La negación de la realidad

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La mente es esa gran desconocida. Ese lugar del que apenas se sabe nada y que tiene mecanismos extraños como el de negar ciertas realidades cuando, en determinadas situaciones, entiende que éstas pueden hacernos sufrir. Un claro ejemplo lo tenemos en esas madres que pierden a hijos y no aceptan que han fallecido o en quienes, tras pasarlo mal en el amor, rechazan una relación en la que piensan van a querer mucho para evitar volver a lo mismo.
Hace no demasiado tiempo mi cabeza también utilizó este “modus operandi” que hoy quiero compartir con vosotros por si a alguno puede ayudaros. Y es que durante algunos años estuve muy delgado y mi imagen no tenía nada que ver con la actual que podéis conocéis a través de este blog o de Instagram (@yoestoycomonunca). Parecía como si, en vez de sacar lo mejor de mí, me empeñara en atacarme a mí mismo descuidándome y, en cierta manera, autodestruyéndome. Sin embargo, aunque la realidad era bastante lamentable, yo os aseguro que no la veía. Al contrario, me miraba al espejo y me empeñaba en repetirme lo bien que estaba y la poca razón que llevaban los demás al advertirme de lo que, desde fuera, sí que era evidente.
Suele pasar que, cuando nos dicen cosas que no nos gustan –o que no estamos preparados para escuchar-, tendemos a pensar que son los demás quienes están equivocados (en especial en determinadas épocas de la vida más “adolescentoides”). Claro que aquellos que te quieren nunca buscan tu mal sino, al contrario, intentan ayudarte corriendo hasta el riesgo de perderte si, repito, eso que te plantean no coincide con el discurso interno que tú tienes.
Compruebo ahora que, lo que me llega del exterior con lo que yo siento, coincide. Y esa armonía me lleva a pensar que estoy en buen camino. “Dios esconde las cosas delante de ti para que las descubras” y, aunque me ha costado encontrarme, este descubrimiento me hace feliz y me da paz con lo que te animo a hacer el ejercicio de preguntarte: ¿Qué autoconvencimientos te rebaten desde fuera? ¿Podría haber alguna realidad ante la que tus ojos estuvieran ciegos? Lo mismo, como a mí me ha sucedido, descubrirla te merece la pena.

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