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Mascarillas, “chutes” de belleza para el rostro

La primera vez que me puse una mascarilla era un niño. No sé. Tendría ocho o diez años y recuerdo perfectamente cómo de apasionante fue la experiencia de acercarme al bote de una de barro que tenía mi madre y ponerme la cara llena de aquel producto. Lo que no me imaginaba era que la dueña de aquello, es decir, mi mamá, me iba a pillar con las “manos en la masa” (o, mejor dicho, con la “cara en la masa”), y me iba a liar una de la que todavía me acuerdo.

Entonces (y no hace tanto, treinta años solo), los hombres no se cuidaban tanto como hoy cuando cualquiera, hetero o gay, se pone una mascarilla en casa. Además se han extendido tanto… Las hay en monodosis, en sobres con varias aplicaciones, en botes… Te las puedes hacer tú, comprar hechas… Vamos, que el que no las tiene es porque no quiere.

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Por mi parte, me declaro fan de las mascarillas. Pero fan, fan… De los que tienen unas cuantas en el frigorífico (aguantan mejor y, además, a mí me gusta ese efecto frío sobre la piel), en espera de encontrar ese día, que siempre aparece, en el que te apetece mimarte un rato y ponerte una. Algunas las entiendo más (como las del mar muerto, ácido hialurónico o frutas) y otras menos (como algunas raras que hay de polvo de perla, de oro…) pero todas tienen cabida en mi casa.

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Acabo de leer mientras escribía este post que casi el quince por ciento de las mujeres españolas las usa una vez a la semana, algo a lo que ha contribuido el que casi todo el mundo en Instagram haya subido alguna vez una foto con una puesta. Por lo visto las concentraciones de los principios activos de las que están hechas son bastante altas, lo que permite que no sea necesario su empleo diario y que los resultados sean espectaculares. Y en esto, como en todo, también hay modas, siendo las de mayor tendencia las de celulosa o hidrogel, que se adaptan al rostro y, tras el tiempo indicado, se retiran. Eso sin olvidar las de textura en crema y las arcillosas, ideales todas ellas para eliminar impurezas, células muertas, puntos negros y, por supuesto, calmar el cutis.

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En general, la media de las aplicaciones suele estar entre los 10 y los 20 minutos y, tras quitártelas, está bien aplicarte algún tónico o agua de belleza que fije el efecto porque, la verdad, notarse, se nota. Es como un resurgir de Ave Fénix que, con el estrés al que sometemos la piel hoy día, se agradece.

Así que decidiros, chicas y chicas, e introducid las mascarillas en vuestra rutina de belleza. Os hablaré de algunas concretas, poco a poco, para que podáis saber mi opinión de cómo van e, igualmente, si tenéis alguna que os vuelva locos/as, ¡aquí os espero! ¡Interactividad, por favor!

Los mejores secretos (naturales) de belleza de los famosos

Sé que los post de belleza os gustan mucho (al menos muchas visitas tienen). Es importante cuidarse y hacerlo con constancia y mimo. Yo llevo desde los diez años poniéndome mascarillas y cremas. Toda la vida. Recuerdo la primera vez que me puse una mascarilla de barro de mi madre. No sé por qué pero desde siempre me atrajo eso de verme bien (está claro que una progenitora para la que la belleza ha sido un hándicap influye bastante) pero es que siendo un chavalín de tan solo diez o doce años ya me daba mis tratamientos e investigaba, dentro de mis posibilidades de entonces, sobre este tema.

Usé cremas para las espinillas, tónicos, productos para el pelo… En fin, que no he dejado de dedicarme aunque haya sido un poco de tiempo para sentirme bien.

En esta ocasión os voy a dar trucos NATURALES de famosos que refiero en mi libro, “¡Hombres sin complejos!”, y que, con poco, pueden dar óptimos resultados. Todos son muy sencillos de hacer y con todos veréis resultados casi inmediatos así que, elegid el vuestro favorito y… ¡empezad lo antes que podáis! ¿Quién sabe si en alguno de ellos podéis hallar el “secreto de la eterna juventud”? Al menos por intentarlo que no quede… Hay fórmulas para el pelo, para la piel de la cara, del cuerpo, para las ojeras…

 

Eva Longoria

La actriz usa una mascarilla elaborada con azúcar y aceite de oliva que extiende por su rostro con un suave masaje circular.

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Jessica Alba

Lo suyo es corporal y es un exfoliante elaborado con café molido, yogur natural y limón.

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Catherine Zeta-Jones

¿De dónde vienen sus dientes tan blancos? De frotarlos con la pulpa de una fresa…

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Shakira

Azúcar y limón extendida por el cuerpo, y aclarada con agua, es su hidratante favorita.

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Demi Moore

Para su melena usa una mascarilla de yogur natural, aguacate y aceite de almendras.

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Cindy Crawford

Lava su cara cada mañana con leche diluida en agua.

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Jennifer Anniston

Si amanece con ojeras o bolsas, se pone crema para las hemorroides bajo los ojos y, la inflamación, se reduce de inmediato.

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Scarlett Johansson

Se lava la cara con vinagre de manzana, que mantiene su cutis fresco e hidratado.

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Flipando con el KOBIDO

La mujer de mi amigo Juan Alberto, el osteópata al que suelo ir desde hace varios años, es una chica fantástica con muchas inquietudes que también se está formando en el terreno de los tratamientos alternativos para mejorar nuestra salud y nuestra belleza. Y en este último sentido hace poco me dijo que quería que probase un tipo de masaje que está haciendo, el californiano, que por lo visto es estupendo para relajar en general el cuerpo.

Sin embargo, hace poco me ofreció otra cosa que me atrajo más y que se llama KOBIDO, otra variedad de masaje que, según me contaba esta mañana, le daban a los samuráis en Japón cuando volvían de la guerra. Luego, una emperatriz vio en qué consistía esta técnica y se dio cuenta de los beneficios que tenía para no solo estar bien por dentro sino también por fuera ya que colabora a tensar los músculos de la cara y a paliar y hasta hacer desaparecer algunas arrugas de la cara. Y hasta cierto punto tiene su sentido porque, igual que cuando vamos al gimnasio tensamos los músculos del cuerpo, en este caso lo que estamos es obligando, pasivamente, a activar los del rostro (y ya de paso a sentirnos tan, tan bien que solo puedo deciros que lo probéis para que sepáis lo que es).

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¿Cómo va el tema? Pues tú llegas al gabinete, te quedas sin camiseta y, a partir de ahí, con agua (sí, solo con agua y sin crema ni nada) y las manos, la profesional (Marta, en mi caso), comienza a trabajar sobre un lado de la cara, dándote una especie de pellizquitos hacia arriba y moviendo los dedos con una rapidez infinita pero a la vez suave. Párpados, mejillas, frente, cuello, escote… Toda esa parte es tratada durante más de una hora hasta que, poco a poco (al menos a mí me ha pasado), te quedas literalmente “frito” y más a gusto que un arbusto.

Luego, cuando terminas, reposas un poquito en la camilla y… ¡se obró el milagro! Pues aunque Marta me ha dicho que los resultados van a ir apareciendo en estos días, desde la primera sesión ya se notan los efectos en una mayor tersura de la piel. Así, por lo visto, igual que pasa en los gyms que al principio requiere mayor asistencia para ponerse a punto, con esto sucede lo mismo y se pasa de un par de veces al mes a luego una al mes o cada mes y medio. ¡Ah! ¡Para los hombres es importante que no vayamos recién afeitados!

Fijaros en los japoneses y pensad en sus cutis de porcelana y en su juventud eterna. Parte del secreto está en el KOBIDO hasta tal punto que, según he leído, hay quien piensa que sus efectos son similares a los de una cirugía. Yo solo sé que no sé nada pero, sea como sea, ¡tenedlo en cuenta!

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El peso ideal

Como esta Navidad nos hemos pasado, y ya empezamos a replantearnos todo el tema de la alimentación para la “puesta a punto” de antes de verano, quiero hablaros hoy de eso del peso ideal, en relación al que hay confeccionados unos varemos que, en función de la altura y edad, hablan en este sentido. El más popular quizás es el que dice que debemos pesar lo que, a partir de cien centímetros, marque nuestra estatura, o sea que si medimos 173, nuestro peso ideal serían 73 kilos (y así sucesivamente).

Falso. El peso ideal no existe. Así de tajante. Pero no porque a mí me dé la gana sino porque cada uno es cada uno y, lo que a un chico con una complexión ancha y muy musculado le vale, a un hombre de cincuenta con una complexión media, puede resultarle excesivo (o al contrario). La cuestión es sentirse bien y que nuestros kilos nos permitan llevar un estilo de vida saludable y realizar actividades físicas diferentes. La fisonomía y el metabolismo marcarán cómo debemos estar, sin obsesiones y sabiendo que, a medida que vamos cumpliendo años, el organismo se ralentiza, provocando el que sea más difícil eliminar las grasas y los sobrantes. Esto se nota sobre todo al alcanzar los cuarenta, momento esencial en torno al que gira este blog y que, para los hombres, es decisivo por la pérdida de testosterona que, entre otras consecuencias, provoca esa incómoda barriga (cambiemos el término, si lo preferimos, por el de “flotador”) la cual, si no tomamos “cartas en el asunto”, va creciendo con más facilidad que nunca.

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Pero no nos desesperemos porque eso no significa nada. Es más, el hombre tiene su mejor momento cuando entra en la quinta década de vida. Ahí es cuando el cuerpo se ha asentado y cuando, mentalmente, se encuentra más maduro. Por lo tanto apostemos por la felicidad y activemos solo el “pilotito” rojo para que no nos descuidemos porque nunca es tarde ni para empezar, ni para continuar (si nuestro mantenimiento viene de atrás).

Eso sí. Intentemos que el peso tienda, en porcentaje, a ser mayor en lo que a la masa muscular se refiere y menor en grasas para que nuestro aspecto sea atlético y no grasoso. Hay personas que parecen delgadas en apariencia pero que, de estar fibradas, pueden pesar mucho más de lo que imaginemos. Un objetivo que no alcanza todo el mundo pero que tampoco es imposible. Si te lo has marcado, ¡no renuncies a él!

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Ejercitando los músculos de la cara

Con el entrenamiento deportivo, del esfuerzo que hacemos al levantar pesas o en las diferentes rutinas cardiovasculares que existen, la cara tiende a cambiar y, con el tiempo, a angularse, marcándose más la mandíbula y, sin necesidad de quitarnos las bolas de bichat, afilándose el rostro.

Yo lo he notado mucho en esta última etapa, en la que he perdido tanta grasa y la he convertido en masa muscular, hasta tal punto que mucha, mucha gente (incluso amigos que hacía tiempo que no veía), cuando me he reencontrado con ella, hasta le ha costado trabajo reconocerme.

Pero más allá hay ejercicios que inciden expresamente en la cara para retrasar el envejecimiento tonificando la piel y dando un mejor color a nuestro cutis. Para ello proponeros al menos tres veces por semana esta “tabla” que, mirándoos al espejo, proporcionarán unos resultados que seguro en breve os sorprenderán. Si a esto le añadís un buen descanso y una buena alimentación… ¡el éxito está garantizado! Además, es muy, muy sencillo. Solo necesitamos, como siempre os digo, fuerza de voluntad y constancia…

¡¡¡¡Empezamos…!!!!!

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  1. Decid las vocales abriendo mucho la boca al decir cada una de las letras y sosteniendo el sonido durante unos cinco segundos.
  2. Sellad los labios y llenad la boca de aire estirando y tensando los músculos.
  3. Abrir la boca todo lo que podáis y cerradla todo lo fuerte que también podáis.
  4. Invertid la sonrisa con los labios unidos, algo que repercutirá en los músculos faciales y del cuello, previniendo y reduciendo la papada.
  5. Poned los dedos desde las comisuras labiales hacia afuera, presionando suavemente y, en ese momento, intentad dar un beso (mejora labios y mejillas).
  6. IMPORTANTE: Colocad los dedos sobre las cejas presionando para que no podáis fruncir el ceño y cerrar los ojos. Intentad fruncir el ceño (no debéis lograrlo) y subir las cejas oponiendo resistencia con los dedos (mejora frente y ojos).
  7. Para el contorno de ojos, simulad la forma de unas gafas con los dedos índices y pulgares alrededor y tensad la piel de la zona arriba y abajo. Parpadead unas 20 veces mientras mantenéis la tensión (debéis sentir la presión de los dedos dificultando el parpadeo).

Y recordad que mientras más os riais, más felices seáis, menos os estreséis, mejor aspecto tendréis. ¡Lo de fuera no es sino un reflejo de lo de dentro!

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Colágeno… y algo más

Hace un tiempo que empecé a tomar colágeno porque Paco, mi farmacéutico favorito, me comentó sobre una marca que lo combinaba con magnesio y ácido hialurónico. En realidad lo que quería es tomar magnesio y, a través de él, llegué a los botes de colágeno que cada vez están más de moda y que tantos beneficios tienen.

Antes de nada deciros que hay una empresa, PRISMA NATURAL, con la que tengo muchos proyectos en cartera y que tiene unos laboratorios magníficos y unos productos maravillosos que los tenéis en www.prismanatural.es y entre los que destaca precisamente la amplia variedad de colágenos con la que trabajan. Y aunque en España hace poco que está de moda, en Japón, por ejemplo, llevan mucho investigando con el colágeno y utilizándolo para retrasar y ralentizar los efectos del paso del tiempo (y reducir los riesgos de artritis, fibromialgia o tendinitis). Tened en cuenta que a partir de los 30 disminuye muchísimo la producción corporal de esta proteína (la más abundante en nuestro cuerpo, donde ocupa más de un tercio de las proteínas totales) y, en el momento que cumplimos los 40, el descenso es aún mayor. Si a eso le añadimos una vida activa, con deporte, la oxidación se multiplica con lo que, si la combatimos devolviéndole al organismo lo que de forma natural pierde, mucho mejor para nosotros. Además, el colágeno no solo actúa como sostén de nuestros músculos sino que, más allá, ayuda a la firmeza de la piel, razón por la que se ha convertido en presencia habitual en cremas y sérums que buscan regenerar el cutis.

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Yo voy a probar ahora el COLAGEN PLUS SPORT, muy rico en aminoácidos y vitaminas y que ayuda a la regeneración muscular y a la recuperación energética causada por la “tralla” del entrenamiento. En el catálogo de Prisma Natural los hay también, entre otros, para aumentar la flexibilidad o para incidir en mantener intacta la juventud (y hasta recuperarla en parte) pero me quedo con la que considero más cercana a mis necesidades y… ¡a ver qué pasa!

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Una amiga que trabaja en la firma de la que os hablaré mucho más a partir de ahora  me ha contado que su madre, que tenía una de estas enfermedades con las que te duelen los huesos, empezó a tomar el colágeno que le llevaba de la oficina y que, en un período breves, está mejor que quiere, sin dolores ni nada de nada. Por probar, que no quede…

 

Beneficios del ácido hialurónico

Hace bastante que no os hablo de nada de belleza pero, como el sol nos va a castigar durante unos meses la piel bastante más que en invierno, quería hoy pararme un ratito en un producto del que últimamente me han regalado una muestra que, directamente, me ha enamorado: el ácido hialurónico. Claro que conocía este ácido pero no este producto en concreto que lo tiene en una concentración del 93 por ciento, con lo que casi podríamos decir que es ácido hialurónico puro. Así, en el momento en el que me lo puse, la piel se me iluminó de una manera asombrosa.

Por lo visto este ácido está presente en nuestro cuerpo pero, con los años, se va perdiendo hasta tal punto que, cuando llegamos a los cincuenta, solo nos queda la mitad de lo que teníamos. Y aunque las pastillas y cápsulas dicen que no funcionan tanto como prometen, yo lo estoy usando en polvo en un bote que lo mezcla con colágeno y magnesio y, la verdad, los resultados los estoy notando mucho en las articulaciones y en la luminosidad del cutis.

Entre sus propiedades se encuentra la propiedad de retener agua en un porcentaje que equivale a mil veces su peso, con lo que supone un excelente hidratante y reconstituyente para la piel. Por eso muchas cremas y geles lo tienen como principio activo más destacado y por eso también se usa para cicatrizar heridas (por su capacidad regeneradora), en clínicas de fertilidad (por ser fundamental para células próximas al óvulo), o pinchado en clínicas estéticas bajo arrugas o pliegues de la piel (en especial en las zonas de las comisuras de los labios, las patas de gallo y las arrugas de la frente, en el pelo y en la nariz, glúteos o labios, que se rellenan con él).

¿De dónde se obtiene? Pues, ¡agarraros!, de las crestas de los gallos, del cordón umbilical y la aleta de tiburón y de las articulaciones del ganado vacuno y las vísceras de diversos animales marinos. Esa es la parte menos agradable. La más, que no tiene efectos secundarios y que, sus efectos, son, como os digo, maravillosos… ¡Haced la prueba!

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Cuidarse no tiene edad

Tengo que confesaros que me MOLESTA mucho cuando alguien dice: “¡Qué bien estás… para la edad que tienes!”. Porque o se está bien… o no. Y luego vienen los 30, los 40 o los que sean… Es como si a un escultor se le juzga la calidad de su obra en función de los años que él tenga. O nos gusta, o no nos gusta el resultado (me encanta la comparación porque yo pienso que uno termina “construyendo” la cara y el físico que, por su trayectoria, merece, convirtiéndonos en “escultores” de nuestro propio físico).

En mi caso reconozco que, a día de hoy, “estoy como nunca”, eso sí, pasando siempre que puedo por manos profesionales que, a nivel estético, saneen mi piel (y más después del verano, cuando nos castigamos tanto el cutis). Os contaba que he pasado el fin de semana en Madrid, donde mi querida amiga Mamen me recomendó acudir al centro de belleza TACHA. Allí, Natalia de la Vega ofrece unos exclusivos tratamientos a todo tipo de clientas entre las que se encuentran vips como Edurne, Paula Echevarría o Maribel Verdú, con la que coincidí tomándome un té en el jardín (sí… ¡un lujazo!).

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Gracias a Virginia, la relaciones públicas de la empresa, un coche me recogió en el hotel y me llevó directamente a las manos de Alexia, la chica que me aplicó un tratamiento facial basado en la tecnología LPG + oxígeno que quiero compartir con vosotros para que sepáis qué ocurre en este tipo de citas.

Lo primero que hizo Alex fue limpiarme la cara y, a partir de ahí, tonificarla con Hydrating Mist (tónico rico en ácido hialurónico + lavanda). De seguido me realizó un “peeling” de enzimas y cítricos que suele oscilar entre los 5 y los 10 minutos (el mío fue de 7). Posteriormente un segundo “peeling” con ácido glicólico y una gasa, insistiendo en marcas y arrugas pero sin apenas tiempo de exposición.
Es entonces cuando Alexia utilizó la tecnología LPG Facial, que remodela el tejido y activa la circulación, creando colágeno y elastina, pasándome una máquina por el rostro y el cuello. Por último, una mascarilla de velo colágeno (15 minutos) que daba paso a la oxigenación del rostro, mediante otro aparato que provocó el que la piel se viera más jugosa con un “efecto seda”, luminosa y vital.
Claro que, cuando terminé y me miré en el espejo, ¡no me lo creía! Porque sin pinchazos (y no los critico pero, de momento, no los he usado), uno puede estar radiante sin necesidad de volver a los veinte ni a los treinta (una opción, por otro lado, poco atractiva para mí). La sabiduría y la experiencia son dos valores que, en la actualidad, no muchos saben apreciar pero… ¿nos vamos a preocupar por medios días habiendo días enteros?

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Adipocitos… ¡fuera!

La grasa es un asco… Lo digo así de contundente porque es lo que me parece y, aunque sea necesaria, mientras menos tengamos, mejor. No es buena para la salud pero tampoco lo es estéticamente así que… ¡fuera!
Lo malo es cómo hacerlo porque podemos perder peso si llevamos una dieta adecuada y nos metemos de lleno con un buen entrenamiento pero las células adiposas, desde los diez-doce años, son las mismas que vamos a llevar toda la vida con nosotros. A no ser que nos sometamos, en casos más graves, a una liposucción (que las erradica), o, en casos más localizados, a un tratamiento de AQUALIX.
Conocido como el DETERGENTE DE LA GRASA, en el sector de la estética, el AQUALIX es un producto del que llevo escuchando desde hace cuatro o cinco años y que controla a la perfección la doctora CARMEN DANTA en la CLÍNICA MAREST. Allí ella te examina, te pesa y te dice cuánto te sobra y qué puede hacer por ti.
Sabéis que a los hombres se nos acumula la grasa en las mollas de la espalda baja y en la barriga (lo que viene a ser el “flotador” de toda la vida) y que, para las mujeres, los puntos “flacos” son el culete, las piernas y la barriga también (o hasta las rodillas). Gracias al Aqualix necrosaremos los adipocitos de cada zona y los eliminaremos vía orina/heces.

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¿Cómo va la cosa? Pues te pinchan con una aguja bastante grande (que no sientes) y te van distribuyendo el producto. Luego debes llevar una faja para comprimirte, estar sin tomar el sol ni hacer ejercicio una semana y tomarte unas pastillas para drenar líquidos. La verdad es que pasas unos días un poco hinchado (muy poco) pero enseguida se va todo y lo único que sientes como si te hubieras dado un golpe pero dura lo justo. Así, una vez al mes durante cuatro/cinco meses hasta que… ¡bye bye grasa!
Yo fui el otro día con mi querido PACO CERRATO y está encantado con los resultados que, hasta ahora, va teniendo. Eso sí… ¡Que te quiten esta grasa no significa que te puedas poner después de comer hasta arriba! Tendrás menos adipocitos pero pueden crecer con lo que… cuidadito…
Sé de varias famosas que se lo han hecho y todas hablan maravillas de este producto que, en el caso de nosotros, da resultados espectaculares. Animaros porque, además, la doctora es encantadora y el equipo de Marest, ¡igual!
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Verde que te quiero, verde

Mi madre siempre me lo ha avisado: “¡Qué sibarita eres!”. Y sí, he de reconocer que me gusta lo bueno, sentirme bien por dentro y por fuera y disfrutar de exquisiteces como un recorrido en las termas “Aire de Sevilla”. Si no hubiera que trabajar creo que cada dos por tres me daría una vuelta por ellas porque pocas cosas me parecen tan purificantes y relajantes como el baño, sea cual sea la modalidad de la que hablemos (aguas termales, jacuzzi, piscina de sal…).
Por eso, cuando esta semana pensé cómo celebrar mi cumpleaños, enseguida me vino a la cabeza este sitio donde, en esta ocasión, probé algo que han venido a llamar “Experiencia Green Hamman”. El caso es que tú llegas allí y, cuando ya te has aclimatado, vienen unas amables chicas con unas cariñosas sonrisas y te acompañan a una sala donde te pones sobre una especie de altar de piedra (yo me sentía como los Reyes Católicos en la catedral de Granada), calentita y forrada de plástico. Allí te tumbas y te dan un masaje craneal con un champú que da gloria con su olor a cítricos y empieza una sesión de una hora que casi podría decir que cambia tu vida. Después, con productos de igual fragancia a limón y lima, te hacen un “peeling” corporal que te deja nuevo y, tras una pequeña ducha, la historia continúa con un masaje de cuerpo entero que solo de pensarlo me vuelve loco…
Como la gente de la empresa son tan estupendos y detallistas, al salir me aguardaba la sorpresa de subir al jacuzzi de la azotea donde, ya de noche, la Giralda iluminada me hizo pensar lo afortunado que soy. Con un zumo delicioso y una cajita de bombones pasé el rato hasta que finalizó mi turno y me tuve que ir. Me hubiera acostado aunque hubiera sido en el suelo porque me quedé tan bien, tan a gusto, tan limpio, tan suave… que yo no era yo.
Siguiendo las indicaciones de la Biblia, el cuerpo es nuestro templo y, la verdad, no lo cuidamos nada. Hacemos demasiados excesos, lo entregamos demasiado rápido y lo despreciamos sin motivos. Cualquier excusa debe ser buena para mimarlo puesto que, enseguida, notaréis los efectos. Mens sana, in corpore sano…

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