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Quien no cambia todo, no cambia nada

Mi amiga Consuelo Alcalá (bueno, mi amiga, mi madre espiritual, mi alma querida) tiene frases para todo. Y entre las muchas que me ha dicho a lo largo de nuestra ya extensa y profunda amistad está la que da título a este post: “Quien no cambia todo, no cambia nada”. El cambio es algo a lo que todos nos resistimos porque, en realidad, es molesto. NO NOS GUSTA CAMBIAR.

Fijaros que, por ejemplo, en nuestra habitación o nuestra casa, en general, mantenemos siempre las cosas en los mismos sitios y, en el momento en el que alguien nos las toca, nos descoloca y hasta puede hacernos enfadar. Es más cómodo, mentalmente, tener un orden/desorden concreto, algo que podemos extrapolar a cualquier ámbito de nuestra vida: el trabajo, las relaciones sentimentales, la amistad… ¿Cuántas veces piensas que estás con alguien que no te gusta sin decidirte a cortar esa unión que te desagrada? ¿Por qué soportamos puestos de empleo en los que somos infelices sin atrevernos a empezar de cero? ¿Cuál es la principal barrera para intentar encontrar la felicidad donde realmente pensamos que se encuentra? NOSOTROS MISMOS.

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Sí, así es. Nosotros somos nuestros principales enemigos. Y nuestra resistencia al cambio, una de las peores costumbres. Por eso hoy os propongo el ejercicio de ser un poco más flexibles y, a partir de ahí, ver qué pasa. Es como dar pequeños pasos que, poco a poco, nos lleven a poder correr una maratón. Así que, plantearos qué pasaría si dierais una vuelta a la decoración de vuestro hogar e intentad modificar al menos lo que menos os guste. Permitiros una renovación del armario probando prendas que hasta ahora no os hubierais atrevido a poneros. Separaros de esas personas que os quitan más que os dan.

Advierto que al principio os costará. A lo mejor, mucho. Pero si lo afrontáis con voluntad, de pronto empezaréis a sentir una sensación muy satisfactoria. La que da escuchar a nuestro corazón. Seguir los instintos de nuestra intuición. Tomaréis el timón de vuestro barco y al menos no iréis en direcciones indeseadas. Y eso ya es mucho cuando todo lo que nos rodea intenta, de una forma u otra, esclavizarnos. Haced la prueba y permitiros ser algo más libres. Y probad lo apasionante que es vivir varias vidas en una misma.

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¿Que hoy piensas de una forma y mañana de otra? ¿Qué? ¿Cuál es el problema? ¿Que alguien os diga “Hay que ver lo que has cambiado”? ¡No pasa nada! ¡A mucho orgullo! Cada experiencia nos hace cambiar pero es que, si no lo haces, volverás a cometer los mismo errores una y otra vez… ¡Tú mismo sabrás lo que quieres para ti! ¿Renovación o muerte?

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El que fui, el que soy…

Hace un año justo, el 3 de agosto de 2016, comencé esta aventura de mi blog, www.estoycomonunca.com. Una ventana a través de la que quería contar mi experiencia al llegar a los 40 y cómo había evolucionado hasta llegar a la mejor versión de mí mismo. La verdad es que, sin saber muy bien lo que me iba a encontrar, empecé a compartir diferentes post en relación al deporte, la alimentación, la belleza, la cultura y al tan importante mundo interior que es lo que, al final, hace que lo de fuera sea más o menos atractivo.

Hace un año también toqué fondo. Sufrí una de las mayores decepciones que he tenido y decidí empezar a alejarme de las relaciones tóxicas que, hasta entonces, habían mermado mi autoestima y, en gran medida, se habían aprovechado de mi necesidad de aprobación en muchos sentidos. Así, aunque al principio confieso que me costó (quitarse cualquier “enganche” pasa por el “mono”), poco a poco he ido logrando reconstruir un edificio que, eso sí he tenido siempre claro, cuenta con muy buenos cimientos (nadie me hará dudar de que poseo unos valores excepcionales) y, ahora, con una fachada de la que me siento muy orgulloso.

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Ésa ha sido mi revolución interior: amarme con mis luces y mis sombras, prescindir de todos los que, en vez de sumar, me restaban, quedarme con los que me hacen sentir bien y siempre me han demostrado que me quieren de verdad y subir a mi carro a quienes han llegado para brindarme su cariño y su amistad sincera. Gracias por tanto a mi gente y gracias a también a los que me han hecho fuerte y que hoy, desde la distancia, contemplo con cierta lástima por haber sido tan necios de perder un tesoro tan valioso como yo, escondido por mucho tiempo pero en el camino adecuado del equilibrio mente-cuerpo.

Son muchas las cosas que he aprendido en un año pero la más importante es que, cuando tú cambias, todo cambia y que, cuando tus pensamientos, tus palabras y tus acciones van en armonía, empiezas a caminar hacia la felicidad. Que no hay peor enemigo de uno mismo que tú pero que tampoco hay mejor aliado de ti mismo que tú. Que nadie merece más la pena que tú. Que si te quieres, te querrán y que hay que hacer caso a la intuición porque es, como decía Einstein, el instrumento más poderoso.

 

Yo ya no dudo de ella y, por tanto, no dudo de mí. GRACIAS por acompañarme en este apasionante viaje.

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No me reconozco, más me quiero

Ayer hablaba con Hugo Salazar, uno de los participantes de los principios de “Operación Triunfo” que han permanecido en activo, y comentábamos sobre la edad (él tiene 38 y yo, como sabéis, 41) y sobre los cambios que se producen, sobre todo, llegando a los cuarenta. Y mientras que antes me hubiera puesto bastante nervioso solo el hecho de tener que plantearme modificar cosas de mí que consideraba inamovibles, hoy día –y en esto coincidía con Hugo-, las cosas las veo tan distintas que no solo no me importa reconducirme sino que, siempre que sea para aprender, lo agradezco. De otra manera, he perdido gran parte del MIEDO que, posiblemente, me tenía a mí mismo y, en consecuencia, a muchos elementos externos.

Siendo más flexible en general puedo perdonar mucho más fácilmente, puesto que reconozco enfrente los mismos fallos que he tenido o que puedo tener. Y puedo amar con más autenticidad porque, cuando entrego mi corazón, lo hago porque decido hacerlo y a la persona que creo merecedora de él (alejado de esas pasiones que tanto nos suelen hacer confundir sentimientos con otras cosas mucho más carnales). O también puedo decidir no amar y retirarme con más serenidad de aquellos terrenos sobre los que me sienta poco seguro o que, directamente, sé que llevan bastantes probabilidades de conducirme, tarde o temprano, a una amarga ruina… Es la experiencia, por tanto, una excelente maestra que nos ayuda a aprender y a alejarnos de lo malo y a valorar más lo bueno.

Cierto es que he dejado de creer en las promesas eternas y que no me doy tanto como antes pero no es menos verdad que, en paralelo, he aprendido a estar a gusto en soledad y soy mucho más consciente de la dimensión de mis valores. Ya me paro lo justo en alguien que no me da buenas vibraciones y, cuando tengo que decir algo, lo digo porque, a quien entiende tu lenguaje, no le hacen falta muchas explicaciones. Y a la vez, evito el contacto con determinadas personas que no caminan en mi misma dirección pues, a pesar de ser el mío un sendero amplio, he puesto un letrero de “Prohibido el paso” para quien pretenda lastarme. ¿Qué si soy diferente a como era? Mucho. Pero, aunque no me reconozca, me quiero más y ése es un estatus que sí que no cambio por nada.

by Snoron.com

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Cambios para empezar 2016

Esta mañana hacía mi último entrenamiento de 2015 con Álvaro, mi “personal training”. Unos encuentros que aprovecho para ejercitar los músculos y también la mente (la cual, en el fondo, funciona como un músculo pues, mientras más y mejor la entrenes, más y mejor rendimiento tiene). El caso que hablábamos de lo inteligente que es estar dispuestos a cambiar y a evolucionar de continuo a pesar de que sea una actitud para la que la mayoría no esté preparada. Y es que el ser humano es cómodo por naturaleza y prefiere dejarse llevar por la pereza que afrontar la gran revolución que supone modificar formas de pensar y comportamiento. Pero bueno, eso de instalarse en la negación -que parece más propio de adolescentes (aunque los haya sin límite de edad)-, cada vez va menos conmigo, con lo que, en los primeros puestos de mi lista de propósitos para 2016, está el dejarme fluir, dejarme llevar hacia donde más me interese y me quieran, sin un prejuicio preestablecido.
Eso supone que, a la vez, me alejaré de quienes no me aporten nada (y más todavía, de los que me resten), de esos/as que me intentan hacer sentir mal y me menosprecian con su actitud, de quienes son poco generosos, que han maltratado mi corazón de forma injusta, de aquellos que están enfadados con ellos mismos y pagan conmigo sus frustraciones, que mienten y se mienten a ellos mismos continuamente, de los que no tienen en su vida sitio para mí… ¡”Vade retro” a todos ellos! Y, al mismo tiempo, ¡bienvenidos a los que me cuiden, me mimen, me valoren y me hagan grande con su actitud y su cariño!
Dejo atrás la incoherencia entre lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía y busco el camino de la sabiduría uniendo estas tres patas sobre las que se asienta la personalidad del ser humano y digo adiós a los que me quieran seguir atando a etapas pasadas que no me gustan, a los que no perdonan, a los resentidos, a los que me encadenaron a no sé qué lugar por tener la edad que tengo… Estaré lejos de todo eso y también de los temores que, estúpidamente, nos impiden decirle a alguien que quieres que lo quieres y lo importante que es para ti, de los niños que juegan a adultos pero que hacen daño con sus rabietas infantiles… Quiero personas hechas y derechas, que miren de frente, que acepten con humildad sus errores y los de los demás, que no me prejuzguen por nada y, sobre todo y por encima de todo, que bajos, altos, gordos, delgados, jóvenes o mayores, tengan un corazón que de verdad no le quepa en el pecho.
Es posible que haya quien se quede en el camino pero lo que es seguro es que quien permanezca, y quien llegue a este cálido microuniverso, formará parte de mi verdad y de mi paz. Más no puedo dar aunque, eso sí, para esta ocasión no me conformaré con cualquiera. El que aspira a algo bueno, debe ser merecedor de ello.

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