Enamorarse a los cuarenta

Siempre he escuchado que, pase el tiempo que pase, cuando te enamoras, vuelves a pasar por las mismas emociones, vuelves a sentir las mismas inquietudes, las mismas pasiones. Que da igual si tienes cuarenta, cincuenta o sesenta. El caso es que tu corazón late por alguien y entonces… ¡empezamos de nuevo! Lo de los cincuenta en adelante no lo sé porque no he llegado pero, en los recién inaugurados cuarenta que tengo, puedo aseguraros que, si no iguales, al menos sí que resultan bastante parecidos los sentimientos que una persona adecuada puede provocarte cuando te conquista.

Eso sí, la manera de llegarte es distinta y, en lugar del físico, te fijas más en otras cuestiones que sepas, por fracasos anteriores, son más importantes a largo plazo. Valoras que existan intereses comunes, que te traten como tú piensas que mereces. Tienes más en cuenta que vayan en tu misma línea en cuanto a educación y planteamientos vitales y, lo más importante, que las cosas que te hagan reír sean muy similares. Y, algo que cuenta mucho para mí, buscas que la energía en el otro sea similar a la tuya (ilusiones, proyectos, actividades comunes…).

La verdad es que hay cuarentañeros que están bastante quemados. Los bares, la noche, las decepciones… Pero no es menos cierto que los de veinte o treinta aún tienen bastante que aprender en muchos sentidos (tienen mucha información pero les falta la serenidad para contemplar ciertas cosas con distancia). Lo que pasa es que en el amor, lo de la edad, es una autocensura absurda que solo te quita oportunidades porque, ¿quién sabe? ¿Es mejor en una pareja cantidad de años o calidad de experiencias?

Hay que dejarse llevar sin tanto miedo y sin darlo todo de primeras porque, otra de las ganancias que se atesoran con el tiempo, es la prudencia. ¿Que “prudencia” y “amor” no casan demasiado? ¡Claro que sí! ¿O le dais todo al primero que llegue? Eso son tonterías de juventud que, gracias a Dios, después uno evita cometer. A no ser que quieras estar tropezando toda la vida con la misma piedra. Mejor un terreno llano y llegar sano y salvo a la meta que uno abrupto que nos llene el alma de magulladuras. La época del fustigamiento acabó. ¡Arriba el amor (y la gente) inteligente!

Enamorarse-significa-la-perdida-de-2-amigos

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