El placer de las “comidas trampas”

¡Esta noche saldré! Es sábado, sabadete… En fin, ya sabéis… Por otro lado, la alimentación enfocada a un entrenamiento es bastante dura. Tanto que, día tras días, semana tras semana, año tras año, lo que comes es prácticamente lo mismo: arroz, atún, pollo, pavo, avena… Todo eso que provoca el que, poco a poco (y apoyado en el ejercicio), la grasa se vaya y los músculos se queden y, además, vayan creciendo.

Pero hay cenas especiales, almuerzos de trabajo, bodas, comuniones, cumpleaños, citas, como la de hoy mía, en las que se queda… ¿Qué hacer en esos momentos? Están los radicales que no se saltan jamás su dieta y van con los “tuppers” a todos lados y estamos los que pensamos que, de vez en cuando, es necesario tener un respiro, un premio, desmelenarse frente a la mesa y…darle gusto al cuerpo. Cierto es que el azúcar es veneno, que la grasa no conviene, que los fritos son insanos pero… ¿quién puede resistirse perennemente a un helado, a una pizza con mucho queso, a unos Nuggets de pollo o a unos nachos?

De 35 comidas (cinco por día) que hacemos a la semana no pasa absolutamente nada si en una, o dos, de esas ingestas hacemos la “vista gorda” permitiéndonos el placer de tomar aquello que nos plazca. Yo, por citaros un ejemplo, he llegado a comerme en una cena, y de una sentada, una pizza, queso provolone al horno, un helado y un batido de galletas oreo algo que, si bien en cuestión de peso no me ha pasado factura, sí que lo ha hecho después durante las horas de sueño (que han transcurrido con mayor incomodidad por la falta de costumbre). Pero lo prohibido tiene demasiado atractivo como para no dejarse tentar, al menos, alguna vez (y si, además, se comparte con alguien que os motive… ¡mejor que mejor!).

Así que, si sois obedientes y constantes, daros este capricho de la “comida trampa” y no tengáis remordimiento alguno. Disfrutad de vuestras cervecitas, vuestras hamburguesas, vuestras patatas fritas, vuestros dulces… y, una vez pase este instante casi de fantasía, volved a la rutina sin acordaros demasiado del “pecado” cometido. El cuerpo os perdonará esta pequeña traición que os motivará para que, hasta la próxima, todo sea más llevadero. ¡A por ello!

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