Verde que te quiero, verde

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Mi madre siempre me lo ha avisado: “¡Qué sibarita eres!”. Y sí, he de reconocer que me gusta lo bueno, sentirme bien por dentro y por fuera y disfrutar de exquisiteces como un recorrido en las termas “Aire de Sevilla”. Si no hubiera que trabajar creo que cada dos por tres me daría una vuelta por ellas porque pocas cosas me parecen tan purificantes y relajantes como el baño, sea cual sea la modalidad de la que hablemos (aguas termales, jacuzzi, piscina de sal…).
Por eso, cuando esta semana pensé cómo celebrar mi cumpleaños, enseguida me vino a la cabeza este sitio donde, en esta ocasión, probé algo que han venido a llamar “Experiencia Green Hamman”. El caso es que tú llegas allí y, cuando ya te has aclimatado, vienen unas amables chicas con unas cariñosas sonrisas y te acompañan a una sala donde te pones sobre una especie de altar de piedra (yo me sentía como los Reyes Católicos en la catedral de Granada), calentita y forrada de plástico. Allí te tumbas y te dan un masaje craneal con un champú que da gloria con su olor a cítricos y empieza una sesión de una hora que casi podría decir que cambia tu vida. Después, con productos de igual fragancia a limón y lima, te hacen un “peeling” corporal que te deja nuevo y, tras una pequeña ducha, la historia continúa con un masaje de cuerpo entero que solo de pensarlo me vuelve loco…
Como la gente de la empresa son tan estupendos y detallistas, al salir me aguardaba la sorpresa de subir al jacuzzi de la azotea donde, ya de noche, la Giralda iluminada me hizo pensar lo afortunado que soy. Con un zumo delicioso y una cajita de bombones pasé el rato hasta que finalizó mi turno y me tuve que ir. Me hubiera acostado aunque hubiera sido en el suelo porque me quedé tan bien, tan a gusto, tan limpio, tan suave… que yo no era yo.
Siguiendo las indicaciones de la Biblia, el cuerpo es nuestro templo y, la verdad, no lo cuidamos nada. Hacemos demasiados excesos, lo entregamos demasiado rápido y lo despreciamos sin motivos. Cualquier excusa debe ser buena para mimarlo puesto que, enseguida, notaréis los efectos. Mens sana, in corpore sano…

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