Hasta los huevos

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Dicen que quejarse avejenta mucho y que, mientras más protagonismo demos al “buenrollismo”, mejor nos irá. La verdad es que estoy de acuerdo con esto. Es como lo de la coloraterapia y eso que plantea de que, cuando solo nos vemos con colores oscuros, es que, en general, muy bien, muy bien no es que nos sintamos. Al contrario, mientras más viveza usemos en los tonos que llevemos, más alegría transmitiremos y más nos autocontagiaremos de energía y positividad.

Sin embargo, hay momentos en los que el negro es necesario porque la etiqueta así lo impone (y puedes verte muy elegante y muy fantástico en esas situaciones) y otros instantes en los que es imprescindible desahogarse y, sin llegar a convertirlo en “protestas crónicas”, decir aquello que, por lo que sea, nos toca las narices de forma continuada. Una terapia muy sana y muy liberadora que hoy os propongo como ejercicio. Así, en un papel apuntad (y repetid en voz alta) aquello que os incomoda porque, al hacerlo de esta forma, le estaréis quitando valor y fuerza.

Son cosas que nos hacen estar “hasta los huevos” (expresión de la que otro día os diré su origen) y que, en mi caso, en este post resumo en los siguientes puntos…

“Hasta los huevos” de…

  1. Las mentiras y de los mentirosos, de lo que se montan dobles vidas y piensan que nunca los vas a descubrir, los que se meten en todo, de los que no ven la joroba que llevan detrás (y sí la paja en el ojo ajeno), de aquellos que carecen de autocrítica, de esos a los que les sobra egocentrismo y soberbia, de los que van de buenos y luego miras sus vidas y lo “flipas” y de los que no perdonan ni una porque van por encima del bien y del mal. “Hasta los huevos” de los que piensan que se lo merecen todo, de los que insultan a todo el mundo y de quienes manipulan maquiavélicamente para lograr unos objetivos que ni siquiera a ellos mismos les satisfacen. ¡Ah! Y de los que protestan por todo, todo el rato, de los que nunca terminan de poner pegas vayan donde vayan y hagan lo que hagan.
  2. De las infidelidades en las relaciones sentimentales, de esa gente que te hace creer que están interesados en conocerte y solo quieren acostarse contigo, de los picaflor, de los que viven presos de sus miedos emocionales.
  3. De los políticos y sus chanchullos, de cómo nos quitan el dinero que recaudan unos cuantos para sus gastos y caprichos, de que nos tomen por tontos, de los enchufismos…
  4. Del mal gusto, de lo cutre, de los personajes casposos, del lenguaje vulgar, de lo superficial que es todo.
  5. De que haya muchos canales de televisión y nunca encuentres nada. Las mismas películas repetidas hasta la saciedad y pocos programas que se “salven”…
  6. De las condiciones de trabajo. Y de que no haya. Y de que digan que la crisis se ha ido y todo siga igual.

 

¡Ea! Ya está dicho… Al menos una parte… Pero… ¡qué bien me he quedado! Volviendo al principio, de vez en cuando es bueno resetearse, poner pies en pared en determinados terrenos, y empezar de nuevo… ¡Y p´alante! ¡Siempre p´alante!

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