¿Qué (no) comer en Navidad?

Bueno, bueno, bueno. Llega un momento crucial en el año: la Navidad. Sobre todo para nuestras dietas porque todo el mundo se conciencia de que, durante estas fechas, cogerá dos o tres kilos. Pero, ¿se puede evitar esto? ¿Podemos afrontar las Navidades sin que supongan un cataclismo en nuestro cuerpo? Porque claro, esto no es el día de Nochebuena, la Nochevieja, Fin de Año y Reyes. No, no, no. La Navidad son tres semanas de comilonas de empresa, quedadas con los amigos, de turroncitos cuando terminamos de comer… En fin… Un auténtico desastre para el peso pero también para nuestra saludo puesto que, ¿cuántas veces nos ponemos malos con cólicos, molestias o dolores de cabeza al día siguiente de cualquiera de estas citas?

Yendo al grano (y siempre contándoos mi experiencia en este sentido)… Hay que equilibrar. Esto es superimportante. Por eso, cuando tengamos un exceso, compensemos con un defecto. Que una noche nos pasamos mucho, al día siguiente controlamos lo que comamos, sin perder las cinco comidas, pero yendo a menos en cada una de ellas (y lo más ligero y sano posible, esto es, tirando de la plancha y de ensaladas). Incluso no estaría de más que, una vez pase el 24 y el 25, primero, y el 31, después, hiciéramos un día solo a base de infusiones y fruta (piña, por ejemplo), para limpiar y depurar el organismo.

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Aparte, en los momentos de copiosidad, intentemos controlar, para empezar. No se acaba el mundo, ni estamos en una guerra, ni nada de eso. Con el marisco no hay problema, y con las carnes como el pavo o el pollo -o los pescados, en general, tampoco-, lo malo en Navidad, sobre todo, empieza después (evitando también un poco el pan, los fritos y las salsas). ¿Por qué? Porque después llegan… ¡los turrones! Y los mantecados, las peladillas, los bombones… ¡NO! No nos arrebatamos con este pequeño universo del dulce porque sus consecuencias son nefastas. Sí que podemos (y debemos) disfrutar de un capricho pero… ¡sin abusar!

Luego, cuando salgamos a restaurantes, sigamos la misma política “de contención”, dejando lo más grasiento para cuando estemos en circunstancias menos festivas y nos hagamos nuestra cena o almuerzo “libres”. Y repito que no se trata de reducir nuestro horizonte culinario a pechugas y ensaladas pero no perdamos de vista el “Pepito Grillo” que nos advierte de los peligros de los excesos.

Si además, bebemos mucha agua y, los días que no son de fiesta, aprovechamos para ir un poco al gimnasio (y después del entrenamiento nos metemos, si tiene el nuestro, en la sauna), os aseguro que para subir la cuesta de Enero iremos mucho, mucho pero mucho más ligero que de costumbre. ¡Palabra de Blogger!

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