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Los estragos navideños (y siempre) de la bebida en el entrenamiento

Nunca he bebido. Ni cerveza, ni vino, ni el resto de alcoholes tipo whiskey, ron o ginebra. Y eso que he tenido un bar catorce años. Pero no, no me atraía el alcohol. Hasta que probé la ginebra Puerto de Indias (con sabor a fresas) y me di cuenta de que no tenía un sabor fuerte y que, a la copa y media, me produce un efecto de bienestar que soy capaz de decir cosas que, en circunstancias normales, ni se me ocurriría (o se me ocurriría pero me costaría más).

Sea como sea, alcohol y entrenamiento están reñidos. Al menos si pretendemos tomar copas de forma continua y abusiva. Porque sí es cierto que una o dos copas de vino está demostrado que tienen beneficios sobre el sistema cardiovascular (por disminuir la formación de trombos y la coagulación de la sangre) y reducen los problemas de ateroesclerosis (endurecimiento y estrechamiento de arterias).

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¿Qué es el alcohol? ¿Carbohidrato? ¡No! Pero tiene 7 calorías por gramo, el doble que los hidratos o las proteínas (4 por gramo) y casi tantas como la grasa (9 por gramo). Eso sin aportar nutrientes y acumulándolo el cuerpo como glucógeno o grasa acumulada (con la dificultad que eso conlleva para eliminarlo).

¿Cuáles son los mejores? Pues por orden, el vino (pocos hidratos y muchos antioxidantes); el whisky, el brandy y el coñac, aunque cuidado con las dosis; el vino blanco (menos antioxidante); y la cerveza (aunque tiene el triple de hidratos que el vino y bastante gluten). ¿Cuáles son los peores? Los cócteles, por el azúcar, y, aunque no sean alcoholes, los refrescos, que duplican las calorías.

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No olvidéis tampoco que el alcohol es una droga blanda con efectos inmediatos y con efectos posteriores como la resaca y que para ganar masa muscular no es nada recomendable. ¿Qué pasa con esto? Primero que con la resaca hay que hidratarse y eso no beneficia a los músculos. Aparte producimos más testosterona y no descansamos igual (y, por tanto, el cuerpo no rinde lo mismo).

Para combatir eso (un poco) tenemos algunos trucos como beber agua antes y después, evitar comer grasas después de beber alcohol, tomar un par de frutas al levantarnos y comer después cosas ligeras. ¡Ah! Y ya sabes también que, si no mezclas, mejor que mejor… Esto es la teoría, claro. En la práctica ya decidís cada uno aunque al menos ya sabéis lo que hay…

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La leche de almendras, bebida de moda

Ya sabéis que a la leche, de un tiempo a esta parte, le han salido bastantes enemigos. Muchos dicen que, una vez que dejamos la teta, ya no es necesaria e incluso hay quien afirma que resulta hasta poco conveniente. A partir de esas opiniones comenzaron a salir opciones que se han popularizado (en sintonía con lo de la alimentación sana) y que son parte de la oferta ya de cualquier supermercado. Como la leche (o bebida) de almendras. Una bebida que tiene excelentes beneficios del tipo de aportar proteínas, fibras, micronutrientes (vitaminas y minerales), grasas buenas y ácidos grasos esenciales (omega 3).

Otra de sus ventajas es la de aportar arginina, aminoácido esencial que ayuda a la circulación de la sangre, permitiendo que el corazón trabaje de forma más cómoda y, en consecuencia, revertiendo en el funcionamiento óptimo del organismo. Eso por no hablar de que carece de lactosa o es recomendada para personas que padecen gastritis u otros problemas intestinales (ayudando a cortar diarreas y vómitos sin recuperaciones traumáticas). ¡Ah! También aporta calcio, hierro y cinc y vitamina A, y refuerza el sistema inmune y, en consonancia, ayuda al buen funcionamiento del aparato reproductor.

Vender, la venden en supermercados (yo la compro en Mercadona pero seguro que la hay en el resto) pero también la podéis hacer vosotros/as porque no es nada complicado. Solo necesitáis poner un puñado de almendras en un cacharro con agua toda la noche. Al día siguiente las enjuagáis y las metéis en una licuadora con dos o tres vasos de agua hasta que se haga una crema que por último se pasa por el colador.

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¿Calorías? Unas 30 calorías por taza (muy poco). ¿Más vitaminas? La D y la B2 (ideal para las uñas y el pelo). ¿Otras ventajas? No tiene gluten (apta para celíacos), regula la velocidad de absorción de azúcares, baja el colesterol “malo” y aumenta el “bueno”, tiene sustancias antioxidantes (vitamina E)… ¿Advertencias? No apta para los alérgicos a los frutos secos ni para quienes tengan alteraciones en las glándulas tiroides (provoca bocio), y, al igual que la soja, la coliflor o el brócoli, en exceso puede ocasionar tumores ya que sus productos químicos bloquean el yodo. Y, la más importante, mirad si en las preparadas aparece un aditivo potencialmente cancerígeno como son los “carragenanos”, extraídos de las algas rojas de mar. Se usa para espesar y estabilizar pero… ¡puede ser peligroso! (puede causar inflamación gastrointestinal y agravarse con síndrome de intestino irritable, enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa).

Más allá hay que tener precaución con este preparado puesto si nos pasamos puede provocar la formación de esa grasa que no deseamos y que siempre es un incordio. Por lo tanto olvidaros del mito que circula por ahí de que, especialmente con la que es 0 por ciento de azúcar, con la leche de almendras se adelgaza… ¡No!

Resumiendo. La leche de almendras es estupenda aunque, como todo, requiere de unas ciertas precauciones. Si las tenemos en cuenta todo irá sobre la seda e introduciremos otro alimento más en nuestra dieta. Cualquier novedad en este sentido siempre se agradece.

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