Más allá de las apariencias…

Tengo un amigo al que todo el mundo ve sonreír todo el día y del que, sin embargo, nadie conoce las muchas lágrimas que derrama y cómo el comentario que menos esperes (algo sin, en apariencia, apenas importancia) le traspasa un corazón en torno al que ha construido una muralla inexpugnable después de mucho sufrir y sabiendo de su debilidad.
También conozco el caso de una amiga que lleva mucho tiempo enamorada de un chico cuya atracción, por esas cosas raras que nos pasan a los seres humanos, niega por activa y por pasiva no solo a los demás sino, lo peor, a ella misma. Y así, cuando se le pregunta sobre él siempre contesta con un aparente desdén e indiferencia bajo la que esconde una pasión irrefrenable que, por encima de sus “noes” y sus intentos de alejarse de ella, desde fuera se nota y, en algunos momentos de debilidad, no puede sino aceptar con rabia (puesto que le molesta no ser capaz de romper esa pared). Lo busca en sus redes sociales para saber qué hace y con quién, piensa en él de continuo y sigue, desde la distancia, sin atreverse a dar el paso.
Hay por ahí un cómico bastante conocido que se encarga con su trabajo de que todo el mundo se lo pase de maravilla mientras que, en su vida privada, tiene sobre sus hombros una ruina económica que, con una trayectoria brillante y longeva a sus espaldas, podría no dejarle disfrutar de sus últimos años de vida con la tranquilidad que hubiera correspondido a su estatus.
Yo mismo he estado años enfadado con mis padres e intentando aparentar que no me importaba demasiado la situación cuando, en realidad, estaba deseando solucionar mis problemas recordando cuántas y cuántas veces, aunque me dijeran cosas razonables, me oponía solo por llevarles la contraria dañándome más a mí mismo con mi arrogancia y mi estúpida autosuficiencia.
Todas estas historias podrían ser la misma historia (la tuya, por ejemplo) pues, al final, no nos diferenciamos tanto unos de otros, teniendo todos en común ir disfrazados de apariencias. Por eso hay que ser amables con los demás. Porque nunca sabemos la batalla que en su interior están librando.

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