Volviendo a sentir (Experiencia en un spa)

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Con todo esto de las tecnologías creo que cada vez estamos menos acostumbrados a sentir. A sentir olores, tactos, emociones. Y es taaan importante. Vivir en un mundo virtual es taaan triste. Al menos para los que estamos acostumbrados a otro tipo de realidad y de comunicación. Ésa en la que las cosas se olían (recuerdo, por ejemplo, el olor a campo los fines de semana cuando salíamos con mis padres a pasar día en la sierra), se tocaban (las personas nos conocíamos en reuniones donde había roce y, por la tanto, la piel hablaba) y, sobre todo, se SENTÍAN. Así, con mayúsculas.

El caso es que termas como Aire de Sevilla ofrecen la posibilidad de reencontrarnos con todo eso tan esencial para el ser humano a través de experiencias como la OLIVE ESSENCE que el otro día probé como un fantástico regalo de cumpleaños que no me pudo gustar más. Junto a mi amiga Inma, me sumergí en una aventura que comienza por las piscinas clásicas de agua templada, caliente y fría que puedes combinar con los jacuzzis, el hamman y la piscina de agua salada. Esto ya de por sí hace atractiva la visita a este maravilloso palacio restaurado donde siempre tengo que mencionar a su agradable equipo, el cual con una sonrisa permanente y un trato exquisito nos invita a estar más a gusto aún si cabe.

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Y luego está lo que esta nueva oferta ofrece (lo de la OLIVE ESSENCE) que no es sino, para empezar, un exfoliante -en una sala oscura donde te tumbas en una cama de piedra caliente- a base de aceite de oliva y huesos triturados de aceituna que no puede dar mejor efecto en la piel, suavísima tras este primer masaje seguido de otro, relajante, de una hora. Deciros que la fragancia y la suavidad del aceite me encanta. Es como estar en contacto con la tierra, como volver a casa. Y encima, como sabréis, tiene infinidad de ventajas (otro post lo dedicamos a él).

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Para terminar te suben al jacuzzi de la terraza, con la Giralda enfrente como testigo de todo lo que haces, y con un té para recuperarte y disfrutar del entorno… y de la compañía. Tres horas en total que te dejan el cuerpo y la mente en paz -sensación que se mantiene mucho después- y que, por mucho que describa, no puedo transmitir con palabras. Os invito a probarlo y ya me contáis pero lo que sí os aseguro es que os merecerá la pena. Sibaritismo en estado puro.

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