Ese ratito para nosotros…

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No hay un día en el que no me encuentre a alguien que me diga lo bien que me ve. Algún amigo que hacía tiempo que no me encontraba o incluso gente con la que nunca había hablado y que, de repente, se interesan por saludarme para comentarme cuánto he cambiado o para preguntarme cuáles son mis “secretos” de entrenamiento o alimentación. Muchas, casi todas esas personas contemplan la posibilidad de hacer ellos lo mismo desde la distancia porque, o no se sienten capaces (falta de voluntad y constancia), o sus complejos les paralizan, o me dicen aquello de “a mí me gustaría pero es que no tengo tiempo”.

Tanto en un caso como en otro siempre insisto en lo importante que es dedicarnos un ratito cada día porque, por muchas cosas que tengamos que hacer, por muchas obligaciones que nos hayamos echado encima, siempre hay posibilidad de parar una o dos horas, durante las que el único y máximo protagonista sea uno mismo, o replantearse una forma de comer más saludable.

Sin reloj, ni móvil, ni trabajo, ni familia, ni amigos. Uno en el sentido más egoísta que queráis pensar pero, a la vez, también en el sentido más generoso porque nada más y nada menos que en la Biblia se indica aquello de “amarás al prójimo como a ti mismo”. Traducción: si nuestra autoestima no está alta, será imposible que desarrollemos hacia otros sentimientos positivos.

¿Que es más fácil y más cómodo estar tumbado en el sofá a ir a hacer alguna actividad física? Por supuesto. ¿Que si no tenemos a los nuestros acostumbrados –si tenemos hijos, por ejemplo-, al principio costará marcar terreno y hacer un paréntesis donde no pueda entrar nada ni nadie? Está claro que sí. ¿Que si nuestra comida es desastrosa nos costará cambiar la rutina? Indudable. Pero que si queremos, podemos, nadie puede cuestionarlo.

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He pasado en tres años de la S a la L. He aumentado masa muscular y reducido grasa muy poco a poco pero sin desfallecer. Cierto que lo mío es un caso un poco extremo porque a mí me gustan los retos difíciles pero lo que cuenta es tenerlos puesto que, conforme vas alcanzando metas, la seguridad en ti misma va creciendo y te vuelves, sin perder la humildad, invencible.

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Hoy, cuando me miro en el espejo, reconozco que no soy perfecto pero, a pesar de ello, ¡me gusto mucho! Soy mi propia obra y estoy orgulloso de lo logrado (y motivado por lo que queda). ¡No te quedes con las ganas e inténtalo al menos! En este blog hay muchas claves para conseguirlo… Os espero.

 

 

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