No me reconozco, más me quiero

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Ayer hablaba con Hugo Salazar, uno de los participantes de los principios de “Operación Triunfo” que han permanecido en activo, y comentábamos sobre la edad (él tiene 38 y yo, como sabéis, 41) y sobre los cambios que se producen, sobre todo, llegando a los cuarenta. Y mientras que antes me hubiera puesto bastante nervioso solo el hecho de tener que plantearme modificar cosas de mí que consideraba inamovibles, hoy día –y en esto coincidía con Hugo-, las cosas las veo tan distintas que no solo no me importa reconducirme sino que, siempre que sea para aprender, lo agradezco. De otra manera, he perdido gran parte del MIEDO que, posiblemente, me tenía a mí mismo y, en consecuencia, a muchos elementos externos.

Siendo más flexible en general puedo perdonar mucho más fácilmente, puesto que reconozco enfrente los mismos fallos que he tenido o que puedo tener. Y puedo amar con más autenticidad porque, cuando entrego mi corazón, lo hago porque decido hacerlo y a la persona que creo merecedora de él (alejado de esas pasiones que tanto nos suelen hacer confundir sentimientos con otras cosas mucho más carnales). O también puedo decidir no amar y retirarme con más serenidad de aquellos terrenos sobre los que me sienta poco seguro o que, directamente, sé que llevan bastantes probabilidades de conducirme, tarde o temprano, a una amarga ruina… Es la experiencia, por tanto, una excelente maestra que nos ayuda a aprender y a alejarnos de lo malo y a valorar más lo bueno.

Cierto es que he dejado de creer en las promesas eternas y que no me doy tanto como antes pero no es menos verdad que, en paralelo, he aprendido a estar a gusto en soledad y soy mucho más consciente de la dimensión de mis valores. Ya me paro lo justo en alguien que no me da buenas vibraciones y, cuando tengo que decir algo, lo digo porque, a quien entiende tu lenguaje, no le hacen falta muchas explicaciones. Y a la vez, evito el contacto con determinadas personas que no caminan en mi misma dirección pues, a pesar de ser el mío un sendero amplio, he puesto un letrero de “Prohibido el paso” para quien pretenda lastarme. ¿Qué si soy diferente a como era? Mucho. Pero, aunque no me reconozca, me quiero más y ése es un estatus que sí que no cambio por nada.

by Snoron.com

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