Datos básicos de los hidratos

Podría dedicarme en este post a dar datos exactos de la composición de cada alimento pero, ¿para qué? Ni seguramente vais a leerlos, ni somos especialistas en la materia, ni tampoco uno los tiene en la cabeza todo el rato. Mejor ser más prácticos y, sin darle más vueltas, evitar lo que ya de por sí sabemos que es perjudicial. Porque existen bebidas gaseosas de las que todos hemos escuchado barbaridades y que, sin embargo, siguen siendo líderes en ventas. O restaurantes de comida rápida a los que, aun sospechando que tienen “gato encerrado” en los productos de su carta, no dejamos de ir.

Estamos en un mercado de consumo y eso supone que hay una serie de normas establecidas que nos llevan en una dirección y que navegar contracorriente es una locura pero hay que pensar a largo plazo, especialmente cuando uno quiere que el tiempo corra a su favor. La bollería industrial, los panes, las golosinas… cuentan con una industria potente detrás que las promocionan porque “enganchan” y el cuerpo termina pidiéndolas a gritos.

Son hidratos rápidos (azúcar, harinas…) que aportan un bienestar momentáneo que el cerebro interpreta como satisfacción y placer y que, una vez esta información se haya instalado en el “disco duro” de la cabeza, serán demandadas por el organismo cada vez que algo (y no es difícil teniendo en cuenta el entorno) influya negativamente en nuestro ánimo. Por eso en situaciones de estrés o de “bajona” enseguida suele venirse a la cabeza tomar algo de esto. ¿O hace falta recordar cómo en las películas americanas, uno de los países con más alta tasa de obesidad del mundo, todo lo solucionan a base de cucharetazos de tartas o de helados de diferentes sabores o con platos de pasta? Hay quien le echa tanta azúcar al café que tiene más de lo primero que de lo segundo. O también tenemos aquellos que, ante un ataque de ansiedad, la emprenden con un bote de leche condensada a bocajarro hasta que lo dejan casi sin nada. Señoras, señores, el azúcar es VENENO. Así de claro y así de directo. Y un veneno que, como tal, es destructivo con nuestro organismo. Por mucho que nos guste, por muy apetitosa que nos parezca es un “regalo envenenado” que, mientras antes erradiquemos de nuestra rutina alimenticia, mejor.

cukrus hablemosdeacuzar

Así que, ampliando al resto, lo primero sería concienciarnos de que a los hidratos, que son necesarios y están en todos los alimentos, hay que mantenerlos a raya. Eso por un lado. Por otro, su ingesta debemos hacerla teniendo como tope hasta el mediodía, esto es, desayuno, media mañana y almuerzo ya que, a partir de ahí, la actividad corporal suele reducirse y, por tanto, vamos a tener más problema para “quemarlos”. Entendamos, a modo de resumen visual, que los hidratos son como la “gasolina” que se le echa al “motor” corporal y que su hora límite para repostar son las cuatro-cinco de la tarde y habremos logrado dar un GRAN PASO en nuestro concepto alimenticio.

He mencionado algunos específicos pero, para que no quede ninguna duda, repetiré que, aunque los haya de absorción lenta y rápida (tampoco es necesario entrar en eso), en el capítulo de los hidratos están, a grandes rasgos, la harina, el arroz, la pasta, la patata, la batata y el azúcar. También tenemos legumbres, como los garbanzos o las lentejas, que igual podríamos incluir aquí pero, la verdad, son de los menos “peligrosos”, con lo que mejor centrarnos en lo peor para no pasarnos tampoco de estrictos.

Alimentos-con-carbohidratos-simples-1

Hay quien afirma que con 80-100 gramos diarios, aproximadamente (depende del peso y la actividad de cada caso), vamos más que sobrados en cuestión de consumo de hidratos. Yo los reparto entre el desayuno y la comida de media mañana (más) y el almuerzo (menos) y desde las cinco de la tarde, corto el grifo. Luego están las dietas proteicas para secar pero eso será motivo de un nuevo post. ¡Seguid atentos a ellos!

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