Cambios para empezar 2016

isr-2016

Esta mañana hacía mi último entrenamiento de 2015 con Álvaro, mi “personal training”. Unos encuentros que aprovecho para ejercitar los músculos y también la mente (la cual, en el fondo, funciona como un músculo pues, mientras más y mejor la entrenes, más y mejor rendimiento tiene). El caso que hablábamos de lo inteligente que es estar dispuestos a cambiar y a evolucionar de continuo a pesar de que sea una actitud para la que la mayoría no esté preparada. Y es que el ser humano es cómodo por naturaleza y prefiere dejarse llevar por la pereza que afrontar la gran revolución que supone modificar formas de pensar y comportamiento. Pero bueno, eso de instalarse en la negación -que parece más propio de adolescentes (aunque los haya sin límite de edad)-, cada vez va menos conmigo, con lo que, en los primeros puestos de mi lista de propósitos para 2016, está el dejarme fluir, dejarme llevar hacia donde más me interese y me quieran, sin un prejuicio preestablecido.
Eso supone que, a la vez, me alejaré de quienes no me aporten nada (y más todavía, de los que me resten), de esos/as que me intentan hacer sentir mal y me menosprecian con su actitud, de quienes son poco generosos, que han maltratado mi corazón de forma injusta, de aquellos que están enfadados con ellos mismos y pagan conmigo sus frustraciones, que mienten y se mienten a ellos mismos continuamente, de los que no tienen en su vida sitio para mí… ¡”Vade retro” a todos ellos! Y, al mismo tiempo, ¡bienvenidos a los que me cuiden, me mimen, me valoren y me hagan grande con su actitud y su cariño!
Dejo atrás la incoherencia entre lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía y busco el camino de la sabiduría uniendo estas tres patas sobre las que se asienta la personalidad del ser humano y digo adiós a los que me quieran seguir atando a etapas pasadas que no me gustan, a los que no perdonan, a los resentidos, a los que me encadenaron a no sé qué lugar por tener la edad que tengo… Estaré lejos de todo eso y también de los temores que, estúpidamente, nos impiden decirle a alguien que quieres que lo quieres y lo importante que es para ti, de los niños que juegan a adultos pero que hacen daño con sus rabietas infantiles… Quiero personas hechas y derechas, que miren de frente, que acepten con humildad sus errores y los de los demás, que no me prejuzguen por nada y, sobre todo y por encima de todo, que bajos, altos, gordos, delgados, jóvenes o mayores, tengan un corazón que de verdad no le quepa en el pecho.
Es posible que haya quien se quede en el camino pero lo que es seguro es que quien permanezca, y quien llegue a este cálido microuniverso, formará parte de mi verdad y de mi paz. Más no puedo dar aunque, eso sí, para esta ocasión no me conformaré con cualquiera. El que aspira a algo bueno, debe ser merecedor de ello.

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