El gran peligro de las bebidas energéticas

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Estoy realmente asustado. Esta semana he escuchado que las bebidas energéticas son peligrosísimas y que, una sola, sería como tomarte dos cafés expresos y doce cucharadas de azúcar de una vez. Ahí es nada… Yo conocía a un chico que se las tomaba casi como quien se toma un vaso de agua y, claro, ahora entiendo que así estuviera de los nervios… ¡Fatal!

Escribo este post hoy porque son bastante más frecuentes de lo que parece, también entre los que entrenan y hacen deporte porque se supone que, tomándolas, tienen más energía. Y sí, tendrán más energía y todo lo que tú quieras pero… ¿cuál es el precio a pagar? Para empezar hay que tener en cuenta que contienen hidratos de carbono, proteínas y cafeína que, en exceso, pueden ser perjudiciales para el organismo. Y, por si fuera poco, están el ginseng, la taurina, la efedrina o el guaraná, muy frecuentes entre los adictos al entrenamiento (o a las noches de marcha). Al final, todo va encaminado hacia la misma dirección: conseguir que estemos más activos, que rindamos más.

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Claro que todo depende de lo que estas sustancias afecten a nuestro organismo (no todos reaccionamos igual, pero, con solo dos de estas latas o botellas, pueden aparecer episodios de cambios de humor, agresividad, ansiedad, crisis de pánico, psicosis… He leído que hay estudios que dicen que aumentan la frecuencia cardiaca un 7,8 por ciento y la presión arterial un siete por ciento y que, si ya se mezclan con alcohol, el efecto es tan peligroso que ha llegado a causar la muerte de personas. Es más, tomarlas de continuo genera la posibilidad de diarreas, cirrosis, hígado graso, hepatitis y hasta tumores.

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En Francia, hasta 2008, estaban prohibidas, y en el Reino Unido, algunos supermercados no las venden a menores de 16 años porque se ha comprobado que, más de la mitad de chicos entre 12 y 24 años, tienen efectos negativos después de beberlas. Vamos que, en definitiva, hay que pensárselo muy mucho antes de tomarlas porque, aunque estén al alcance de cualquiera -y contengan ingredientes “naturales”-, eso no significa que sean sanas. Más bien, todo lo contrario…

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