La vida saludable no tiene edad

Siendo muy joven dejé de tener algunas relaciones porque pensaba que aquellas personas en cuestión eran demasiado mayores y luego me ha sucedido al contrario, marcándome distancias emocionales gente de menos edad por no querer asumir la diferencia de calendarios. En las dos ocasiones fue un error porque la clave no era si había o no años sino si había o no ganas.

Lo bueno de las equivocaciones es que nunca es tarde para aprender de ellas (máxima que sirve para todo). Por eso cuando mucha gente me dice que siente que ya no es momento para empezar a llevar una vida saludable y a entrenar siempre pienso… “¿Ha dejado de respirar?”. Mientras despertemos cada mañana y tengamos intención, podemos. Es más, si los médicos detectan colesterol con setenta años y podemos reducirlo, ¿cómo no vamos a poder ir al gimnasio con cuarenta, cincuenta o sesenta? Yo coincido todos los días con señores y señoras que están encantados con sus clases de Pilates o que han encontrado en la natación un vehículo para estar más flexibles y sanos. El deporte libera endorfinas y eso aporta una muy beneficiosa sensación de placer.

Lo que sí debemos saber que a partir de los cuarenta el organismo empieza a ralentizarse, a ir más despacio y, por tanto, a tener más dificultad, por ejemplo, para eliminar las grasas. Por eso es conveniente agarrar al “toro por los cuernos” y no dejarnos demasiado. Igualmente, a los cuarenta es cuando el hombre alcanza su plenitud, su mejor etapa y, por tanto, cuando el cuerpo puede dar lo mejor de sí mismo. Basta referir casos de famosos como Brad Pitt, Hugh Jackman o Tom Cruise que, más allá de tener una genética privilegiada o no, entrenan y, MUY IMPORTANTE, llevan su alimentación a rajatabla.

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¿Cuántas veces a la semana? Pues con tres, cuarenta o cuarenta y cinco minutos, sería estupendo. ¿Cuándo se ven los resultados? Depende porque esto no es una maquinaria exacta pero sí que es cierto que, con implicación, en seis-ocho semanas comenzamos a sentir que algo está pasando y que, a partir de los tres meses, la evolución es evidente.

Aun así, nada de desesperarse porque todo lo relacionado con la estimulación y el crecimiento muscular, es lento. Marquémonos un objetivo primero puesto que, en función de éste, deberá ser nuestro entrenamiento (y para eso lo mejor es consultar con un experto que nos guíe sabiendo que, mientras las metas sean más altas, más dura será la rutina). Sea como sea, nada es imposible ni, volviendo al principio, existe fecha de caducidad. ¡Solo es cuestión de deseos y de decisión!

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