La fuerza de los sueños

“Pedid y se os dará” es una de las frases más repetidas de la Biblia y que más en conexión está con ese libro, “El secreto”, donde se afirma que, cuando deseas algo con mucha fuerza, hay una especie de confabulación en el Universo para que, tarde o temprano, lo consigas. Claro que nadie advierte de que lograr nuestras metas tiene un precio porque, por desgracia, casi nada viene regalado y porque, encima, lo más satisfactorio siempre es lo que más cuesta.

Esta reflexión hoy día es muy difícil de entender porque vivimos en un momento histórico en el que todo es rápido y fácil y, si el objetivo que sea no entra dentro de estos parámetros, lo desechamos o perdemos rápidamente el interés. Es lo que tiene el consumismo. Sin embargo, si miráramos más allá nos daríamos cuenta que la historia nos brinda de continuo ejemplos de la fuerza que tienen los sueños y “Alejandro Magno”, el personaje que da nombre además a la función que esta semana ha estrenado el Festival de teatro de Mérida, es un buen paradigma de esto.

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Hijo de Olimpia de Epiro y de Filipo II de Macedonia, alumno de Aristóteles, el monarca más famoso de la historia soñó con conquistar todas las tierras hasta entonces conocidas… y lo logró. Claro que en el camino dejó muchos cadáveres, muchos años de esfuerzo y muchos remordimientos también que, según el texto que protagoniza Félix Gómez, más tarde le pasaron factura. Curioso que este intérprete también ha tenido la figura del rey griego muy presente durante toda su vida –siendo su mito favorito y sobre el que ha leído todo lo que ha caído en sus manos- y, de pronto, se haya encontrado con la oportunidad de recrearlo en el que de veras es un fantástico montaje.

Y así podríamos seguir indefinidamente porque, ¡cuántos casos se os ocurren de personas que quieren algo, van a por ello y lo obtienen! Para eso lo primero es visualizarlo mentalmente. Recordad que las cosas empiezan a ser reales en el pensamiento y que no hay nada más poderoso que la mente. “Todo comienza con un sueño”, solía decir Walt Disney. Más claro, agua. A partir de ese germen, focalizar vuestra energía en ese horizonte y empezad a luchar. Esforzaros, pelead, sed constantes, no desfalleced… y tened mucha paciencia. Lo más probable es que, con ese “modus operandi”, tarde o temprano la recompensa aparezca. Si no, no pasa nada. Solo el aprendizaje adquirido habrá merecido la pena.

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