Relax del cuerpo… y de la mente

Me encantan los “spas”. Lo digo en mi libro, “Estoy como nunca”, y lo demuestro yendo siempre que puedo a uno que tenemos en Sevilla y que es, posiblemente, el más bonito de los que conozco: Aire de Sevilla. Allí, mi amiga María –que me trata fenomenal cada vez que la llamo-, me preparó el viernes por la noche una experiencia inolvidable que comenzó a las doce de la madrugada y que, durante dos horas, me tuvo desconectado de todo y de todos.

Situadas en la calle Aire, estas termas están en un antiguo palacio que se ha reformado aún más recientemente (ya tuvo una reconstrucción cuando lo abrieron, hace unos años) y donde cuentan con un personal no solo profesional cien por cien sino tan agradable que dan ganas de llevárselos a casa. Por eso desde que uno llega se encuentra tan a gusto que no puedes sino repetir una y otra vez. Además, como de continuo introducen novedades en la oferta a los clientes, nunca es el mismo recorrido ni los mismos tratamientos.

Lo que no cambia es la impresión que te da cuando te suben a la terraza, al jacuzzi exterior que tienen justo enfrente de la Giralda y donde, de noche, ¡imaginaros el panorama! Además suelen ponerte tus brochetitas de frutas, tus copitas de cava y tus bombones para que, vayas con quien vayas, el romanticismo brote por los poros de la piel (con lo que, si queréis sorprender a vuestra pareja, ¡no dejéis de probarlo!).

img_0338-2

Antes estuve probando las piscinas de agua templada, caliente y fría y, justo después, entré en una sala donde, con mi acompañante, nos estaban esperando dos chicas superamables que primero nos exfoliaron la piel de todo el cuerpo durante veinte minutos por lo menos y luego nos dieron un masaje de cuarenta y cinco minutos que nos dejó listos para irnos a la cama.

Así que, entre las agradable fragancias de cada sala, la media luz, las voces susurradas, la música zen y los efectos de todo lo que os cuento, uno sale como nuevo, con una piel bonita, bonita y, lo mejor, con la mente en paz, lista para volver a la vorágine del día a día. Un lujo que, periódicamente, hay que darse.

image_3783

14 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *