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Los tiempos en una relación

Yo no sé cuáles son los tiempos en una relación. Supongo que estará estudiado, porque todo se estudia, pero desconozco si a los tres días tienen que pasar no sé qué cosas, o los tres años otras no sé qué. Ojalá existiera una guía para indicarnos si vamos bien o vamos mal en cada momento pero, como no es así, voy a daros mi experiencia porque veo que hay mucha gente que corre mucho y, al final, prisas traen prisas. Eso sí que es seguro.

Os voy a poner un ejemplo. Tengo una amiga que ha conocido a un chico por una aplicación de contactos y, al segundo día, él le estaba diciendo que la amaba. A las dos semanas parecían una pareja que llevaba años y casi a los dos meses, él la ha dejado. Demasiado correr.

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No podemos meter a nadie en nuestra vida en un abrir y cerrar de ojos porque eso, más temprano que tarde, provoca una saturación. Ni hablar por whatsapp sin parar hasta saberlo todo desde el minuto uno. Es como un cólico por atiborramiento, tras el que hay que limpiarse para, al día siguiente, encontrarse mejor. Así que, o nos tomamos las cosas con calma, o estropearemos lo que, con más paciencia, podría haberse convertido en algo bonito.

En este sentido me encanta recordar lo que en “El Principito” hablan el zorro y el propio príncipe, al que el primero insiste en lo importante que es crear una cierta costumbre a la hora del nacimiento de un vínculo emocional. Un día estás. Otro día estás un poco más cerca. Otro un poco más aún. Hasta que te has acostumbrado a que esa persona merodee alrededor tuya y desees que se instale definitivamente como parte de tu entorno cotidiano.

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Esto sería lo ideal. Con naturalidad. Sin impaciencia. Claro que el entorno no propicia eso. Lo queremos todo rápido y ya y, si no conseguimos nuestras metas en un santiamén, forzamos toda la maquinaria para que así sea.

Por eso os propongo que nuestra vida esté llena y plena ya de por sí para que, cuando llegue una nueva persona, vaya haciéndose un hueco de manera progresiva en ella pero sin que eso pase por rellenar un vacío insalvable para ser felices. Y a partir de ahí, paciencia. Ir descubriendo a una persona es apasionante. No te pierdas la oportunidad de hacerlo por querer que todo suceda en un chasquido. Lo que rápido viene, rápido se va.

Una pareja no es la solución

Hay quien vive muy obsesionado por tener una pareja porque desde pequeños nos han metido en la cabeza que para ser feliz es imprescindible estar con alguien. Hablan de las bodas como “el día más feliz de la vida”, se desprecia a las personas solteras diciéndoles eso de “solteronas” o “te vas a quedar para vestir santos”… Nos conducen a creer que el estar solos lo identifiquemos como un fracaso, que identifiquemos no tener novio o novia con que nadie nos quiere aunque yo, ante todo eso, me pregunto: ¿Cuántas personas conoces que, aun estando juntas, no se aguantan? ¿Cuántos matrimonios intentan salvar la ausencia de amor teniendo hijos? ¿Cuánto tiempo perdemos probando con personas que no nos aportan nada mientras descuidamos a otras, familiares y amigos, que están ahí, esperando a recibir y dar cariño? Y, lo más importante, ¿Cuántos casos hay que, en el fondo, buscan una compañía emocional porque no se quieren o no saben estar solos?

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La soledad elegida es maravillosa pero eso pasa por estar a gusto con uno mismo y por asumir de veras que solo merece la pena iniciar un camino conjunto con alguien cuando estás seguro de que la aventura compensa. Y os cuento mi caso. Me encanta como sabéis hacer deporte, leer, la música, viajar, cocinar… Tengo muchísimas aficiones y mucha gente en mi entorno (con diferentes grados de amistad) que no dejan de proponerme planes (o a los que les propongo yo planes) que me impiden aburrirme. Amo la vida y he llegado a un punto importante también de amor a mí mismo.

No llega una noche, que es cuando más se nota la soledad, en la que no tenga un plan que me apetezca, aunque sea solo ver la “tele” un rato tranquilo (que, con el whatsapp, es complicado). Pienso que nacemos y morimos solos y que, por tanto, es nuestro estado natural. Lo otro, que está muy bien, es una suerte pero no la mayor de las suertes. Porque para construir un edificio lo primero es tener los cimientos muy bien asentados.

Así que sé dichoso antes de nada y luego ya veremos. Déjate llevar y disfruta. No necesites que nadie te complete porque ya lo estás. Y no temas a que las relaciones empiecen y terminen o a que lo mismo no lleguen. La definitiva, la que siempre será una eterna garantía es la que tengas contigo. Cuídala y… ¡gózala a tope!

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Domesticando al ego

Hola, ¿cómo estáis? Esta semana solo he podido hacer una entrada pero no quiero que se me pasen más días sin reflexionar con vosotros sobre eso del “ego” del que en las escuelas, de pequeños, debieran darnos clases para que luego, con los años, no se vuelva nuestro enemigo y, en algunos casos, llegue a destruir por completo a personas que, de otra manera, podrían ser bastante válidas. Es un tema que me apasiona y que, curiosamente, el domingo pasado me encontré reflejado en una película de aventuras, “Doctor Strange”, cuyo hilo argumental pasa bastante por él.

Hay quien piensa que son los artistas los que tienen más ego pero esta apreciación es un error. Algunos artistas tienen mucho ego igual que lo tienen algunos diseñadores o hasta entrenadores deportivos o un dependiente. Un ego desmesurado puede sufrirlo cualquiera. Es más, a veces nos sorprendería comprobar cómo, bajo algunos falsos humildes aspectos, se encierran monstruos egocéntricos que lo único que quieren es que le “doren la píldora” sintiéndose por encima del bien y del mal.

 

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El ego puede alimentarse de los piropos (cuando te alaban mucho el físico o cuando uno es bueno en algo y no dejan de recordárselo) o también puede provenir de quien, careciendo en absoluto de autocrítica, considera que lo suyo es lo mejor, que no hay nadie como él y que el resto está en un lado y él (o ella) en otro. Eso no significa que en algún momento no podamos sufrir de algún pequeño destello de vanidad pero enseguida debemos volver a pisar con los pies en la tierra y pensar… ¿y? En el fondo siempre los habrá más altos, más guapos, más talentosos, más jóvenes, más… Es decir, al relativizarlo todo, las cosas se ven desde otra perspectiva y, al sentir que somos una pequeña mota dentro de un infinito universo, el ego deja de tener lugar para ser nosotros parte de algo mayor.

Estoy hasta las narices de egocéntricos. De la gente que va perdonando la vida y te miran por encima del hombro. De los acomplejados que tapan sus carencias atacándote. De quienes no aceptan un comentario sobre ellos o su trabajo. La humildad es un ejercicio que hay que practicar a diario porque es la llave para ser una buena persona. Lo demás son ganas de hacer el tonto y el tiempo, apremia. Ya lo sabéis.

Si se queda indiferente, es que no es él…

“Mujeres Desesperadas” me divierte mucho. Y me enseña mucho también. O, más que enseñarme, me reafirma en pensamientos que, conforme ha ido pasando el tiempo, se han ido afianzando en mí. Ayer, por ejemplo, estuve viendo un capítulo en el que, las protagonistas de la serie, exponían una realidad sobre las relaciones sentimentales que es más matemática que las matemáticas en sí mismas. Algo que nunca he entendido pero que, me guste o no, es así: a la hora de encontrar pareja, mientras más seguro te tengan, peor. Por eso los “CANALLAS”, al menos durante unos años, triunfan.
Así que, parece que si se quiere tener a alguien comiendo en la mano, es mejor mostrar un cierto desdén (o bastante) para que más nos desee. Yo, que soy bastante torpe en estos terrenos, hace un tiempo pedí consejo a una amiga para conquistar a una persona que me fascinaba y ella, rápidamente, me dijo: “Dale caña”. ¿Qué pasó? Que como no era algo en lo que yo creyera, ni sepa hacer, terminé metiendo la pata y dándole una imagen que no solo no correspondía con la realidad sino que, poco a poco, me metió en un corsé que, a día de hoy, aún me aprieta.
Porque para todo hay que valer y lo de ser “chuleta” no es nada sencillo. Eso, por ejemplo, las chicas lo saben hacer muy bien y son capaces de negarse a tener una cita contigo aunque estén deseando o hasta renunciar a sus sentimientos si ven “peligros” en la relación que sea. Son pruebas que te ponen para llegar hasta su corazón pero que no garantizan nada porque, en el fondo, los “malotes” les seguirán seduciendo.
Sea como sea, lo cierto es que no puedes ir contra ti mismo y yo, en lo que pueda evitarlo, no voy a hacerlo más. Por eso si pierdo a quien no le agraden mis detalles o si no saben valorar mi honestidad… si alguien se queda indiferente ante eso… es que no era él. Al final lograr algo a base de engaños, a largo plazo, no trae nada bueno. NUNCA.

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