La pareja abierta

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Si hay algo que está de moda, emocionalmente hablando, es el tema de la pareja abierta que viene a ser, más o menos, el que cada uno se líe con quien le venga en gana que, mientras el otro no se entere, no pasa nada. Luego, en cada caso, se establecen los acuerdos que los miembros de dicha relación consideren oportunos, a saber, no se pueden tener encuentros en la casa común, o no puede repetirse con la misma persona, o hay que hacerlo en unas horas o días concretos… En fin, detalles que casi vienen a quedarse en un segundo o tercer plano cuando lo que de veras importa es que se desvincula el amor del sexo y se considera que, mientras no exista implicación de sentimientos, damos rienda suelta a un instinto animal que, pensándolo en frío (y siempre bajo la óptica de quienes apoyan esta tendencia), tampoco hay que limitarlo siempre al mismo compañero/a.

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Os aseguro que raro es el día que no recibo alguna propuesta de alguien con pareja proponiéndome que tengamos algún rollo. Es más, en las apps para conocer gente encuentras de continuo a muchos/as que se muestran sin ningún tipo de complejo explicando incluso al público que pueda verlos/as su situación y sus intenciones. “Sí, tengo pareja y ella sabe que estoy aquí…”, leí hace poco en un perfil.

¿Está bien? ¿Está mal? Pues yo no me considero juez de nada. Sí os puedo decir que a mí no me gustaría estar con alguien y que se pasara todo el rato desatentado en las redes o en la calle buscando plan. No sé. A lo mejor soy un antiguo pero es algo que me choca y que me parece que, tarde o temprano, termina trayendo malas consecuencias porque no me creo del todo que, en la pareja que practique esto, uno de los dos no sufra algo.

Por otro lado sí es verdad que, basando una unión en una amistad, tal vez lo del no tener que vincularnos en exclusiva a alguien consigue que, una vez que pasa la etapa de la pasión (que siempre pasa), podamos construir de manera más contundente algo más duradero basado en una compañía agradable y que nos cubra las necesidades de cariño que, al final, todos tenemos.

Son opciones. ¿Es mejor esto que una infidelidad en toda regla? Posiblemente. ¿Está todo el mundo preparado para aceptarlo? No creo. Lo que no me cabe duda es que la aceptación social de la pareja abierta va “in crescendo”. ¿Será el concepto de pareja que se terminará imponiendo?

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