A la mesa (navideña) sin complejos…

Definitivamente ya estamos en Navidad. Los supermercados están llenos de tentaciones para el paladar, las comidas de empresa se suceden una detrás de otra, los encuentros con los amigos… ¡Y todo está tan, tan rico! Salados, dulces, copitas… ¡Ayyyy! ¿Qué podemos hacer para evitar que estas dos semanas hagan estragos en nuestro cuerpo? ¿Se puede mantener el tipo pasándonos? Pues como siempre, depende. Todo depende de cómo nos lo montemos… Porque claro, no es lo mismo sacar los pies del plato todos los días que hacerlo en las ocasiones en las que lo tenemos que hacer. Ni es lo mismo “ponernos como el Kiko” en un momento concreto -y equilibrar en el resto de las comidas- que perder totalmente la cabeza y saltarnos la rutina alimentaria a la torera.
Así que, primero, no olvidemos que HAY que MANTENER las cinco tomas de alimentos. Da igual que el almuerzo o la cena hayan sido opíparos. Romper esta cadena es un error y no por hacerlo estamos adelgazando (o contribuyendo a no engordar). Recordad que el organismo es una maquinaria perfecta y que la ingesta de comida es la que provoca que el motor funcione a la velocidad adecuada para quemar y no guardar de más. Eso sí, fruta o yogur a media mañana y a media tarde y desayunos un poco más frugales, para compensar.
Y luego comed igual que amad: INTELIGENTEMENTE. Sea en casa o en la calle, evitad el pan y elegid del menú que toméis lo que consideréis más sano. Véase: jamón serrano, pavo, pollo, verdura, pescado, marisco… Hay recetas deliciosas que, a la vez, son muy saludables y, poniendo más énfasis en la proteína que en los carbohidratos, hay menos problema. Al final, si podéis evitar los dulces, mejor que mejor y, si no, intentad controlar la ansiedad compensándola con alguna infusión edulcorada, por ejemplo, o, en todo caso, un sorbete ligero. Luego, el día de Nochebuena, Nochevieja y Reyes, por ejemplo, podéis usarlo como el “día libre” de la semana y ahí, como pienso hacer yo, “echar los restos” en lo que sea: queso, turrones, bombones, roscón, champán…
En realidad, no es tan difícil sino cuestión de concienciación. Ya sabéis que en la cabeza está todo el poder. Sed organizados y sacrificaros un poco. Más vale hacerlo de esta forma que estar lamentándonos después porque, aunque suene un poco lapidario, los excesos sin control, tarde o temprano, se terminan pagando.

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