¿Tres? ¿Cinco? ¿Seis comidas al día?

Es cinco de septiembre. Ya hemos vuelto al trabajo y a la rutina y, después del “shock” inicial, hay que replantearse en serio el tan traído y llevado tema de la alimentación. Claro que todo depende de lo que uno quiera conseguir en cuanto a su físico pero, si queremos estar bien en general (y aquí incluyo también la piel y la mente), TODO PASA por lo que COMEMOS (otra cosa es prepararse para muscular, que requiere una dieta mucho más estricta (y aburrida) que apenas permite excepciones).
En mi caso, al haber tenido como sabéis una infancia y adolescencia “rellenita”, ese referente ha hecho que, desde que casi tengo uso de la razón, la comida haya sido un tema recurrente para mí. Es más, en los primeros años de gimnasio –durante los que estaba bastante delgado-, mis monitores insistían en que comiera más y mejor para obtener mejores resultados pero, terco que era, yo pensaba que eso repercutiría en kilos de más. ERROR. Aunque no lo parezca, lo que engorda no es comer MÁS sino comer MAL.

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Hay muchas teorías en relación a las tomas que debemos hacer a lo largo del día. Están los que piensan que con tres es suficiente. Otros hablan de seis o de que, al contrario, solo debemos hacerlo cuando el cuerpo nos lo pida. Pero lo más extendido –y lo que personalmente prefiero-, son las cinco comidas, a saber, desayuno, media mañana, mediodía, media tarde y noche. ¿Por qué? Muy sencillo. El organismo es una maquinaria perfecta que entiende que, si no tiene alimentos que lo mantengan, guardará la grasa hasta el final para proteger los órganos vitales. Sin embargo, si cada dos horas y media o tres le aportamos algo nuevo, su mecanismo se acelerará y quemará los sobrantes en nuestro cuerpo mucho más y más rápidamente. Es decir, somos un motor que funcionará mejor mientras más gasolina le echemos (sin pasarnos en las cantidades, claro).

Sé que para muchos es “IMPOSIBLE” levantarse y desayunar (eso suelen decir los que no están acostumbrados). O a media mañana parar para tomarse un sándwich o manzana. O merendar un yogur o una fruta. Pero recordemos: el ser humano es un animal de COSTUMBRES. Por eso, la constancia, el poco a poco, acabará dando resultado y el apetito, nacerá. Con esta táctica, los más gorditos no pasarán hambre y, si la ejecutan mezclada con una buena dieta, bajarán peso y los más delgados, yendo un ratito al gimnasio o haciendo algún tipo de deporte o actividad física, irán transformando grasa en masa muscular. Es cuestión de decidirse y empezar, por qué no, hoy mismo.

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