Un barco frágil de papel

“Un barco frágil de papel parece a veces la amistad… pero jamás puede con él, la más violenta tempestad”… Así dicen dos de los versos de la maravillosa canción de Alberto Cortez “A mis amigos” que, desde siempre, me ha parecido uno de los más bellos himnos a esta fraternal unión que se da entre los seres humanos y que, para mí al menos, es una de las más bellas manifestaciones de amor que conozco.

A los amigos los elegimos, los mantenemos y los cuidamos porque realmente así lo decidimos. Nadie nos los impone, no pueden forzarse, ni tampoco pueden destruirse mientras los dos que así se consideran lo desean. Es un vínculo tan difícil de romper que, cuando es verdadero, ni los años, ni la distancia logran disolverlo puesto que la amistad son como raíces que nacen en el alma de otro y que quedan ahí, perennes, siendo testigos de la parte más noble y buena de nuestra especie. Los amigos se ayudan, se respetan, se apoyan, se consuelan, se prestan cosas, se ríen, lloran, se enfadan y se reconcilian con un solo interés: estar ahí, saber que, en cierta manera, son personas que nos pertenecen y a las que pertenecemos.

amistad

Lo malo es que, hoy día donde todo es tan efímero y tan –perdón por la palabra- “barato”, muchos han convertido la amistad en algo con tan poco fondo que, a la mínima de cambio, se acaba y hasta pasa a ser todo lo contrario (sabéis que del amor al odio hay un paso). Es posible que, como ahora nadie tiene que aguantar nada de nadie, lo más sencillo sea abandonar ese barco que mencionaba al principio y dejar que se hunda con todo el equipo. Pero también es posible que estemos perdiendo la oportunidad de construir algo tan bello y tan enriquecedor como el hecho de tener amigos de verdad.

Hace poco, sin que todavía sepa la razón clara, mi amigo Paco decidió tomarse un “respiro” y que dejáramos de hablar y vernos. Insisto en que desconozco por qué actuó así pero, sea como sea, ayer nos encontramos en un concierto y, como por arte de magia, parecía que nada había sucedido. No hubo ni que dar explicaciones, ni que pedir perdón, ni perdonar. Las piezas del puzzle de nuestra amistad volvieron a encajar.

No es necesario poner a prueba a un amigo porque, en el riesgo, también está la posibilidad de perderlo. Como relación que es hay que cuidarla cada mañana, poniendo en ella nuestro amor y nuestras buenas energías. La planta que de esta semilla nace nunca dejará de darnos satisfacciones. Solo el que tiene amigos de verdad, lo sabe.

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