Los amigos, el mayor tesoro de la vida

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Creo que no somos conscientes de verdad del gran tesoro que son los amigos porque, como los tenemos ahí, no sabemos valorarlos de veras. A la familia tenemos que quererla (o no), porque es la que nos toca (hasta los hijos, que todo el mundo coincide en que es como lo máximo a la hora de hablar de amor), pero a los amigos, que son personas que encontramos en el camino -y con los que no hay, en principio, vínculo alguno (al menos, no de sangre)-, los elegimos nosotros. Sin intereses, sin presiones, sin obligaciones, sin ataduras.

No hace falta llamar todos los días a un amigo. Ni contarle todo. El amigo está ahí. Para cuando uno lo necesite y sin pedir nada a cambio. Sabiendo entender una ausencia. Y perdonando sin rencor. Y entregando sus minutos y horas incondicionalmente. Y prestando su hombro para consolarte porque le apetece y quiere y así lo desea. Un amigo entiende sin hablar y calla cuando así es preciso.

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Conforme pasa la vida soy más consciente de que no hay manifestación de amor más sincera y auténtica que la de la amistad. Por eso, aunque aparezca una pareja, aunque tengamos otras obligaciones que nos resten minutos de nuestro día a día, siempre hay que dejar una pequeña parcela para dedicársela a ellos ya que, cuidando a los amigos, cuidas también de ti mismo. Es imposible que uno se sienta solo, IMPOSIBLE, cuando tu entorno es rico en gente buena y, mientras más generoso seas en este sentido, más te devolverá el destino.

Fijaros que ayer estuve con compañeros de colegio de hace 25 años. A la mayoría no los veía desde entonces y, cuando volví a encontrarme con ellos, parecía que acabáramos de separarnos. Los vínculos emocionales eran tan fuertes y tan profundos que solo hizo falta sacudirles un poco el polvo para que volvieran a relucir, tan bellos y auténticos como cuando éramos niños.

Y así es en general cuando una amistad es verdadera aunque, como suele pasar, descuidamos y quitamos valor a lo que tenemos a la mano. Es el sino del ser humano: no valorar lo auténticamente importante y bueno. ¿Quién sabe? Lo mismo alguna vez aprendemos la lección y logramos un mundo de veras mejor. Lleno de abrazos de cariño. Y de ojos en los que es fácil mirarse. Y de armonía sin malos rollos.

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