Alejandro, ¡ay, Alejandro!

alejandro_sanz__2_

Una vez más ha cerrado su gira en Sevilla. Porque Alejandro, más que un hombre de palabras, es un hombre de los que me gustan a mí: de hechos. De esos que van “pisando fuerte” y que cuando tienen que decirte “te lo agradezco, pero no”, te lo dicen aunque en el fondo, con honestidad, reconozca que “no hace otra cosa que pensar en ti”. De esos que aceptan que la verdad de quien tienen enfrente “lo arrolla todo, es un tren” o a los que no le importan que se tengan los ojos verdes y que advierten que “si tú me evitas, yo te buscaré”. De esos que saben que, al final, con “tiritas pa´ este corazón partío” (y con tiempo), todo termina curándose…
Algunas de las más bellas canciones de los últimos tiempos han nacido del talento de este madrileño de alma gaditana. Como, sin ir más lejos, “Pero tú”, incluida en su último álbum que, curiosamente, no ha incluido en el repertorio de su puesta en escena actual. En realidad, la elección de temas me resultó un poco extraña porque, si bien estaban algunos títulos imprescindibles, también es cierto que faltaron muchos muy populares. Tampoco importaba demasiado porque el público tenía ganas de Alejandro. Y muchas. Más de 40 mil ganas se juntaron en el Estadio Olímpico y celebraron el reencuentro con un mito viviente que, tras su paso por “La voz”, ha reforzado aún más si cabe los vínculos de cariño y admiración que la gente, desde que empezó, le ha demostrado.
Con un sonido tal vez demasiado fuerte para mi gusto, lo cierto es que el espectáculo fue muy grande y estuvo muy arropado por figuras como Vanesa Martín, José Mercé, La Flaca o India Martínez. Todos le consideran el “maestro” y todos acuden raudos y veloces a su llamada en señal de respeto a una buena persona, y a un excelente profesional. Muy cerquita mía, su mujer, Raquel, y los dos preciosos niños que tiene con ésta, Dylan (al que le ha dedicado “Capitán Tapón”) y Alba. Un universo propio muy familiar que no hace sino reforzar la buena imagen que tengo de este artista al que conocí justo en sus inicios y con el que nunca más he vuelto a mantener un encuentro. Y que conste que me encantaría.
Si tuviera esa oportunidad –que confío se presentará de nuevo algún día-, le daría las gracias por haber regalado tanto arte. Eso para empezar. Pero también le confesaría que hoy, a sus 46, me parece más atractivo que nunca. Le felicitaría por mantener inalterable ese aire de timidez e inocencia y le preguntaría, a él que sabe tanto del amor, por qué somos tan complicados en lo concerniente a nuestros sentimientos. Seguro que, con pocas palabras, me daría una respuesta sabia cargada de esa sabiduría que solo poseen los que llevan la mochila cargada de experiencias.
IMG_20150927_174728[1]

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *