¿Sabes lo que vales?

La autoestima es muy importante para lograr la mayoría de las cosas en la vida y, sobre todo, para estar bien con uno mismo. En una sociedad como la que nos rodea, donde todo es imagen y superficialidad, es complicado mantener unos niveles altos de bienestar espiritual y personal porque uno siempre quiere estar perfecto y se exige, con frecuencia, demasiado a todos los niveles: físico, laboral, relacional…
Sin embargo, en esto, si sabemos sembrar bien, la edad es, de nuevo, un aliado y yo, en estos cuarenta años que no termino de creerme que tengo, me siento muy orgulloso de empezar, por fin, a encontrarme y, más que nada, a valorarme con bastante objetividad. Sé que no soy el más guapo, ni el más alto, ni el más joven, ni el más nada pero tampoco lo pretendo porque lo que sí estoy seguro es que, visto lo visto, soy un “rara avis” y alguien especial.
Esto os lo cuento tras haber salido de marcha ayer en Torremolinos y después de observar que hay mucha gente estupenda pero que, con toda la humildad del mundo, me quedo conmigo mismo. Por eso os propongo un ejercicio de enumeración de aquellas virtudes que pensáis que tenéis (otro día haremos lo mismo con los defectos) y que, una vez escritas, valoréis si tenéis que trabajar en algún sentido para crecer y ser aún mejores.
En mi caso, empezaría por la HONESTIDAD y la LEALTAD como dos aspectos que me encantan de mi personalidad. El SENTIDO DEL HUMOR, la BONDAD, los INTERESES CULTURALES, la CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN, ser SERVICIAL, la no ENVIDIA, la apreciación de la EXQUISITEZ, la INTUICIÓN, los deseos de APRENDER, el RESPETO…
Todos nos topamos con personas TÓXICAS (otra cuestión a tratar) que intentan acapararnos y hacernos sentir tan mal como ellos se sienten. O con personas que no nos VALORAN en el grado que merecemos. Y, aunque a veces cuesta separarse de ellas, no dejes de hacerlo porque, tarde o temprano, te alegrarás. Piensa en este tipo de individuos como una especie de droga de la que hay que salir haciendo pequeños esfuerzos que nos lleven a una distancia total.
Cuando uno abre los ojos y toma consciencia de su propia valía, nadie tiene suficiente fuerza como para hundirte. Siempre pierde más el que se queda sin quien merece la pena (colectivo éste en peligro de extinción). Aunque ellos piensen que la victoria fue suya.

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