Cuidarse no tiene edad

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Tengo que confesaros que me MOLESTA mucho cuando alguien dice: “¡Qué bien estás… para la edad que tienes!”. Porque o se está bien… o no. Y luego vienen los 30, los 40 o los que sean… Es como si a un escultor se le juzga la calidad de su obra en función de los años que él tenga. O nos gusta, o no nos gusta el resultado (me encanta la comparación porque yo pienso que uno termina “construyendo” la cara y el físico que, por su trayectoria, merece, convirtiéndonos en “escultores” de nuestro propio físico).

En mi caso reconozco que, a día de hoy, “estoy como nunca”, eso sí, pasando siempre que puedo por manos profesionales que, a nivel estético, saneen mi piel (y más después del verano, cuando nos castigamos tanto el cutis). Os contaba que he pasado el fin de semana en Madrid, donde mi querida amiga Mamen me recomendó acudir al centro de belleza TACHA. Allí, Natalia de la Vega ofrece unos exclusivos tratamientos a todo tipo de clientas entre las que se encuentran vips como Edurne, Paula Echevarría o Maribel Verdú, con la que coincidí tomándome un té en el jardín (sí… ¡un lujazo!).

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Gracias a Virginia, la relaciones públicas de la empresa, un coche me recogió en el hotel y me llevó directamente a las manos de Alexia, la chica que me aplicó un tratamiento facial basado en la tecnología LPG + oxígeno que quiero compartir con vosotros para que sepáis qué ocurre en este tipo de citas.

Lo primero que hizo Alex fue limpiarme la cara y, a partir de ahí, tonificarla con Hydrating Mist (tónico rico en ácido hialurónico + lavanda). De seguido me realizó un “peeling” de enzimas y cítricos que suele oscilar entre los 5 y los 10 minutos (el mío fue de 7). Posteriormente un segundo “peeling” con ácido glicólico y una gasa, insistiendo en marcas y arrugas pero sin apenas tiempo de exposición.
Es entonces cuando Alexia utilizó la tecnología LPG Facial, que remodela el tejido y activa la circulación, creando colágeno y elastina, pasándome una máquina por el rostro y el cuello. Por último, una mascarilla de velo colágeno (15 minutos) que daba paso a la oxigenación del rostro, mediante otro aparato que provocó el que la piel se viera más jugosa con un “efecto seda”, luminosa y vital.
Claro que, cuando terminé y me miré en el espejo, ¡no me lo creía! Porque sin pinchazos (y no los critico pero, de momento, no los he usado), uno puede estar radiante sin necesidad de volver a los veinte ni a los treinta (una opción, por otro lado, poco atractiva para mí). La sabiduría y la experiencia son dos valores que, en la actualidad, no muchos saben apreciar pero… ¿nos vamos a preocupar por medios días habiendo días enteros?

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