a la hora de entrenar –y más allá de los batidos de proteínas-, hay un montón de suplementos que los entrenadores recomiendan y que, si se puede, no está mal que tengamos en cuenta. El otro día, por ejemplo, os hablaba del colágeno pero la verdad es que el listado es interminable (en mi libro, “¡Hombres sin complejos!”, tenéis una parte de un capítulo dedicada solo y exclusivamente a diferentes opciones que van desde la creatina a vitaminas pasando por otros productos como el tribulum o la glutamina).

Hoy quiero centrarme un ratito en la L-Carnitina, molécula a partir de la que nuestro cuerpo puede quemar grasas y generar energía, transportando los ácidos grasos que llegan desde los tejidos adiposos hasta la mitocondria celular. Útil en nuestra rutina deportiva, aumenta la capacidad de recuperación, disminuye la destrucción de masa muscular con dietas incorrectas y con determinados ejercicios de musculación y acelera el metabolismo aeróbico de los hidratos de carbono pero, y esto es muy importante, para que haga los efectos de los que os hablo (y tampoco, como ahora os aclararé es seguro) es IMPRESCINDIBLE la actividad física pues sin ella NO SIRVE PARA NADA.

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Por tanto, debemos tomar L-Carnitina como complemento a un ejercicio aeróbico de intensidad moderada y con el que estemos al menos 40 minutos (no penséis en caminar porque el gasto calórico de dar un paseo no es suficiente para que el metabolismo movilice los lípidos almacenados). ¿Dosis? Se recomienda entre 1000 y 2000 mg (1500 mg es perfecto) puesto que, aunque tomemos más, eso NO GARANTIZA mayor efectividad. ¿Cuándo se toma? Media hora antes de lo que tengamos pensado hacer. Es más, según algunos estudios, el efecto de la L-Carnitina es solo placebo, con lo que la estimulación sería más bien cerebral al pensar que está sirviendo para más de lo que en realidad sirve.

¿Más? Cuidado con las sustancias que combinan la L-Carnitina con plantas estimulantes y/o cafeína porque, mientras que la primera no estimula el Sistema Nervioso Central, los segundos sí que pueden generar taquicardias, excitación y nerviosismo. ¡Ah! Y los efectos se supone que se empiezan a ver a los seis meses de tomarla A DIARIO con lo que, como podéis imaginar, no se trata de una inversión nada barata.

Yo la estuve tomando y la dejé porque, sinceramente, no me quedaba clara su utilidad. Ya en esto cada uno, como es normal, puede hacer lo que quiera pero, y es solo una reflexión final, ¿para qué gastarnos un pastizal en algo que, con una buena dieta, tenemos garantizado?

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El mito de los “quemagrasas”

¡Hola! He vuelto a despistarme un poquito del blog… ¡Perdón! El libro que publicaré a finales de abril-principios de mayo me ha tenido muy ocupado pero… aquí estoy de nuevo muy interesado en hablaros de los famosos “quemagrasas” (en inglés, “fat burners”) que tan de moda se han puesto de un tiempo a esta parte. Y es que el otro día fui a la farmacia y me ofrecieron dos botes de unas pastillas que, supuestamente, acaban con la grasa corporal y, como estoy en un momento de mayor definición, casi que caigo en la trampa…
Porque realmente lo de los “quemagrasas” es un timo de tomo y lomo. O si no, ¿por qué hay famosos para los que la imagen es importante que tienen kilos de más? Como sabéis he sido gordito en alguna etapa de mi vida y, claro, ¿qué quiere un gordito? Perder peso sin esfuerzo, que es lo que estos productos nos prometen. Lo que pasa es que, sin esfuerzo –aunque sea duro aceptarlo-, no se consigue nada. Como máximo podemos tener un golpe de suerte pero, si no sabemos aprovecharlo y sacarle rendimiento –lo que también requiere esfuerzo-, se quedará ahí.
Así que, tanto las pastillas como las cremas que arrastran las grasas, es casi dinero tirado. Sí hay productos como la L-Carnitina o el Piconilato de Cromo que pueden elevar la temperatura corporal y ayudarnos a movilizarlas pero, eso imprescindible, si los acompañamos de una buena alimentación y… ¡ejercicio! No hay otra. Y en cuanto a las cremas, pensad que es probable que os hagan sentir un poco de calor o frío pero que para derretir la grasa tendrían que aumentar la temperatura del cuerpo varios grados con lo que… ¡nos fundirían como en una hoguera! Claro que, como todo se publicita tan bien –y hay tantos millones de euros que circulan alrededor de este mercado de ilusiones-, nadie nos lo dice claro (o no lo queremos escuchar).
Por supuesto que existen alimentos (en otro post os hablaré de ellos) que contribuyen a eliminar grasas pero lo demás son “cuentos de pan y pimiento que nunca se acaban”. ¿Quieres que te lo cuente otra vez? ¡Disciplina y mano dura! ¡Eso sí que no falla!

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