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¿Qué (no) comer en Navidad?

Bueno, bueno, bueno. Llega un momento crucial en el año: la Navidad. Sobre todo para nuestras dietas porque todo el mundo se conciencia de que, durante estas fechas, cogerá dos o tres kilos. Pero, ¿se puede evitar esto? ¿Podemos afrontar las Navidades sin que supongan un cataclismo en nuestro cuerpo? Porque claro, esto no es el día de Nochebuena, la Nochevieja, Fin de Año y Reyes. No, no, no. La Navidad son tres semanas de comilonas de empresa, quedadas con los amigos, de turroncitos cuando terminamos de comer… En fin… Un auténtico desastre para el peso pero también para nuestra saludo puesto que, ¿cuántas veces nos ponemos malos con cólicos, molestias o dolores de cabeza al día siguiente de cualquiera de estas citas?

Yendo al grano (y siempre contándoos mi experiencia en este sentido)… Hay que equilibrar. Esto es superimportante. Por eso, cuando tengamos un exceso, compensemos con un defecto. Que una noche nos pasamos mucho, al día siguiente controlamos lo que comamos, sin perder las cinco comidas, pero yendo a menos en cada una de ellas (y lo más ligero y sano posible, esto es, tirando de la plancha y de ensaladas). Incluso no estaría de más que, una vez pase el 24 y el 25, primero, y el 31, después, hiciéramos un día solo a base de infusiones y fruta (piña, por ejemplo), para limpiar y depurar el organismo.

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Aparte, en los momentos de copiosidad, intentemos controlar, para empezar. No se acaba el mundo, ni estamos en una guerra, ni nada de eso. Con el marisco no hay problema, y con las carnes como el pavo o el pollo -o los pescados, en general, tampoco-, lo malo en Navidad, sobre todo, empieza después (evitando también un poco el pan, los fritos y las salsas). ¿Por qué? Porque después llegan… ¡los turrones! Y los mantecados, las peladillas, los bombones… ¡NO! No nos arrebatamos con este pequeño universo del dulce porque sus consecuencias son nefastas. Sí que podemos (y debemos) disfrutar de un capricho pero… ¡sin abusar!

Luego, cuando salgamos a restaurantes, sigamos la misma política “de contención”, dejando lo más grasiento para cuando estemos en circunstancias menos festivas y nos hagamos nuestra cena o almuerzo “libres”. Y repito que no se trata de reducir nuestro horizonte culinario a pechugas y ensaladas pero no perdamos de vista el “Pepito Grillo” que nos advierte de los peligros de los excesos.

Si además, bebemos mucha agua y, los días que no son de fiesta, aprovechamos para ir un poco al gimnasio (y después del entrenamiento nos metemos, si tiene el nuestro, en la sauna), os aseguro que para subir la cuesta de Enero iremos mucho, mucho pero mucho más ligero que de costumbre. ¡Palabra de Blogger!

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Perder peso (y grasa) sin notarlo

En mi penúltimo post os comenté que había comenzado una dieta proteinada que me ha tutelado el doctor Paco Ortiz, propietario de la Clínica Teknobell de Sevilla y uno gran especialista en nutrición. Han sido diez días que os relaté al principio y de los que me gustaría comentaros mis conclusiones (os paso el enlace por si queréis volver a consultar primero ese post del que os hablo http://estoycomonunca.com/2017/04/01/la-experiencia-de-la-dieta-proteinada-proteica ).

Ahí os explico lo difíciles que fueron los dos primeros días y medio, durante los que tuve bastante ansiedad (arggg), pero la tranquilidad de después cuando el organismo ya se acostumbra y de pronto entras en una calma que a mí mismo me sorprendía. Cierto es que en algunos momentos (en especial, en las comidas intermedias) el cuerpo me pedía algo más de cantidad de comida pero al final te terminas acostumbrado y, como bien sabéis, cuando entramos en una rutina es fácil permanecer en ella el tiempo que sea.

Por eso, cuando a la semana Paco me preguntó si quería continuar cinco días más y terminar de quitarme esa grasa que tanto me obsesiona, no le puse inconveniente, alegrándome mucho de los resultados que me dieron el viernes puesto que el balance total es de tres kilos de grasa menos y 74,5 kilos de los que, solo el 9 por ciento, es el porcentaje total de grasa corporal.

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Esto es fantástico porque supone entrar casi en unos parámetros de atleta pero, por si fuera poco, Paco me ha prometido que vamos a intentar luchar con los últimos restos de grasa con una nueva técnica médica de la que voy a ser “cobaya” en Sevilla y que, así en líneas generales, pasa por la congelación de la misma (cuando tenga más datos, os diré).

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Volviendo a la alimentación, una vez que ha terminado este ciclo, hay que mantenerse para evitar el temido “efecto rebote”, que pasa cuando de pronto uno empieza a comer más aún de lo que comía. Eso no significa que ayer no me pegara un “homenaje” con una hamburguesa, una ensalada y un helado (ummmmmm) para recompensar el sacrificio previo durante el que, tal y como me prometió el doctor, he mantenido intacta la masa muscular, que era algo que me preocupaba bastante. Es más, he empezado con un nuevo entrenador que, incrédulo de que todo fuera como os explico, me hizo volverme a pesar para, en su caso, darme unos niveles de 8,4 de grasa corporal.

Ahora lo que estoy haciendo es volver a mi dieta habitual aunque metiendo más verdura a mediodía y por la noche (de momento he quitado los hidratos puros y duros) y aprovechando los productos de Paco Ortiz para las comidas intermedias. Sus galletas de chocolate, los barquillos, los flanes, los batidos son tan deliciosos que de veras merecen la pena para demostrar que en la actualidad se puede comer saludable sin pasar hambre, eso seguro, y sin renunciar a pequeños placeres como estos para los que son amantes del dulce.

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La experiencia de la dieta proteinada (proteica)

A principios de semana me pesé en la Clínica Teknobell de mi querido amigo Paco Ortiz, uno de los mejores nutricionistas y médicos estéticos que tenemos en nuestro país. Y aunque sabía que estaba pasado de kilos, porque tengo mucha masa muscular y la masa muscular pesa bastante, no me imaginé que era para tanto porque, atención, había llegado a los 77, 4 kilos!!!

La última vez que me había pesado estaba en 72 o 73 kilos con lo que había cogido cinco en poco tiempo. Cierto es que el porcentaje de grasa no era mucho, 13, 5 por ciento aproximadamente, pero no podía mantenerme ahí porque luego se va acumulando todo y cualquiera lo quita. Vamos que necesito quitarme dos o tres kilos de grasa, mínimo, y quedarme en un 11 por ciento, aunque Paco me dijo que mi constitución actual es de un atleta profesional.

El caso es que me puso una dieta proteinada (o proteica, como prefiráis) que he cumplido a rajatabla desde el primer día (martes) y sobre la que quería contaros ahora que solo me faltan tres días. Tal y como él me advirtió, los dos primeros días han sido bastante complicados, con mucha ansiedad y nervios y un vacío en el estómago que no podía soportar. Luego ya, igual que también me dijo el doctor, pasé a una especie de calma que me hace estar bien y no darme cuenta de que estoy a dieta (de no ser porque solo como lo que me han mandado).

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Por lo visto lo bueno de este tipo de rutinas alimentarias es que cuidan la masa muscular y, sobre todo, en mi caso lo mejor es que solo durará una semana, es decir, que el martes volveré a mi alimentación habitual (con mi día libre incluido, jajaja). Ya a estas alturas, llevo casi cinco días, me noto mucho más pegado, aunque también más vacío muscularmente. Al gimnasio solo voy a hacer cardio (lo único permitido, puesto que no se puede coger pesas) y estoy bastante ilusionado en que el sacrificio merezca la pena.

¿Qué se come? Cinco/seis comidas al día que se basan en unos productos propios que tiene el doctor Ortiz y que se engloban en la marca “Essential Diet”. Resumidamente, la dieta es lo siguiente:

*Desayuno: dos tostadas con un paté (todo de “Essential Diet”).

*Media mañana: batido de chocolate intenso (buenísimo).

*Mediodía: salchichas con su mostaza y kétchup (proteicas, claro) y verduras crudas o a la plancha, muy especiadas (con éstas se compensa los hidratos que quitamos, pudiendo tomar de un listado que te dan todas las que quieras o, de otro, 200 gramos).

*Media tarde: batido de chocolate intenso.

*Cena: salchichas y verduras, igual que a mediodía.

*Postcena: uno de los productos (barrita de chocolate blanco, flan de chocolate o chocolatinas, todo rico).

Aparte, unas pastillas de vitaminas y beber. Mucha agua y té. Eso es esencial. Beber todo lo que puedas y más para llenarte, por un lado, y limpiarte, por otro ya que, otro de los objetivos es renovar el organismo.

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Repito. Queda poco para terminar. No es un régimen que se pueda mantener por mucho tiempo porque entras en cetosis que es lo que pasa cuando el metabolismo destruye las grasas y las lleva por el organismo, “envenenando” la sangre y, en consecuencia, los riñones. Por eso tened precaución y NO SE OS OCURRA hacer nada de esto sin control médico. Es fundamental y necesario.

 

¡Os seguiré informando!

Ese ratito para nosotros…

No hay un día en el que no me encuentre a alguien que me diga lo bien que me ve. Algún amigo que hacía tiempo que no me encontraba o incluso gente con la que nunca había hablado y que, de repente, se interesan por saludarme para comentarme cuánto he cambiado o para preguntarme cuáles son mis “secretos” de entrenamiento o alimentación. Muchas, casi todas esas personas contemplan la posibilidad de hacer ellos lo mismo desde la distancia porque, o no se sienten capaces (falta de voluntad y constancia), o sus complejos les paralizan, o me dicen aquello de “a mí me gustaría pero es que no tengo tiempo”.

Tanto en un caso como en otro siempre insisto en lo importante que es dedicarnos un ratito cada día porque, por muchas cosas que tengamos que hacer, por muchas obligaciones que nos hayamos echado encima, siempre hay posibilidad de parar una o dos horas, durante las que el único y máximo protagonista sea uno mismo, o replantearse una forma de comer más saludable.

Sin reloj, ni móvil, ni trabajo, ni familia, ni amigos. Uno en el sentido más egoísta que queráis pensar pero, a la vez, también en el sentido más generoso porque nada más y nada menos que en la Biblia se indica aquello de “amarás al prójimo como a ti mismo”. Traducción: si nuestra autoestima no está alta, será imposible que desarrollemos hacia otros sentimientos positivos.

¿Que es más fácil y más cómodo estar tumbado en el sofá a ir a hacer alguna actividad física? Por supuesto. ¿Que si no tenemos a los nuestros acostumbrados –si tenemos hijos, por ejemplo-, al principio costará marcar terreno y hacer un paréntesis donde no pueda entrar nada ni nadie? Está claro que sí. ¿Que si nuestra comida es desastrosa nos costará cambiar la rutina? Indudable. Pero que si queremos, podemos, nadie puede cuestionarlo.

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He pasado en tres años de la S a la L. He aumentado masa muscular y reducido grasa muy poco a poco pero sin desfallecer. Cierto que lo mío es un caso un poco extremo porque a mí me gustan los retos difíciles pero lo que cuenta es tenerlos puesto que, conforme vas alcanzando metas, la seguridad en ti misma va creciendo y te vuelves, sin perder la humildad, invencible.

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Hoy, cuando me miro en el espejo, reconozco que no soy perfecto pero, a pesar de ello, ¡me gusto mucho! Soy mi propia obra y estoy orgulloso de lo logrado (y motivado por lo que queda). ¡No te quedes con las ganas e inténtalo al menos! En este blog hay muchas claves para conseguirlo… Os espero.

 

 

Estrategia de Año Nuevo

Bueno, por fin estamos en 2017 y por fin también, en general, han pasado las fiestas… Solo nos quedan los Reyes Magos pero en realidad es una fiesta que ya no gira tanto en torno a la comida (salvo por el Roscón, que es algo que nunca falta en mi desayuno de esa mañana). El caso que, cuando menos nos demos cuenta, es primavera y volvemos a sacar de los armarios la ropa más fresquita, más ajustada y menos tapada. Un buen momento para que se vea que, durante los meses de invierno, hemos hecho un buen trabajo en el gimnasio y, sobre todo, con la dieta.

Tened en cuenta que el 70 u 80 por ciento del éxito de nuestro entrenamiento es la comida que tomemos y que, mientras mejor llevemos la dieta, más resultados vamos a obtener con cualquier actividad física que hagamos. Por eso tenemos que concienciarnos en que, cada mañana, hemos de plantearnos cómo será nuestra jornada desde el punto de vista de la alimentación, pensando qué tomaremos en cada una de las cinco ingestas que son recomendables (seis si alargamos mucho el día) y sabiendo que a partir de las cinco de la tarde es mejor NO tomar hidratos.

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Luego, en lo que al gimnasio se refiere, debemos ser constantes e ir tres o cuatro veces en semana sabiendo que, a la vez, ES NECESARIO DESCANSAR. No os obsesionéis porque los músculos necesitan descansar para que su rendimiento sea realmente bueno y no encontremos el efecto contrario al que buscábamos. Mejor un entreno fuerte y llevado al extremo que no pasar toda la semana metidos en el gym con rutinas a medio gas. Calentad cinco o diez minutos antes, diez o quince después (o nadad media hora si tenéis opción de esto) y estirad porque es la manera de evitar muchas lesiones que, de otra forma, llegarán a posteriori. Y no dejéis ningún grupo muscular sin fortalecer. No os conforméis con el tren superior que las piernas también cuentan y no está nada bonita una silueta con pecho de “Lobezno” y “patitas” de gorrión,.

Más allá, para no aburrirnos, sería recomendable que una vez en semana acudiéramos a alguna actividad que incluso podemos ir rotando con otras de manera periódica. Yo ahora estoy haciendo pole dance (lo de la barra americana) pero tenéis de todo: body pump, aquagym, pilates… Eso os permitirá relacionar el ejercicio con algo divertido y que entendáis cada cita con él como estimulante y positivo.

Llegados a este punto. Os iré dando claves en los próximos post de comidas, suplementos (también son importantes) y circuitos para que, en pocos meses, hayamos notado el cambio. Solo es cuestión de fuerza de voluntad…

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Con el salmón todo son ventajas

Comer pescado por la noche con una ensalada es una forma excelente de terminar el día en general, aunque más si entrenamos con asiduidad y queremos que nuestro físico se vaya moldeando con una alimentación adecuada. Ya sabéis que el 80 por ciento del éxito de nuestro entreno es la comida, tener una buena dieta y saber realizar las combinaciones adecuadas de hidratos y proteínas y, entre los pescados más ricos en éstas últimas, se encuentra el salmón. Es más, está catalogado como uno de los alimentos MÁS SALUDABLES DEL MUNDO, rico también en ácidos esenciales, vitaminas del grupo B, minerales y bastante calcio.

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Como con todos los excesos no es conveniente pasarse pero una o dos veces por semana, si podemos porque es caro, es un lujo muy recomendable, para empezar, por las siguientes razones:

 

*Es bueno para el sistema cardiovascular. Su contenido en ácidos grasos omega-3 es algo y reduce por tanto el colesterol malo, fortalece el corazón y baja la presión sanguínea (disminuyendo así las probabilidades de sufrir un infarto).

*Es bueno para el cerebro. Los mencionados ácidos grasos omega-3 ayudan a que el cerebro funcione mejor, mejorando la memoria y la condición de Alzheimer y frenando el deterioro cerebral de la edad. Más allá, incide contra la depresión y favorece un sistema nervioso sano y, si se come durante el embarazo y la lactancia (las chicas, claro), permite desarrollar la masa cerebral en los niños.

*Es bueno para los ojos. Mejor aún que la zanahoria porque aporta astaxantina, el carotenoide antioxidante más poderoso para combatir los radicales libres (55 veces más potente que la vitamina C, 18 veces más potente que la vitamina E y 62 veces más potente que el beta-caroteno). Incluso previene problemas visuales como el glaucoma, la ceguera, los ojos secos o la conjuntivitis.

*Es bueno contra el cáncer. Previene ciertos tipos de cáncer por la gran cantidad de selenio que posee.

*Es bueno para los músculos por su gran cantidad de proteínas fáciles de digerir, además, por nuestro organismo. El salmón contiene pequeñas proteínas llamadas péptidos bioactivos entre los que la conocida como calcitonina se ha demostrado que aumenta el colágeno en el cartílago artósico humano y mejora la densidad ósea y la fuerza.

*Es bueno para dormir por ser una excelente fuente de triptófano, sedante totalmente natural.

En fin, ya veis que son muchas las pruebas que confirman eso que siempre se escucha de que el salmón es buenísimo con lo que, a partir de ahora, si no era frecuente en vuestra mesa, invitadlo más. El organismo os lo agradecerá…

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Lo que cuesta eliminar algunas comidas

¿A que cada vez que caen en vuestras manos reportajes y listados de las calorías que tienen los alimento (y de cuánto ejercicio hay que hacer para perder lo que su ingesta supone) los devoráis de principio a fin? El otro día leí uno de ellos que me resultó superinteresante y hoy he querido recoger algunas de las informaciones que venían en él pensando, sobre todo, ahora en verano cuando nos relajamos un poquito más con la dieta. Así no olvidaremos lo que engordan comidas más frecuentes en esta época del año como las siguientes…

 

Calorías                                      Cuánto cuesta eliminarlas

 

Caña de cerveza                 80 calorías                                          12 minutos andando/ 7 minutos corriendo

 

Hamburguesa                     441 calorías                                        75 minutos andando /40 minutos corriendo

 

100 gramos de helado       300 calorías                                         52 minutos andando / 28 minutos corriendo

 

Palomitas de maíz               370 calorías                                        64 minutos andando / 35 minutos corriendo

 

Chocolatina                          235 calorías                                        40 minutos andando / 21 minutos corriendo

 

Patatas fritas                         300 calorías                                          52 minutos andando / 28 minutos corriendo

 

Filetes de pollo                     230 calorías                                          40 minutos andando / 21 minutos corriendo

 

Pasta                                         150 calorías                                         26 minutos andando / 14 minutos corriendo

 

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Recordad que un hombre necesita entre 2000 y 2500 calorías al día mientras que una mujer, en líneas generales, entre 1500 y 2000 con lo que podéis hacer un cálculo repartiendo entre las cinco comidas y sabiendo que, a partir del mediodía -como ya sabéis-, mejor no ingerir hidratos. A partir de ahí, tened cuidadito porque estamos en vacaciones y lo normal es que nos dejemos ir. Si es un poco no pasa nada pero, si tenemos este listado en la cabeza, lo mismo vamos con más precaución, ¿verdad?

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El placer de las “comidas trampas”

¡Esta noche saldré! Es sábado, sabadete… En fin, ya sabéis… Por otro lado, la alimentación enfocada a un entrenamiento es bastante dura. Tanto que, día tras días, semana tras semana, año tras año, lo que comes es prácticamente lo mismo: arroz, atún, pollo, pavo, avena… Todo eso que provoca el que, poco a poco (y apoyado en el ejercicio), la grasa se vaya y los músculos se queden y, además, vayan creciendo.

Pero hay cenas especiales, almuerzos de trabajo, bodas, comuniones, cumpleaños, citas, como la de hoy mía, en las que se queda… ¿Qué hacer en esos momentos? Están los radicales que no se saltan jamás su dieta y van con los “tuppers” a todos lados y estamos los que pensamos que, de vez en cuando, es necesario tener un respiro, un premio, desmelenarse frente a la mesa y…darle gusto al cuerpo. Cierto es que el azúcar es veneno, que la grasa no conviene, que los fritos son insanos pero… ¿quién puede resistirse perennemente a un helado, a una pizza con mucho queso, a unos Nuggets de pollo o a unos nachos?

De 35 comidas (cinco por día) que hacemos a la semana no pasa absolutamente nada si en una, o dos, de esas ingestas hacemos la “vista gorda” permitiéndonos el placer de tomar aquello que nos plazca. Yo, por citaros un ejemplo, he llegado a comerme en una cena, y de una sentada, una pizza, queso provolone al horno, un helado y un batido de galletas oreo algo que, si bien en cuestión de peso no me ha pasado factura, sí que lo ha hecho después durante las horas de sueño (que han transcurrido con mayor incomodidad por la falta de costumbre). Pero lo prohibido tiene demasiado atractivo como para no dejarse tentar, al menos, alguna vez (y si, además, se comparte con alguien que os motive… ¡mejor que mejor!).

Así que, si sois obedientes y constantes, daros este capricho de la “comida trampa” y no tengáis remordimiento alguno. Disfrutad de vuestras cervecitas, vuestras hamburguesas, vuestras patatas fritas, vuestros dulces… y, una vez pase este instante casi de fantasía, volved a la rutina sin acordaros demasiado del “pecado” cometido. El cuerpo os perdonará esta pequeña traición que os motivará para que, hasta la próxima, todo sea más llevadero. ¡A por ello!

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Comer cuando viajas…

Inauguro el mes de octubre con un nuevo “post” y un nuevo viaje a Madrid. Me encanta ir a esta ciudad porque siempre es una experiencia apasionante relacionada con algo cultural como, por ejemplo, el estreno de “Cabaret”, al que me ha invitado mi querido Dani Mejías. Pero también voy a acercarme a conocer el espectáculo del “Mago pop”, a ver la nueva función de Antonia San Juan y a entrevistar a una de esas artistas a las que siempre he querido conocer y que la vida, generosa siempre conmigo, me ha puesto en el camino: ¡la gran Gloria Trevi! Eso más los encuentros con amigos junto a los que es un placer coincidir… y comer… ¡Gran problema sobre el que me pregunta todo el mundo cada vez que empieza una dieta o en relación a la mía propia! ¿Cómo lo haces cuando sales? ¡En la calle es IMPOSIBLE mantener la alimentación!

Volvamos a convertir lo imposible en POSIBLE y organicemos, a nivel de comidas, una jornada normal fuera de casa. Lo primero, el desayuno, no tiene mayor inconveniente. Yo suelo hacerlo en los hoteles y me gusta que sea contundente, para que me aporte energía durante el día. Así, zumo de naranja, té con leche (o café con leche), huevos revueltos, mi tostada con queso blanco y pavo o mi cuenco de cereales con frutos secos (nueves y pasas) y yogur desnatado y un platito de fruta. ¡Listo!

Para las comidas intermedias siempre me agencio una barrita proteínica (o dos, en función de lo que tena que moverme) o un batido de proteínas que lleve en una bolsita. A unas malas, puedes pararte en cualquier “chino” y comprarte un paquetito de lonchas de pavo. Incluso, si se tercia, cambio lo anterior por media tostada con bastante melva o atún y tomate y otro zumo de naranja.

En cuanto al almuerzo tampoco existe mayor complicación mientras que la combinación sea de más proteínas y menos hidratos. Un plato con un poco de arroz o patata (no frita, claro) y algo de carne (pollo, pavo) o pescado que no tenga demasiada salsa de nada y una ensalada. No nos engañemos. Eso lo tiene cualquier restaurante o, mucho más, cualquier bufé (EVITEMOS EL POSTRE).

Por último, la cena que, tal vez, es el punto más complejo puesto que, en compañía, no pega cenar demasiado ligero. Pero bueno, un buen atún a la plancha con ensalada no está nada mal. O imaginemos que vamos a un sitio de comida rápida… ¿Hamburguesa? ¡NO! (salvo si es tu cena o almuerzo libre) ¿Pizza? ¡MENOS! Sé que las ensaladas no son el fuerte aquí pero es lo menos malo de todo con lo que… ¡VERDE que te quiero VERDE!

Otra cosita… Cuidado con las bebidas azucaradas y con el alcohol… Sus consecuencias, en muchos sentidos, ¡pueden ser nefastas!
Y vosotros diréis, estando en Madrid… ¿qué pasa con un cocidito madrileño? ¿O un bocata de calamares? Es lo de siempre… ¿Prefieres cuidarte de verdad o hacemos las cosas a medias?

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Ese dulce veneno llamado azúcar

Hay advertencias que, por mucho que se hagan, parece que no valen con lo que yo he llegado a la conclusión que, o estamos ciegos y sordos porque nos da la gana, o somos mucho más bobos de lo que nos podamos creer. Sabemos que es peligroso conducir usando el teléfono, y lo hacemos. Somos conscientes de que hay personas que no nos merecen, y las mantenemos a nuestro lado. Y, en cuanto a la comida, se ha repetido hasta la saciedad lo dañina que es el azúcar y, sin embargo, ahí seguimos, tomándola a diestro y siniestro.

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Lo mismo todavía no nos hemos enterado de que el azúcar es tan nefasta que muchos médicos la consideran el “alimento del cáncer” y, aunque en esto hay diferentes teorías, lo que es cierto es que, como mínimo, interviene en la producción y en el aceleramiento, en los casos sobre todo de sobrepeso, de ciertos tumores como el de cólon o páncreas. O que incide en la caída del pelo, irrita la piel, provoca caries, da hipertensión, mareos, insomnios, alergias…
Claro que el gran problema de este producto es el enganche que provoca, tan difícil de superar que genera en el organismo y que podría asemejarse a la de drogas como la cocaína. ¿Cuántas veces habéis dicho o escuchado aquello de “si no termino el almuerzo o la cena con algo dulce, parece que me falta algo”? ¿No conocéis el caso de alguien que cada vez le eche más cucharadas de azúcar al café o consuma dulces in crescendo? Es decir: ADICCIÓN en ESTADO PURO.
Yo recuerdo que de pequeño merendaba un vaso de leche grande con magdalenas de chocolate que metía, una detrás de otra, hasta que quedaban completamente absorbidas por el blanco líquido. Y, a partir de ahí, de todo. Helados, galletas, leche condensada, golosinas, bizcochos, cremas… Hasta que un día decidí dejar mi dulce “amiga”. Así, de forma radical. Como cuando uno deja de fumar de la noche a la mañana.

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Me costó, pasé mi correspondiente “mono” (y lo sigo pasando porque uno no deja del todo de ser nunca “yonqui” del azúcar), pero en la actualidad controlo la necesidad imperante de consumirla. Lo que pasa es que al mercado le interesa que consumamos todo lo que la lleve porque, con eso de la adicción, se garantiza consumidores fieles. Pero ahí hemos de estar nosotros, con nuestra fuerza de voluntad, para evitarla en la medida de lo posible.
Cambiarla por chocolate con más del 70 por ciento de cacao (sin pasarse tampoco), es una manera de engañar al cerebro. Porque, al final, como en el resto de cosas, todo está en la cabeza. Desde el sexo al amor, desde las apetencias a lo que nos repele. Trabajemos para que el azúcar vaya perdiendo fuerza y, paradójicamente, ganaremos salud, evitando que la grase aumente y garantizando un organismo más en armonía. Merece la pena.