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Zumos y batidos caseros ideales para deportistas (1)

No sé si alguna vez os lo he dicho pero soy fan absoluto de los zumos y los batidos caseros. La verdad que, si tuviera que elegir, me quedaría con los zumos porque los batidos suelen ser más pesadillos a la hora de digerirlos pero todo depende de los ingredientes que elijas y siempre serán mucho más sanos que los otros proteicos que vienen en tarros y que, al final, sabemos que es química pura (y sí, yo los tomo pero soy consciente de que se hacen como se hacen).

Lo bueno de los batidos y los zumos naturales es que nosotros decidimos qué les echamos, pudiendo aprovechar lo que tengamos en el frigorífico y la fruta y productos de temporada. Además son sabrosos y concentrados en nutrientes, ricos en energía, bajos en grasas saturadas y con hidratos de carbono y proteínas que variarán en función de lo que usemos en su preparación. ¿Que los queremos más proteicos? Incorporemos clara de huevo, lácteos (bajos en grasas) y frutos secos como almendras, nueces o avellanas. ¿Que preferimos que tengan más hidratos? Optemos por las frutas naturales y los cereales. ¿Que buscamos un extra de energía? No olvides una cucharadita de jalea real, colágeno o levadura de cerveza, por ejemplo. Eso sí, SIEMPRE con edulcorantes (no azúcar) como el sirope de arce o agave o la stevia.

En cuanto a opciones, os voy a pasar algunas que a mí me gustan y sobre las que, claro está, podéis hacer variantes. Son solo el principio de un amplio listado que prometo ampliar…

Batido de plátano (ideal para antes del deporte): 1 plátano, leche de almendra (light), tres nueces, una cucharada de cacao sin azúcares, sirope de agave, canela.

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Batido de plátano y galletas: 1 plátano, cinco galletas, cuatro nueces, edulcorante, leche desnatada (200 ml).

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Zumo de frutas: 1 pera, 1 rodaja de piña, zumo de lima, dos vasos de agua natural, una cucharada de miel.

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A media mañana (o para antes de entrenar también) me gusta usar a veces avena, incorporando ese extra de hidratos limpios necesarios al comienzo del día. En definitiva, se trata de reivindicar una alimentación saludable para desmitificar que todo lo que rodea la comida de quienes entrenamos es malo. Es cuestión de sabérselo montar y sacarle a la Naturaleza todo el provecho positivo que podamos. Que puede ser mucho.

Precaución con las dietas proteicas

Hablar de proteínas se habla mucho y hay quien, por iniciativa propia, decide confeccionarse una dieta en la que solo se consuman productos proteicos (recordad que, aún así, todos los alimentos tienen, en mayor o menor medida, proteínas, carbohidratos y grasas). Sin embargo pocos advierten que con este tema hay que tener precaución pues un consumo excesivo de proteínas puede derivar en que el hígado y los riñones se sobrecarguen y que, como consecuencia, nuestra salud se resienta.

Sí que es importante que, para desarrollar masa muscular, tomemos proteínas que pueden venir de productos naturales (huevo, pescado o carne) o de los batidos que todos conocemos y que, en la actualidad, se venden hasta en los supermercados. La variedad de estos últimos es tan grande que los hay desde proeícos puros (isolados) a otros con un porcentaje de carbohidratos que variará en función de la intensidad del ejercicio que hagamos (mejor los de menor porcentaje de carbohidratos).

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Como cálculo, lo normal son dos gramos de proteínas por kilo al día salvo quienes hacemos ejercicio que, al castigar más al organismo, debemos tener prevista una ingesta mayor. Eso sí, si no tomamos alcohol y evitamos las grasas saturadas es evidente que favoreceremos a que toda la absorción (y los efectos secundarios negativos) sea más sencilla. Si además nos aficionamos al té verde o a otras bebidas depurativas, iremos en un camino mucho más favorable que será supercompleto si añadimos zumos o alguna fruta (especialmente después de entrenar).

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Otra cosa… Si por lo que sea nos tomamos una pausa –y dejamos de hacer ejercicio-, también debemos disminuir la cantidad de proteínas que comamos. ¿Por qué? Pues porque las consecuencias de pasarnos de hidratos son un poco “chungas”:

  1. Más orina (porque hacemos trabajar más al riñón) y más urea (porque hacemos trabajar más al hígado).
  2. Riesgo de descalcificación ósea con riesgo, en consecuencia, de facturas.
  3. Riesgo de ácido úrico por el aumento de los niveles de purinas.

En fin, que todo pasa por una buena planificación alimenticia y, para eso, dejaros asesorar por buenos profesionales… ¡Es lo mejor!