Marta… ¡me has ‘martao’!

Disfrutar de Marta Sánchez en directo era una de las deudas pendientes que tenía y ayer, la saldé. Además, de una forma un tanto mágica porque la semana pasada, tras verla en un programa de televisión, comenté precisamente que nunca había ido a un concierto suyo sin esperar que, al día siguiente, leería una noticia sobre la actuación que tenía programada para cerrar las Colombinas de Huelva. Así que llamé a Mariola Orellana, su mánager actual, y le pregunté si podía acercarme para estar con ellos y… ¡dicho y hecho!

La verdad es que llegamos por los pelos porque había muchísima gente para aparcar –y los accesos están regular en caso de aglomeraciones- pero mereció la pena porque una vez más que los prejuicios no son buenos consejeros. Confieso que, en el fondo, pensaba que la experiencia iba a ser un poco decepcionante porque, claro, sobre ella hay tanto encima que, en fin, vosotros sabéis… Pero no solo no me decepcionó sino que os aseguro que… ¡me encantó!

IMG_0566Con una solvencia como artista importante –para eso lleva treinta años cantando-, Marta tiene un pedazo de voz alucinante que demostró con éxitos de toda la vida (“Quiero más de ti”, “Vivo por ella”, “Con solo una mirada”…) y con temas nuevos de su nuevo álbum, “21 días”, que sus seguidores más fieles, todos en primera fila, se sabían al dedillo. Cuatro veces se cambió de ropa y todos los conjuntos fueron en negro: falda larga de tul con top con tul trasparente, encajes, un conjuntito final corto y, antes, el que más me gustó, un mono ajustadísimo con el que demostró que tiene un cuerpazo, unas piernazas y un culazo (fruto sin lugar a dudas de dietas y ejercicio).

Pero es que encima hasta estuvo graciosa haciendo chistes de su famoso “Colgando en tus manos” y de sus mediáticas “peleas” con Carlos Baute… “Tú siempre igual. Haciendo amigos”, comentaba de sí misma mientras preguntaba al público si querían o no querían que hiciera el tema (en realidad, como que le daba igual).

Entre la gente, Vicky Martín Berrocal, con su hermana y su madre, y, como espectadora de excepción, la hija de Marta la cual, entre bambalinas, veía cómo mamá se metía al auditorio en el bolsillo. Desde luego Marta… ¡me has “martao”!

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