Las relaciones son cosa de dos

Desde siempre he pensado que las relaciones, sean de la índole que sean, son cosa, como mínimo, de dos. Es decir que, ya sea pareja, ya sea amigo, ya sea compañero de trabajo o de estudios o, simplemente, conocido, para que es vínculo funcione -de forma sana, se entiende-, necesita que exista participación por ambas partes. Eso no significa que todo tenga que ir al 50 por ciento pues, incluso dentro de una misma unión, los tiempos hacen que en ocasiones sea uno el que más ponga y, en otras, el contrario pero, al final, la implicación, el interés para que eso salga adelante debe ser similar.

Recuerdo que tenía una persona muy cercana, hace muchos años, a la que quise muchísimo, con la que establecí muchos lazos. Me encantaba estar con él (era un chico), íbamos juntos al teatro, salíamos, compartíamos proyectos laborales… Hasta que, de pronto, empecé a pensar hasta qué punto era yo importante para ése al que yo tanto admiraba. E hice la prueba. Dejé de llamarlo, de contar con él y… en un abrir y cerrar de ojos, aquello se esfumó. Y lo hizo tan rápidamente porque, en realidad, posiblemente nunca había existido. Al menos no en la línea de cómo entiendo yo la amistad.

A partir de ahí (a pesar de que, como os digo, es algo que tuve desde muy pronto muy clarito), he intentado a lo largo de mi vida que, aquellos/as con los que he mantenido contacto, mantengan un cierto retorno al menos en la inversión que, a nivel de cariño, lealtad, honestidad, fidelidad y tiempo hago sobre ellos, se refiere. Y aunque parezca que voy de perdonavidas, no quiero que os confundáis porque no es así. Lo único es que, como decía Frida Kahlo, “Donde no puedas amar, no te demores” y si en mi balanza no hay compensación emocional, no tiene ningún sentido seguir adelante con algo que, tarde o temprano, terminará haciéndome daño o lo mismo es más una imaginación mía que una realidad.

Cierto es que, por costumbre, por lo que supone una ruptura, es duro desprendernos de alguien a quien queremos (aunque sea unos sentimientos unidireccionales, que no es tanto amor como pueda ser dependencia) pero es que, mientras esas personas ocupen el sitio que les damos a nuestro lado, no llegarán otras que sí vayan en armonía con nuestros anhelos. Al final se trata de que NOSOTROS estemos bien, no que otros estén bien A CUENTA NUESTRA.

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