¿Qué es el lujo?

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Pensamos con frecuencia que el lujo está en los hoteles caros, en los restaurantes sofisticados, en la ropa más exclusiva, en los países más selectos… Y sí, en cierta manera es así. Pero no totalmente.
Un lujo es también poder levantarse cada mañana y saber que sigues vivo. Y tener un trabajo que, nos guste más o menos, nos da un sueldo a final de mes. Y poder viajar de vez en cuando aunque sea a una playa cercana. Porque disfrutar del sonido de las olas del mar también es un lujo. Y que el sol acaricie nuestra cara por la tarde, cuando ha perdido su intensidad de horas antes. O mirar a la luna y las estrellas y perderse en ese universo que quién sabe qué secretos esconde…
Lujos escondidos y tan cercanos como la compañía de las personas a las que queremos. O los mensajes de aquellos que, desde lejos, se acuerdan de nosotros. O conocer a alguien que, de pronto, nos puede hacer reír o incluso llorar compartiendo una historia desgraciada que le atormenta.
Es un lujo tener comida en la mesa, ya sea de cinco tenedores o de uno solo. Y agua con la que bañarnos, aunque no sea la de un jacuzzi. Y una casa, por pequeña que nos resulte, bajo la que resguardarnos.
Esta semana he tomado una copa en la terraza del madrileño hotel Oscar y ahora estoy tumbado en una hamaca, escribiendo al lado de mi habitación del gran Hotel Healthouse de Estepona (un maravilloso cinco estrellas). Y en un ratito me iré al concierto de Laura Pausini en la Starlite de Marbella. Inolvidables experiencias que no deben jamás hacernos olvidar que el auténtico gran lujo está como afirmaba “El principito”, en un interior rico porque “lo esencial es invisible a los ojos”…

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