Lo que rápido viene, rápido se va

El otro día en el gimnasio me dijeron que había quien pensaba que me había pinchado anabolizantes. Éste es un argumento que se utiliza bastante cuando uno se asombra ante unos determinados resultados que, como lo malo y lo fácil vende mucho más, nos es más fácil achacar a, en este caso, la química que al resultado de un esfuerzo duro y continuo desde hace ya dos años y medio.

En realidad, al gimnasio llevo yendo desde siempre pero, con un entrenador y con una alimentación ordenada, desde verano de 2013. A partir de entonces, Álvaro, el profesional que organiza mi rutina deportiva, me empezó a inculcar la importancia de que comiera bien y de que entrenara primero tres veces en semana y, ahora, cinco (dos, porque también es necesario, descanso).

Cierto es que, al pillarme en una edad, los cuarenta, en la que el organismo empieza a caminar hacia atrás -en lo que a su funcionamiento celular se refiere-, al principio me ha costado más despegar aunque, como siempre os digo, cuando hay fuerza de voluntad suficiente, no hay montaña, por alta que sea, que se resista a ser escalada. Por eso me puse manos a la obra movido, sobre todo, por la curiosidad de hasta dónde podía llegar. Poco a poco, tal y como Álvaro me ha ido advirtiendo, he ido alcanzando metas hasta que, en la actualidad, ya hay muchos compañeros de sala, con la mitad de años que yo, que me preguntan qué tienen que hacer ellos para estar como yo.

Las vueltas que da la vida. Y más que tiene que seguir dando porque, de aquí a 2017, mi cuerpo tiene que seguir creciendo, siempre en paulatino y sin desesperarme. Sé que a vosotros os pasará que, al principio, os desanimaréis mucho y pensaréis que nada vale. Es más, a mí me sigue ocurriendo porque, a pesar de que la gente me ve muy bien, yo quiero más perfección, más masa muscular, más definición, más dureza. Os plantearéis lo de los anabólicos pero, antes de llegar a ellos, intentadlo de una forma sana. No olvidéis que, lo que rápido viene, rápido se va. Mejor ir lentos y seguros, que a toda “pastilla” y sin frenos.

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