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Lo de dentro sale fuera

¿Cuántas veces habéis escuchado aquello de “la belleza está en el interior”? Es el hilo conductor de “La bella y la bestia” pero, más allá, está en muchísimas canciones, en muchísimos cuentos y, cómo no, en muchísimas otras películas que lanzan ese mensaje tan importante (y tan descuidado también).

En realidad yo creo que, por mucho que se nos diga, siempre es poco porque me da la sensación de que no es algo que se nos meta del todo en la cabeza. Nos empeñamos en cuidar nuestro cuerpo, en vigilar la alimentación, hacernos tratamientos de belleza o comprarnos lo último en ropa en detrimento del crecimiento interior que pasa, para empezar, por saber que casi todo es prescindible, pasajero e innecesario. Partiendo de esa forma de pensar, todo lo que suma y venga después nos parecerá un auténtico regalo y estaremos agradecidos sentimiento que, desde fuera, es de lo primero que se nota en una persona.

The autumn flower of sun flare.

The autumn flower of sun flare.

Porque el agradecimiento es uno de los gestos más positivos que más se reflejan externamente. Y si no, fijaros en quien hace así y veréis que el gesto de su cara es más suave, menos agresivo, más relajado, mucho más sonrientes… En dos palabras, más feliz. Y solo eso ya nos hace transmitir unas energías positivas que, con independencia de si somos mejores o peores físicamente, atrae.

Si a eso le sumamos capacidad de perdonar, empatía con el que tienes enfrente, las menos incoherencias en pensamiento, obras y comportamiento y mucho, mucho sentido del humor, la combinación es imbatible. Son las mejores claves que hay para estar guapos/as. ¿O no os ha pasado de encontraros a alguien que un físico de 10 pero que no gusta? ¿O de alguien que está lejillos de los cánones de belleza -por escribirlo de forma “light”-, y que, sin embargo, os parece atractivo/a?

Esa serenidad que da estar a gusto, no ir por encima de nada pero tampoco por debajo, abrazar lo que aporta y de veras merece la pena, actúa como un foco interior que provoca una luz ante la que pocos pueden resistirse. Por eso no racanees en inversiones de alma porque, si ella es bonita, lo demás estará en armonía. Aunque llegado a ese punto de grandeza el resto siempre ocupará un segundo plano.

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Los colores hablan de nosotros

Tengo una amiga que siempre vestía (ahora ha abierto un poco la paleta de colores) de negro. Y otra de mis amigas suele optar en su armario por un 90 por ciento de prendas grises. Curiosamente, las dos son dos mujeres con muchos conflictos y a las que, según ellas, les cuesta bastante ser felices. Sin embargo, cuando en alguna de las pocas ocasiones en las que lo hacen, apuestan por algo más alegre y vital, parece que la cara se les ilumina, pasando de transmitir pesadumbre y tristeza a aparentar al menos jovialidad.

Hay estudios que afirman que los colores influyen en nuestros estados de ánimo y, a la vez, hablan de ellos. Y yo mismo lo he podido comprobar puesto que ha habido etapas de mi vida -curiosamente en las que me veo peor- en las que mi paleta de tonalidades en la ropa era tan aburrida como yo me sentía entonces. Sea como sea, en líneas generales siempre me han llamado los pasteles (azules, rosas) y, lo que más, el blanco porque, en líneas generales, suelo encontrarme bien y eso mismo es lo que me gusta transmitir. Incluso os diría que, en los últimos tiempos, los flúor han ocupado bastante espacio en mis armarios con lo que, imaginad cómo bulle mi interior…

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Por eso cuando alguien me dice que tiene un día de bajón, si puedo, le recomiendo que intente elegir ropa que colabore en aportarnos esa chispa que, tal vez, en ese instante nos falte. Y os doy unas pequeñas indicaciones al respecto:

-El rojo, naranja y el amarillo incitan a la actividad y dan ánimo, “encienden” energías.

-El verde, el azul y el violeta dan tranquilidad y paz para la mente. Son la Naturaleza, el cielo, la elegancia y constituyen una perfecta elección en entrevistas laborales.

-El blanco y el beige simbolizan la pureza.

-El rosa y el fucsia están asociados a la infancia (y en algún caso a la inmadurez).

-El negro y el gris son los colores del pesimismo y, a la vez, están unidos a la elegancia y a la seriedad.

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¿Que los colores no hacen milagros? ¡No! No los hacen. ¿Que pueden ayudarnos a mejorar emocionalmente? ¡Sin duda! Lo importante es tener la mente abierta a este tipo de cuestiones y aprovechar todos los recursos que tengamos a nuestro alcance para estar lo mejor posible.

Acordaros de la duquesa de Alba, pensad en Ágatha Ruiz de la Prada… ¡Color! ¡Pasión! ¡Ganas de vivir! ¡Ganas de estar como nunca!

El que fui, el que soy…

Hace un año justo, el 3 de agosto de 2016, comencé esta aventura de mi blog, www.estoycomonunca.com. Una ventana a través de la que quería contar mi experiencia al llegar a los 40 y cómo había evolucionado hasta llegar a la mejor versión de mí mismo. La verdad es que, sin saber muy bien lo que me iba a encontrar, empecé a compartir diferentes post en relación al deporte, la alimentación, la belleza, la cultura y al tan importante mundo interior que es lo que, al final, hace que lo de fuera sea más o menos atractivo.

Hace un año también toqué fondo. Sufrí una de las mayores decepciones que he tenido y decidí empezar a alejarme de las relaciones tóxicas que, hasta entonces, habían mermado mi autoestima y, en gran medida, se habían aprovechado de mi necesidad de aprobación en muchos sentidos. Así, aunque al principio confieso que me costó (quitarse cualquier “enganche” pasa por el “mono”), poco a poco he ido logrando reconstruir un edificio que, eso sí he tenido siempre claro, cuenta con muy buenos cimientos (nadie me hará dudar de que poseo unos valores excepcionales) y, ahora, con una fachada de la que me siento muy orgulloso.

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Ésa ha sido mi revolución interior: amarme con mis luces y mis sombras, prescindir de todos los que, en vez de sumar, me restaban, quedarme con los que me hacen sentir bien y siempre me han demostrado que me quieren de verdad y subir a mi carro a quienes han llegado para brindarme su cariño y su amistad sincera. Gracias por tanto a mi gente y gracias a también a los que me han hecho fuerte y que hoy, desde la distancia, contemplo con cierta lástima por haber sido tan necios de perder un tesoro tan valioso como yo, escondido por mucho tiempo pero en el camino adecuado del equilibrio mente-cuerpo.

Son muchas las cosas que he aprendido en un año pero la más importante es que, cuando tú cambias, todo cambia y que, cuando tus pensamientos, tus palabras y tus acciones van en armonía, empiezas a caminar hacia la felicidad. Que no hay peor enemigo de uno mismo que tú pero que tampoco hay mejor aliado de ti mismo que tú. Que nadie merece más la pena que tú. Que si te quieres, te querrán y que hay que hacer caso a la intuición porque es, como decía Einstein, el instrumento más poderoso.

 

Yo ya no dudo de ella y, por tanto, no dudo de mí. GRACIAS por acompañarme en este apasionante viaje.

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La negación de la realidad

La mente es esa gran desconocida. Ese lugar del que apenas se sabe nada y que tiene mecanismos extraños como el de negar ciertas realidades cuando, en determinadas situaciones, entiende que éstas pueden hacernos sufrir. Un claro ejemplo lo tenemos en esas madres que pierden a hijos y no aceptan que han fallecido o en quienes, tras pasarlo mal en el amor, rechazan una relación en la que piensan van a querer mucho para evitar volver a lo mismo.
Hace no demasiado tiempo mi cabeza también utilizó este “modus operandi” que hoy quiero compartir con vosotros por si a alguno puede ayudaros. Y es que durante algunos años estuve muy delgado y mi imagen no tenía nada que ver con la actual que podéis conocéis a través de este blog o de Instagram (@yoestoycomonunca). Parecía como si, en vez de sacar lo mejor de mí, me empeñara en atacarme a mí mismo descuidándome y, en cierta manera, autodestruyéndome. Sin embargo, aunque la realidad era bastante lamentable, yo os aseguro que no la veía. Al contrario, me miraba al espejo y me empeñaba en repetirme lo bien que estaba y la poca razón que llevaban los demás al advertirme de lo que, desde fuera, sí que era evidente.
Suele pasar que, cuando nos dicen cosas que no nos gustan –o que no estamos preparados para escuchar-, tendemos a pensar que son los demás quienes están equivocados (en especial en determinadas épocas de la vida más “adolescentoides”). Claro que aquellos que te quieren nunca buscan tu mal sino, al contrario, intentan ayudarte corriendo hasta el riesgo de perderte si, repito, eso que te plantean no coincide con el discurso interno que tú tienes.
Compruebo ahora que, lo que me llega del exterior con lo que yo siento, coincide. Y esa armonía me lleva a pensar que estoy en buen camino. “Dios esconde las cosas delante de ti para que las descubras” y, aunque me ha costado encontrarme, este descubrimiento me hace feliz y me da paz con lo que te animo a hacer el ejercicio de preguntarte: ¿Qué autoconvencimientos te rebaten desde fuera? ¿Podría haber alguna realidad ante la que tus ojos estuvieran ciegos? Lo mismo, como a mí me ha sucedido, descubrirla te merece la pena.

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Cosas que aprendí de la vida

Hoy es mi cumpleaños. Sí. Nací el 1 de septiembre de 1974. Habrá quien pensará que me quito años y muchos se sorprenderán porque creerán que tengo menos pero, la verdad verdadera, es que son ya 41 “tacos” los que me “alumbran”. De igual forma, para algunos soy mayor, para otros, joven. Para algunos guapo, para otros, no tanto. Ésa es una de las cosas que aprendí de la vida: que las cosas siempre dependen de quién y cómo las mire. Lo que cuenta es estar a gusto y en paz con independencia de la edad, del físico, de las circunstancias…
Entrar en una nueva década, en un nuevo ciclo de doce meses, en una nueva temporada (como nos pasa ahora cambiando las vacaciones por la temporada laboral), es una buena oportunidad para hacer balance, para pensar en aquello que podemos arreglar y en lo que podemos crecer y, por otro lado, para afianzarnos en lo otro que nos agrade de nosotros mismos. Al fin y al cabo, el camino se construye, poco a poco, dando pasos en un anhelo de ser cada vez mejores.
Yo no sé mucho de nada, la verdad, pero me gustaría compartir con vosotros algo de eso poco que sé y que, en un aniversario como el mío, cobra aún más sentido. Como ser consciente de que hay gente que son como un RAYO de LUZ. Pueden ser amigos, familiares, vecinos. Personas a las que muchas veces no les damos el sitio que merecen pero que nunca nos abandonan y, nos comprendan más o menos, nos respetan y nos aceptan tal y como somos.
Aprendí que uno debe ser lo más COHERENTE posible y que tu comportamiento debe ir en sintonía con tu pensamiento. Que las PALABRAS engañan, y traicionan, y confunden y causan heridas, en quien las lanza y en quien las recibe, que pueden ser irreparables. Que cuando uno AMA hace locuras y comete errores pero que, incluso entonces, tu fondo no debe dejar de ser bondadoso. Que hoy estás ARRIBA y, en un abrir y cerrar de ojos, caes en picado. Que hay quien nos TRAICIONA sin querer o hasta queriendo pero que no por ello hay que perder la esperanza en el resto. Que los OJOS jamás mienten y, el CORAZÓN, tampoco. Que la mayoría llevamos un DISFRAZ y, en ese sentido, algunos COBARDES aparentan VALENTÍA y viceversa. Que somos lo que los demás consideran que somos y que, aunque no nos reconozcamos en eso, no nos queda otra que aceptarlo… o cambiar esa realidad. Que las SONRISAS y las LÁGRIMAS son hermanas, igual que la FELICIDAD y la TRISTEZA. Que nos negamos lo MEJOR para conformarnos con lo MEDIOCRE (o lo PEOR). Que la Naturaleza es PERFECTA en su equilibrio y que los ANIMALES tienen más humanidad que muchos hombres y mujeres. Que solo el TIEMPO tiene la respuesta para todo y que no merece la pena estar ENFADADO con el mundo.
Y también me he dado cuenta que todo es una pura paradoja y que, después de escribir en este mismo blog un post titulado “YA NO SE REGALAN FLORES”, ayer por la noche me esperaba en casa un ramo de esas rosas que son una caricia para el alma, con las que siempre me han conquistado (ahora hace falta algo más), y que tanto han inspirado libros como “El Principito” (que perdió su rosa por no valorarla) o canciones como “Te llegará una rosa” (“aquellos que no tienen fantasía, no podrán entender, es muy complejo, que acorta la distancia cada día, recibir una rosa desde lejos…”), “Aún sueña que regresará” (“Hoy ha visto que una rosa florecía del rosal que ayer ella sembró…”) o la maravillosa “The rose” (“Descansa la semilla, que con el amor del sol, en primavera se convierte en la rosa…”).
Yo, escuchando el cariño de las muchas felicitaciones que me han hecho llegar, contemplando mi ramo aquí cerquita, creo que no he sembrado del todo mal y que, como en esa letra que cantaba Julie Andrews a su adorado capitán Von Trapp, “quizás la mía fue una salvaje infancia o quizás una lamentable juventud pero, en algún lugar de ese miserable pasado, algo bueno debí hacer…”.

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