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¿Qué (no) comer en Navidad?

Bueno, bueno, bueno. Llega un momento crucial en el año: la Navidad. Sobre todo para nuestras dietas porque todo el mundo se conciencia de que, durante estas fechas, cogerá dos o tres kilos. Pero, ¿se puede evitar esto? ¿Podemos afrontar las Navidades sin que supongan un cataclismo en nuestro cuerpo? Porque claro, esto no es el día de Nochebuena, la Nochevieja, Fin de Año y Reyes. No, no, no. La Navidad son tres semanas de comilonas de empresa, quedadas con los amigos, de turroncitos cuando terminamos de comer… En fin… Un auténtico desastre para el peso pero también para nuestra saludo puesto que, ¿cuántas veces nos ponemos malos con cólicos, molestias o dolores de cabeza al día siguiente de cualquiera de estas citas?

Yendo al grano (y siempre contándoos mi experiencia en este sentido)… Hay que equilibrar. Esto es superimportante. Por eso, cuando tengamos un exceso, compensemos con un defecto. Que una noche nos pasamos mucho, al día siguiente controlamos lo que comamos, sin perder las cinco comidas, pero yendo a menos en cada una de ellas (y lo más ligero y sano posible, esto es, tirando de la plancha y de ensaladas). Incluso no estaría de más que, una vez pase el 24 y el 25, primero, y el 31, después, hiciéramos un día solo a base de infusiones y fruta (piña, por ejemplo), para limpiar y depurar el organismo.

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Aparte, en los momentos de copiosidad, intentemos controlar, para empezar. No se acaba el mundo, ni estamos en una guerra, ni nada de eso. Con el marisco no hay problema, y con las carnes como el pavo o el pollo -o los pescados, en general, tampoco-, lo malo en Navidad, sobre todo, empieza después (evitando también un poco el pan, los fritos y las salsas). ¿Por qué? Porque después llegan… ¡los turrones! Y los mantecados, las peladillas, los bombones… ¡NO! No nos arrebatamos con este pequeño universo del dulce porque sus consecuencias son nefastas. Sí que podemos (y debemos) disfrutar de un capricho pero… ¡sin abusar!

Luego, cuando salgamos a restaurantes, sigamos la misma política “de contención”, dejando lo más grasiento para cuando estemos en circunstancias menos festivas y nos hagamos nuestra cena o almuerzo “libres”. Y repito que no se trata de reducir nuestro horizonte culinario a pechugas y ensaladas pero no perdamos de vista el “Pepito Grillo” que nos advierte de los peligros de los excesos.

Si además, bebemos mucha agua y, los días que no son de fiesta, aprovechamos para ir un poco al gimnasio (y después del entrenamiento nos metemos, si tiene el nuestro, en la sauna), os aseguro que para subir la cuesta de Enero iremos mucho, mucho pero mucho más ligero que de costumbre. ¡Palabra de Blogger!

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Los (muchos) peligros de los “quemagrasas”

En los años que hace que llevo yendo al gimnasio he escuchado sobre todo tipo de productos milagrosos que ayudan a quemar las grasas “sin esfuerzo”. Vaya, que tomándote alguna de esas pastillas la grasa desaparece, según anuncian en ocasiones, sentado y hasta comiendo lo que te dé la gana… ¡FALSO!

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Ni la L-carnitina, ni el glucagón, taurina, lecitina, óxido nítrico, creatinina… Ninguno de esos “fat burners” sirven absolutamente de nada si, para empezar, no nos movemos. Pero es que, en realidad, aunque nos movamos, sus efectos (en especial, sobre la salud), son bastante discutibles. Tened en cuenta que algunos de estos productos mezclan diuréticos, anfetaminas, laxantes, cola de caballo… o la hormona tiroidea que, solo esta sustancia, disminuye el calcio óseo y ACELERA LA OSTEOPOROSIS. Por si fuera poco, son muchas las advertencias añadidas pues pueden producir depresiones, psicosis, cuadros de ansiedad, hipertensión, arritmias, fibrosis renal…

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Así que… ¿de veras merecen la pena? Aparte que, para fundir la grasa corporal -lo digo en lenguaje básico, para que nos entendamos-, sería necesario subir la temperatura del cuerpo varios cientos de grados (más que si estuviéramos metidos en un horno) por lo que, “fundir la grasa en pocos minutos”, según algunos prometen, sería directamente convertirnos en una pira humana.

Pero claro… Es que todo este mercado mueve millones de euros con lo que es un gigante al que cualquiera se enfrenta… Al final, por mucho que digan, como lo natural no hay nada y, si bien es cierto que el “efecto placebo” es muy poderoso (lo que la mente crea, aunque no haya nada real en ello), si acudimos a referencias médicas y científicas, la mayoría coinciden en que esto de los “quemagrasas” es… UN TIMO.

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¿Qué podemos hacer?… Lo de siempre: una buena dieta, lo primero, y ejercicio, lo segundo. Cardio, cardio y más cardio para movilizar las grasas. ¡Y beber agua! Ya sabéis: dos litros de agua, aproximadamente. Y algo más… ¡No consumáis nada que no esté comprobado y aceptado desde la disciplina farmaceútica! ¡La salud es lo primero!

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Zumos y batidos caseros ideales para deportistas (1)

No sé si alguna vez os lo he dicho pero soy fan absoluto de los zumos y los batidos caseros. La verdad que, si tuviera que elegir, me quedaría con los zumos porque los batidos suelen ser más pesadillos a la hora de digerirlos pero todo depende de los ingredientes que elijas y siempre serán mucho más sanos que los otros proteicos que vienen en tarros y que, al final, sabemos que es química pura (y sí, yo los tomo pero soy consciente de que se hacen como se hacen).

Lo bueno de los batidos y los zumos naturales es que nosotros decidimos qué les echamos, pudiendo aprovechar lo que tengamos en el frigorífico y la fruta y productos de temporada. Además son sabrosos y concentrados en nutrientes, ricos en energía, bajos en grasas saturadas y con hidratos de carbono y proteínas que variarán en función de lo que usemos en su preparación. ¿Que los queremos más proteicos? Incorporemos clara de huevo, lácteos (bajos en grasas) y frutos secos como almendras, nueces o avellanas. ¿Que preferimos que tengan más hidratos? Optemos por las frutas naturales y los cereales. ¿Que buscamos un extra de energía? No olvides una cucharadita de jalea real, colágeno o levadura de cerveza, por ejemplo. Eso sí, SIEMPRE con edulcorantes (no azúcar) como el sirope de arce o agave o la stevia.

En cuanto a opciones, os voy a pasar algunas que a mí me gustan y sobre las que, claro está, podéis hacer variantes. Son solo el principio de un amplio listado que prometo ampliar…

Batido de plátano (ideal para antes del deporte): 1 plátano, leche de almendra (light), tres nueces, una cucharada de cacao sin azúcares, sirope de agave, canela.

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Batido de plátano y galletas: 1 plátano, cinco galletas, cuatro nueces, edulcorante, leche desnatada (200 ml).

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Zumo de frutas: 1 pera, 1 rodaja de piña, zumo de lima, dos vasos de agua natural, una cucharada de miel.

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A media mañana (o para antes de entrenar también) me gusta usar a veces avena, incorporando ese extra de hidratos limpios necesarios al comienzo del día. En definitiva, se trata de reivindicar una alimentación saludable para desmitificar que todo lo que rodea la comida de quienes entrenamos es malo. Es cuestión de sabérselo montar y sacarle a la Naturaleza todo el provecho positivo que podamos. Que puede ser mucho.

La leche de almendras, bebida de moda

Ya sabéis que a la leche, de un tiempo a esta parte, le han salido bastantes enemigos. Muchos dicen que, una vez que dejamos la teta, ya no es necesaria e incluso hay quien afirma que resulta hasta poco conveniente. A partir de esas opiniones comenzaron a salir opciones que se han popularizado (en sintonía con lo de la alimentación sana) y que son parte de la oferta ya de cualquier supermercado. Como la leche (o bebida) de almendras. Una bebida que tiene excelentes beneficios del tipo de aportar proteínas, fibras, micronutrientes (vitaminas y minerales), grasas buenas y ácidos grasos esenciales (omega 3).

Otra de sus ventajas es la de aportar arginina, aminoácido esencial que ayuda a la circulación de la sangre, permitiendo que el corazón trabaje de forma más cómoda y, en consecuencia, revertiendo en el funcionamiento óptimo del organismo. Eso por no hablar de que carece de lactosa o es recomendada para personas que padecen gastritis u otros problemas intestinales (ayudando a cortar diarreas y vómitos sin recuperaciones traumáticas). ¡Ah! También aporta calcio, hierro y cinc y vitamina A, y refuerza el sistema inmune y, en consonancia, ayuda al buen funcionamiento del aparato reproductor.

Vender, la venden en supermercados (yo la compro en Mercadona pero seguro que la hay en el resto) pero también la podéis hacer vosotros/as porque no es nada complicado. Solo necesitáis poner un puñado de almendras en un cacharro con agua toda la noche. Al día siguiente las enjuagáis y las metéis en una licuadora con dos o tres vasos de agua hasta que se haga una crema que por último se pasa por el colador.

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¿Calorías? Unas 30 calorías por taza (muy poco). ¿Más vitaminas? La D y la B2 (ideal para las uñas y el pelo). ¿Otras ventajas? No tiene gluten (apta para celíacos), regula la velocidad de absorción de azúcares, baja el colesterol “malo” y aumenta el “bueno”, tiene sustancias antioxidantes (vitamina E)… ¿Advertencias? No apta para los alérgicos a los frutos secos ni para quienes tengan alteraciones en las glándulas tiroides (provoca bocio), y, al igual que la soja, la coliflor o el brócoli, en exceso puede ocasionar tumores ya que sus productos químicos bloquean el yodo. Y, la más importante, mirad si en las preparadas aparece un aditivo potencialmente cancerígeno como son los “carragenanos”, extraídos de las algas rojas de mar. Se usa para espesar y estabilizar pero… ¡puede ser peligroso! (puede causar inflamación gastrointestinal y agravarse con síndrome de intestino irritable, enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa).

Más allá hay que tener precaución con este preparado puesto si nos pasamos puede provocar la formación de esa grasa que no deseamos y que siempre es un incordio. Por lo tanto olvidaros del mito que circula por ahí de que, especialmente con la que es 0 por ciento de azúcar, con la leche de almendras se adelgaza… ¡No!

Resumiendo. La leche de almendras es estupenda aunque, como todo, requiere de unas ciertas precauciones. Si las tenemos en cuenta todo irá sobre la seda e introduciremos otro alimento más en nuestra dieta. Cualquier novedad en este sentido siempre se agradece.

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Proteica y deliciosa: crema de cacahuete

Recuerdo que hace años probé la crema de cacahuete y que no me gustó nada. Como todos la tenía asociada a la cultura gastronómica americana y en aquel entonces me pareció poco apetitosa y con un sabor bastante fuerte. Supongo que sería la marca porque hace poco he vuelto a comprarla, en una tienda de productos para gimnasios, y no me puede gustar más (y tener más ventajas para los que hacemos deporte y buscamos buenos objetivos en nuestro entrenamiento y mejora muscular).

Lo que sí aseguraros que sea crema de cacahuete pura y que no tenga azúcares ni nada de eso, es decir, que sea cacahuete triturado con agua (vamos, que lo podéis hacer vosotros/as mismos en casa). Un alimento con una gran carga proteica (entre el 20 y el 30 por ciento) y también, como todos los frutos secos, con un porcentaje elevado de grasa. Sea como sea es ideal para antes de entrenar y como alimento post-entreno también por la energía extra que aporta.

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Tampoco preocuparos demasiado por las grasas porque son de buena calidad y, además, contiene vitamina E, potasio, calcio, magnesio, hierro y vitaminas del complejo B. Lo que sí es más conveniente tomarla por la mañana y, repito, en momentos previos y posteriores al entrenamiento.

¿Qué más ventajas tiene la crema de cacahuete?

  • Es rica en fibra, que nos sacia y regula la flora intestinal.
  • Por la cantidad de vitaminas y minerales que tiene es antioxidante.
  • Reduce el desarrollo de enfermedades cardíacas.
  • Mejora la circulación sanguínea, siendo una gran fuente de hierro (que, además, favorece una correcta función muscular y cerebral).
  • Controla el nivel de azúcar en sangre. Si tenemos diabetes o riesgo de padecerla, deberíamos incluirla en la dieta.
  • Previene el envejecimiento celular prematuro gracias al resveratrol, antioxidante relacionado con las enfermedades cardíacas y cancerígenas (pues disminuye el riesgo de desarrollar cáncer.
  • Favorece ganar masa muscular.

En sándwich, con avena… sola. La crema de cacahuete es una maravilla llena de ventajas para el paladar… y para nuestro cuerpo.

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Cómo eliminar la grasa abdominal

La grasa en el abdomen es un rollo. Un coñazo. ¡Lo peor! ¡La odio! ¡No puedo con el hecho de pasarme el día a dieta y en el gimnasio y que el “rollo” no se vaya jamás! Porque las mujeres tenéis la celulitis pero los hombres tenemos… ¡el “rollo”! El michelín, la “barrigota”, por delante, y el “flotador”, por detrás. Y por mucho control que tengas en la alimentación, por mucho cardio que hagas, eso siempre está ahí. O casi. Porque es evidente que para cada problema hay una solución y éste también la tiene.

Porque presumir de abdomen es algo que todos queremos así que, pensando en verano, voy a proponeros dos caminos en este sentido puesto que, más allá, no dejéis engañaros porque no existe NADA. Ni cremas, ni fajas, ni pastillas, ni nada.

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  1. Rápido y más caro. Una liposucción o el lipoláser, que es como una liposucción pero más avanzado, pues se hace con un láser que quema esa grasa concentrada que luego eliminamos vía sudor o a través del orín (ya profundizaremos un día en esto porque creo que terminaré haciéndomelo).
  1. Lento pero más económico. La mayoría de los estudios hablan de que hay que hacer ejercicios abdominales, mucho cardio y, cómo no, una dieta adecuada pero que esto incidirá más en aumentar la resistencia muscular que en eliminar la grasa. Es decir, aunque hagamos cientos de flexiones, no vamos a conseguir un “six pack” en condiciones a no ser que aumentemos la masa muscular y, a través de la alimentación, evitemos acumular kilos.

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¿Trucos?

  • No nos saltemos ninguna comida puesto que el organismo se ralentizará y tenderá a acumular grasa.
  • Empieza el día con agua caliente con limón (que, como sabéis, es astringente).
  • Antes de desayunar, si puede ser, hacer ejercicios de cardio durante media hora o cuarenta y cinco minutos (el cuerpo usará entonces las calorías acumuladas).
  • Cena algo bajo en calorías para que el organismo haga bien la digestión.
  • Haz ejercicios abdominales en diferentes series a lo largo de la jornada, puesto que así incidirás más en el “rollo”. Pero, ¡ojo! ¡Que los sientas! Que sientas cómo estás trabajando y no pasando el rato.
  • Que no falten verduras y alimentos ricos en fibra.

Y nada. Paciencia, chicos y chicas porque es lo único que nos queda. Mucha fuerza de voluntad y mucho tiempo para, aunque perdamos una batalla, ganar la batalla contra la grasa.

 

Abdominales

¿Es mejor la ternera o el pollo?

Para la gente que entrenamos, y que llevamos dietas proteicas, la carne –que tiene proteínas de alta calidad porque tiene todos los aminoácidos esenciales- es casi indispensable, aunque no siempre se conoce muy bien las características de las más permitidas (por menos grasas). Hoy he cenado dos hamburguesas de ternera y cuando he terminado –siempre me pasa cuando como ternera-, he notado cómo los músculos se me han hinchado y, de pronto, como que me siento más fuerte. Pero, ¿mejor ternera o pollo? ¿Carnes rojas o blancas?

Empecemos por definir:
Carnes blancas

Son las de aves como pollo, gallina, pavo, avestruz y conejo (y alguna variedad de ternera blanca). Contienen más proteínas y menos grasas. Previenen enfermedades cardiovasculares y demencias como el Alzheimer debido a sus propiedades antioxidantes, regeneran los tejidos corporales, mejoran el funcionamiento del sistema nervioso por la vitamina B1, previenen la osteoporosis (por el calcio y el fósforo), combaten la anemia por su riqueza en hierro y vitamina B12, poseen propiedades anticancerígenas debido al selenio y aumentan las defensas por el zinc.

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Carnes rojas

Cordero, buey, cerdo y carne roja de ternera. Más ricas en grasas y, en alguna ocasión, con una sustancia cancerígena como es la nitrosamina (por eso se recomienda tomar menos).

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Debemos tener en cuenta que nos interesa hablar de la versión más sana de cada una de ellas puesto que ambas pueden encontrarse con grasas. Por tanto irá en función del corte de la carne, por un lado, y la forma de cocinarla porque si freímos una pechuga de pollo, siempre será mejor un filete de ternera a la plancha.

En cuanto a datos objetivos en relación a las carnes, por ejemplo, las carnes procesadas tienen más grasas saturadas, más calorías y sodio y aditivos que pueden ser peligrosos si se consumen en exceso. Además la Fundación Española del Corazón recomienda comer carnes rojas tres o cuatro veces por semana en cantidades de 100 a 125 gramos. ¿Más? Las proteínas sacian y eso está bien a la hora de perder peso, siendo las carnes más proteicas la pechuga de pavo, el atún, la pechuga de pollo y los cortes magros de ternera. Ya sabemos, por último, que el omega 3 ayuda a incrementar la masa muscular, a cuidar de la piel y del funcionamiento cerebral (y, en general, a estar bien), encontrándose sobre todo en pescados grasos como el jurel, la caballa, el atún, el salmón o las sardinas.

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Una vez aprendido todo esto, lo ideal sería ir combinando, eso sí, evitando frituras, fiambres  embutidos. Bien empleadas las carnes son muy beneficiosas. ¡Aprovéchalas!

Perder peso (y grasa) sin notarlo

En mi penúltimo post os comenté que había comenzado una dieta proteinada que me ha tutelado el doctor Paco Ortiz, propietario de la Clínica Teknobell de Sevilla y uno gran especialista en nutrición. Han sido diez días que os relaté al principio y de los que me gustaría comentaros mis conclusiones (os paso el enlace por si queréis volver a consultar primero ese post del que os hablo http://estoycomonunca.com/2017/04/01/la-experiencia-de-la-dieta-proteinada-proteica ).

Ahí os explico lo difíciles que fueron los dos primeros días y medio, durante los que tuve bastante ansiedad (arggg), pero la tranquilidad de después cuando el organismo ya se acostumbra y de pronto entras en una calma que a mí mismo me sorprendía. Cierto es que en algunos momentos (en especial, en las comidas intermedias) el cuerpo me pedía algo más de cantidad de comida pero al final te terminas acostumbrado y, como bien sabéis, cuando entramos en una rutina es fácil permanecer en ella el tiempo que sea.

Por eso, cuando a la semana Paco me preguntó si quería continuar cinco días más y terminar de quitarme esa grasa que tanto me obsesiona, no le puse inconveniente, alegrándome mucho de los resultados que me dieron el viernes puesto que el balance total es de tres kilos de grasa menos y 74,5 kilos de los que, solo el 9 por ciento, es el porcentaje total de grasa corporal.

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Esto es fantástico porque supone entrar casi en unos parámetros de atleta pero, por si fuera poco, Paco me ha prometido que vamos a intentar luchar con los últimos restos de grasa con una nueva técnica médica de la que voy a ser “cobaya” en Sevilla y que, así en líneas generales, pasa por la congelación de la misma (cuando tenga más datos, os diré).

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Volviendo a la alimentación, una vez que ha terminado este ciclo, hay que mantenerse para evitar el temido “efecto rebote”, que pasa cuando de pronto uno empieza a comer más aún de lo que comía. Eso no significa que ayer no me pegara un “homenaje” con una hamburguesa, una ensalada y un helado (ummmmmm) para recompensar el sacrificio previo durante el que, tal y como me prometió el doctor, he mantenido intacta la masa muscular, que era algo que me preocupaba bastante. Es más, he empezado con un nuevo entrenador que, incrédulo de que todo fuera como os explico, me hizo volverme a pesar para, en su caso, darme unos niveles de 8,4 de grasa corporal.

Ahora lo que estoy haciendo es volver a mi dieta habitual aunque metiendo más verdura a mediodía y por la noche (de momento he quitado los hidratos puros y duros) y aprovechando los productos de Paco Ortiz para las comidas intermedias. Sus galletas de chocolate, los barquillos, los flanes, los batidos son tan deliciosos que de veras merecen la pena para demostrar que en la actualidad se puede comer saludable sin pasar hambre, eso seguro, y sin renunciar a pequeños placeres como estos para los que son amantes del dulce.

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La experiencia de la dieta proteinada (proteica)

A principios de semana me pesé en la Clínica Teknobell de mi querido amigo Paco Ortiz, uno de los mejores nutricionistas y médicos estéticos que tenemos en nuestro país. Y aunque sabía que estaba pasado de kilos, porque tengo mucha masa muscular y la masa muscular pesa bastante, no me imaginé que era para tanto porque, atención, había llegado a los 77, 4 kilos!!!

La última vez que me había pesado estaba en 72 o 73 kilos con lo que había cogido cinco en poco tiempo. Cierto es que el porcentaje de grasa no era mucho, 13, 5 por ciento aproximadamente, pero no podía mantenerme ahí porque luego se va acumulando todo y cualquiera lo quita. Vamos que necesito quitarme dos o tres kilos de grasa, mínimo, y quedarme en un 11 por ciento, aunque Paco me dijo que mi constitución actual es de un atleta profesional.

El caso es que me puso una dieta proteinada (o proteica, como prefiráis) que he cumplido a rajatabla desde el primer día (martes) y sobre la que quería contaros ahora que solo me faltan tres días. Tal y como él me advirtió, los dos primeros días han sido bastante complicados, con mucha ansiedad y nervios y un vacío en el estómago que no podía soportar. Luego ya, igual que también me dijo el doctor, pasé a una especie de calma que me hace estar bien y no darme cuenta de que estoy a dieta (de no ser porque solo como lo que me han mandado).

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Por lo visto lo bueno de este tipo de rutinas alimentarias es que cuidan la masa muscular y, sobre todo, en mi caso lo mejor es que solo durará una semana, es decir, que el martes volveré a mi alimentación habitual (con mi día libre incluido, jajaja). Ya a estas alturas, llevo casi cinco días, me noto mucho más pegado, aunque también más vacío muscularmente. Al gimnasio solo voy a hacer cardio (lo único permitido, puesto que no se puede coger pesas) y estoy bastante ilusionado en que el sacrificio merezca la pena.

¿Qué se come? Cinco/seis comidas al día que se basan en unos productos propios que tiene el doctor Ortiz y que se engloban en la marca “Essential Diet”. Resumidamente, la dieta es lo siguiente:

*Desayuno: dos tostadas con un paté (todo de “Essential Diet”).

*Media mañana: batido de chocolate intenso (buenísimo).

*Mediodía: salchichas con su mostaza y kétchup (proteicas, claro) y verduras crudas o a la plancha, muy especiadas (con éstas se compensa los hidratos que quitamos, pudiendo tomar de un listado que te dan todas las que quieras o, de otro, 200 gramos).

*Media tarde: batido de chocolate intenso.

*Cena: salchichas y verduras, igual que a mediodía.

*Postcena: uno de los productos (barrita de chocolate blanco, flan de chocolate o chocolatinas, todo rico).

Aparte, unas pastillas de vitaminas y beber. Mucha agua y té. Eso es esencial. Beber todo lo que puedas y más para llenarte, por un lado, y limpiarte, por otro ya que, otro de los objetivos es renovar el organismo.

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Repito. Queda poco para terminar. No es un régimen que se pueda mantener por mucho tiempo porque entras en cetosis que es lo que pasa cuando el metabolismo destruye las grasas y las lleva por el organismo, “envenenando” la sangre y, en consecuencia, los riñones. Por eso tened precaución y NO SE OS OCURRA hacer nada de esto sin control médico. Es fundamental y necesario.

 

¡Os seguiré informando!

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Hola! Cómo estáis???  Veo que echáis de menos mis posts y que, cuando subo algo, las visitas aumentan considerablemente con lo que voy a tener que plantearme meter más cositas. Sí me gustaría que me contaseis vuestras dudas y que me dijerais si hay algo que os provoque curiosidad para centrarme en esos temas porque, en el cuidado personal, hay tantas opciones…

Hoy quería deciros algo que he estado descuidando un poco y que a la vez siempre me ha provocado muchas dudas: la comida de después de entrenar (y que no debe producirse más allá de media hora después de finalizar). A veces coincide en que terminamos y llega el almuerzo o la cena (que habría que reforzar un poquito y en la que no pueden faltar los hidratos –aunque sea de noche-) y otras que necesitamos hacer una toma antes de las comidas principales.

En ese caso recuerda que el carbohidrato permite recargar el glucógeno quemado y que necesitamos glucosa para el músculo y fructosa o galactosa para el hígado. ¿Cantidad? Depende de la alimentación y el entrenamiento que hayamos hecho. Si hacemos cardio tendremos el glucógeno más bajo que con el entrenamiento de fuerza pero bueno, como general, ingerid entre 0.6 y 0.8 grs. de carbohidrato por kilo de peso corporal. ¡Ah! Lo ideal sería que el 50-60 por ciento de los carbohidratos diarios los consumiéramos después de entrenar… Como glucosa tenéis la patata cocida, el boniato, la batata o el arroz (unos 20-30 gramos por cada 100 gramos de peso) y como fructosa, por ejemplo, el plátano y la miel.

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¿Proteína? Entre 20 y 30 gramos es lo ideal, es decir, 100-150 gramos de carne/pescado, una lata de atún o sardinas, tres o cuatro huevos cocidos… ¿Proporción hidratos y proteínas? 1:1 o 1:2 (proteína:carbohidrato) en entrenamientos de fuera y 1:3 cuando se gasta más energía.

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Y aunque de la grasa no se suela hablar, si te tomas un poco de aguacate o varios frutos secos, tampoco está de más.

Otro alimento muy completo es la leche, entera, que, ya de por sí, mezcla proteína, carbohidrato y grasa. Incluso hay quien afirma que un vaso de leche con chocolate es suficiente para la recuperación muscular.

Glass of Chocolate Milk with Two Straws --- Image by © Royalty-Free/Corbis

Sea como sea, la química NO es necesaria si cuidáis lo que coméis, lo medís y lo hacéis con constancia y cuidado, hallaréis resultados óptimos. ¡Hasta pronto!