Resolver una tensión sexual no resuelta

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Hoy me he despertado con ganas de hablaros de algo de lo que nunca he hablado y que, en el crecimiento personal, es raro no encontrarse alguna vez en la vida (o unas cuantas): la tensión sexual no resuelta. Seguro que os ha pasado alguna vez, ¿verdad? Eso de que alguien te guste y tú le gustes y que genera una situación entre ambos que hace que te sientas atraído y, a la vez, que experimentes como un vértigo terrible ante lo desconocido. Es como una corriente eléctrica que te sacude cada vez que estás cerca de esa persona o, sobre todo, cada vez que le miras a los ojos, la hueles, te roza…

Normalmente este tipo de sentimiento es negado, al menos por una de las dos partes. A veces porque no quieres aceptar que eso te pasa (porque se trata de alguien, incluso físicamente, que está lejos de lo que suele llamarte la atención), otras veces porque ni siquiera eres consciente de lo que estás generando (y que, desde fuera, se nota a la legua). Por eso la gente que nos rodea, en estas situaciones, suele preguntarnos: “¿A ti te gusta fulanita?” o, directamente lo afirman: “Se nota que te pone”.

A la pasión, igual que al amor, le sucede lo que al fuego que suelen ver “el humo los de fuera antes que las llamas los de dentro” (Jacinto Benavente). ¿Cómo reaccionar ante estas situaciones? Lo mejor sería dejarnos llevar, probar, saber qué pasa cuando rompemos “la pared, esa maldita pared” pero esto suele costarnos bastante porque, cuando alguien te motiva mucho, también te genera muchas luchas interiores.

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¿Cuál es el problema? Que es frecuente que, en caso de no romperse esa tensión sexual, tarde o temprano la cosa empieza a endurecerse, a pudrirse, a enrocarse para, poco a poco, transformar eso en sentimientos negativos fruto de la impotencia y la frustración. A mí, por ejemplo, en relación a algo que he vivido en esta misma línea, me lo anunciaron muy claramente: “O termináis juntos, o acabaréis tirándoos los trastos a la cabeza”. Y así fue. Ni más, ni menos. Igual que en tantas y tantas historias que nos ha brindado la literatura, la música, el cine o la “tele” (acordaros, los que tengáis edad para ello, de “Luz de luna” y de las peleas cargadas de erotismo entre David y Maddie…)…

Es ése un recorrido muy triste que, si podéis, os animo a evitar. Jugar, coquetear, acercaros a ése/a que os atraiga y cruzad el límite porque, muchas, muchas veces, lo que más deseamos están al otro lado del miedo. Al final… ¡solo se vive una vez y, de los cobardes, nadie ha escrito nada!

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