Domesticando al ego

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Hola, ¿cómo estáis? Esta semana solo he podido hacer una entrada pero no quiero que se me pasen más días sin reflexionar con vosotros sobre eso del “ego” del que en las escuelas, de pequeños, debieran darnos clases para que luego, con los años, no se vuelva nuestro enemigo y, en algunos casos, llegue a destruir por completo a personas que, de otra manera, podrían ser bastante válidas. Es un tema que me apasiona y que, curiosamente, el domingo pasado me encontré reflejado en una película de aventuras, “Doctor Strange”, cuyo hilo argumental pasa bastante por él.

Hay quien piensa que son los artistas los que tienen más ego pero esta apreciación es un error. Algunos artistas tienen mucho ego igual que lo tienen algunos diseñadores o hasta entrenadores deportivos o un dependiente. Un ego desmesurado puede sufrirlo cualquiera. Es más, a veces nos sorprendería comprobar cómo, bajo algunos falsos humildes aspectos, se encierran monstruos egocéntricos que lo único que quieren es que le “doren la píldora” sintiéndose por encima del bien y del mal.

 

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El ego puede alimentarse de los piropos (cuando te alaban mucho el físico o cuando uno es bueno en algo y no dejan de recordárselo) o también puede provenir de quien, careciendo en absoluto de autocrítica, considera que lo suyo es lo mejor, que no hay nadie como él y que el resto está en un lado y él (o ella) en otro. Eso no significa que en algún momento no podamos sufrir de algún pequeño destello de vanidad pero enseguida debemos volver a pisar con los pies en la tierra y pensar… ¿y? En el fondo siempre los habrá más altos, más guapos, más talentosos, más jóvenes, más… Es decir, al relativizarlo todo, las cosas se ven desde otra perspectiva y, al sentir que somos una pequeña mota dentro de un infinito universo, el ego deja de tener lugar para ser nosotros parte de algo mayor.

Estoy hasta las narices de egocéntricos. De la gente que va perdonando la vida y te miran por encima del hombro. De los acomplejados que tapan sus carencias atacándote. De quienes no aceptan un comentario sobre ellos o su trabajo. La humildad es un ejercicio que hay que practicar a diario porque es la llave para ser una buena persona. Lo demás son ganas de hacer el tonto y el tiempo, apremia. Ya lo sabéis.

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