Los peligros de las relaciones tóxicas

Todos los días conozco a alguien que ha pasado por una relación tóxica que le ha hecho conocer la cara con menos luces de la vida. Gente que entrega su corazón a alguien a quien ha profesado una auténtica veneración pero que no solo no ha sabido corresponder a dicho sentimiento sino que, al contrario, se ha portado tan mal con esa persona en cuestión que le entregaba su corazón que, con sus reacciones, le ha marcado para siempre. Estas heridas, y lo sé por experiencia, son difíciles de borrar y cuesta mucho, mucho tiempo pero, si se tiene paciencia, logras cerrarlas. Claro que lo ideal sería si no se produjeran aunque para eso habría que reconocer a este tipo de individuos/as lo antes posible y ponerse manos a la obra para huir de ellos como gatos del agua. Sus reacciones son muy similares con lo que atención si las detectáis porque entonces habría que encender la señal de alerta:

  • Si os intentan separar del resto de vuestro entorno (amigos y familia) convenciéndoos de que todos son malos menos quien os hablar de ellos.
  • Si os hacen reflexiones sobre vosotros que suponen un “machaque” sobre vuestra forma de ser, atacándola de continuo y minusvalorándola o si, más grave aún, os insultan.
  • Si sentís que esa persona os raciona el cariño y que no os da lo que creéis merecéis.
  • Si su discurso son continuas críticas y quejas.
  • Si os hacen pensar que todo lo que hacéis lo hacéis mal (o muchas cosas).
  • Si os nacen en vosotros complejos que antes no existían y dudas que antes no teníais.
  • Si os veis aceptando situaciones que no aceptaríais, en conflicto con lo que realmente desearíais y no tenéis, transigiendo con cosas que no os ponen contra vosotros mismos y vuestra forma de pensar.
  • Si os restan más que os suman…

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¡ESAS PERSONAS NO OS CONVIENEN! ¡NO INTERESAN! ¡HAY QUE TACHARLOS DE LA LISTA!

Dice una canción de “la” Pantoja en el disco de Juan Gabriel que ha sacado hace poco… “fui muy feliz aunque con muy poco amor”… ¡NO! Pensemos mejor como Frida (Kahlo) cuando decía… “Yo le duro lo que usted me cuide, yo le hablo como usted me trate y le creo lo que usted me demuestre”. Y cuando no lo veáis claro, cuando algo os empiece a rozar, cortad sin miedo. El problema de la toxicidad es que nos va comiendo terreno cada día y puede que una mañana sea demasiado tarde y el daño, casi irreparable…

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