La constancia, clave del éxito

Aunque no lo parezca, ni muchos se lo crean, las fotografías mías que os pongo en el blog no son para lucimiento personal. O, al menos, no solo… Quiero decir que evidentemente ver que mi físico evoluciona (estoy al principio solo) me hace sentir orgulloso pero, sobre todo, lo que más orgullo me da es saber de dónde vengo y comprobar que, con constancia –y escuchando a quienes nos pueden aportar cosas en cada campo de la vida-, todo se alcanza.
De pequeño –nunca me cansaré de repetirlo-, era GORDITO. Es más era el GORDO de la clase. Tan clavadas se me quedaron clavadas las burlas de los otros niños del “cole”, unido a que ya de por sí siempre he sido presumido, que decidí que, lo que la Naturaleza no me había dado, yo me encargaría de conseguirlo. Primero adelgacé, luego adelgacé más todavía y me convertí en el “canijo” de la “tele” y hace dos años empecé a entrenar con un profesional como Álvaro, que me ha cambiado el cuerpo y que me organiza mi rutina de ejercicios y mi dieta.
Ahora se supone que me ha dado, por vacaciones, un descanso pero el deporte se ha convertido en parte de mi día a día y, aunque sea desde la Sierra de Aracena, hago lo que puedo (que, en este caso, pasa por andar). TODAS las personas que forman, o han formado, parte de mi círculo han terminado claudicando a los beneficios que tiene ir al gimnasio pero, cuando éste falta, hay soluciones alternativas como la que os menciono.
Una buena caminata de tres o cuatro horas, subir y bajar montañas (o cuestas) a buen ritmo, es algo que está al alcance de cualquiera. A mí me gusta hacerlo después de almorzar y suelo llevarme algo de comer (proteínas: un huevo duro con un trozo de queso fresco, una latita de caballa o atún o un par de yogures), para tomar algo a la mitad del recorrido y que la masa muscular no se vea afectada.
Septiembre está a la vuelta de la esquina y proponernos algo similar tres o cuatro veces a la semana sería una manera excelente de iniciar la temporada. A partir de ahí, repito, perseverancia y paciencia, un “árbol de raíces amargas pero de frutos muy dulces”.

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