Quejarse no es la solución

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Me cansa la gente que se cansa de continuo, que le busca a todo un “pero”, que no es capaz de disfrutar en ningún lado. Esa gente a la que todo le parece poco, o menos, o peor. Que van a un viaje y no se adaptan. Para los que cualquier cosa es un problema. Me parecen personas desagradecidas con la vida, que no son conscientes de que hay seres humanos que realmente lo pasan mal y que nunca tienen una mala palabra y que hay hasta quien no tiene la oportunidad de contarlo. Debe ser que cuando no tienes nada es cuando de veras sabes valorar lo auténtico y lo importante.

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Yo mismo, con el tiempo, aunque antes no haya sido demasiado “quejica”, pero he aprendido a relativizar mucho más y a aspirar, sobre todo, a parecerme a mi abuelo, al que llamábamos “el maravilloso” porque, fuera a donde fuera, sus conclusiones siempre eran positivas. Así, si le preguntabas: “¿Qué tal este bar, abuelo?”, él respondía. “¡Maravilloso!”. Y si lo invitaban unos amigos. “¿Qué tal la cita, abuelo?”. “¡Maravillosa!” (de ahí el apodo). Poco pedía, mucho encontraba.

Lo malo de las quejas es que uno se hace a eso y empieza a ver normal el que las cosas parezcan malas y, si bien perfecto no hay nada, tampoco vale mirar siempre del lado de la botella medio vacía. Además, según psicólogos y profesionales de la mente, en general, quejarse es insano puesto que, volviendo a lo anterior, el cerebro genera eso a lo que lo acostumbramos.

¿Qué podemos hacer en este sentido? Primero, y antes de nada, querer trabajar en sentido contrario, buscando lo bueno de la realidad y provocando el que las neuronas caminen en esa dirección. Las quejas contaminan y estresan con lo que tenemos que evitarlas en nosotros mismos… y en nuestro entorno, alejándonos de las personas que son de esta manera y que, a largo plazo, llenan de toxicidad nuestro día a día.

Pero es que las quejas acortan la esperanza de vida (los optimistas viven más que los pesimistas) y achican el hipocampo cerebral, lo que puede revertir en una disminución de la memoria. Claro que, ¿eso significa que vamos a teñir la realidad de color de rosa y a dar la sensación de que todo transcurre dentro de un algodón de azúcar? ¡NO! Podemos quejarnos pero con un objetivo, para generar un cambio. Es decir, evitemos dramatizar, exagerar, las prisas (mejor analizar con perspectiva), las neurosis, las manías…

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En definitiva, busquemos personas que amen. Y nosotros mismos debemos amar. A la familia, a los amigos, a la naturaleza, cada instante que se nos brinda. Nadie ha venido del “otro lado” para decirnos que existen más oportunidades. Por lo tanto, no desperdicies ésta. Y menos en quejarte. Casi siempre resta.

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